Escapes Online. La historia

[Nota del Editor] Justo este fin de semana estaba navegando por el Twitter y me encontré con un interesante proyecto que ofrecía la posibilidad de participar en un «Escape Room» pero de modo online, un proyecto adaptado a estos tiempos más que convulsos que estamos viviendo con el COVID-19. Sin la más mínima dilación contacte con el autor del tweet para ofrecerle la posibilidad de narrar su experiencia en Nación Rolera y, en un abrir y cerrar de ojos, nos escribía y nos narraba no sólo el desarrollo de su proyecto, sino también toda la experiencia que lo ha acompañado. Es una iniciativa que, siendo un Escape Room, tiene mucho de juego de rol y nos pareció muy interesante poder explicarlo a nuestra comunidad, a la vez que -modestamente- hacemos una pequeña ayuda a la difusión del mismo. Agradecer a Jordi su rápida comunicación y felicitarle por su trabajo.

 

Me llamo Jordi Martí. Nací en 1977, así que tengo ya unos 43 años. Soy originario de San Sebastián, aunque fui a estudiar a Bilbao, y aquí me quedé. Soy desarrollador de software desde que tengo memoria (será que tengo poca), pero ya utilizaba el ordenador de mi padre (un Dragon 32) para programar cuando era pequeño. Me gustaban los juegos, pero sobre todo si los hacía yo, y me los inventaba yo.

Estoy seguro de que soy desarrollador de software porque me encanta resolver problemas. Disfruto buscando las formas de solucionar situaciones que parecen irresolubles, a través del uso de la creatividad. Soy un manazas en la vida real, mis notas en “Plástica” y “Tecnología” eran bastante justas en el colegio… Sin embargo, el mundo virtual no tiene esas limitaciones para mí. Puedo construir en él lo que se me resiste en el mundo físico.

Desde que llegó a mis manos una copia del Leisure Suit Larry original, a una edad en la que probablemente el juego no estaba destinado para mí, descubrí el mundo de las aventuras gráficas. Desde entonces, los puzzles en los juegos me han fascinado. Monkey Island, King’s Quest, Space Quest, … devoraba todos esos juegos que llegaban a mí. También disfruté con juegos más roleros como Elvira Mistress of the Dark. Sin embargo, esa afición nunca acabó traspasando a la vida real, quizás porque no sabía que podía hacerlo: nunca encontré un grupo de amigos que supiera jugar a rol y que me ayudara a introducirme en un mundo que no sabía que existía.

La de horas de juego y diversión que nos han dado juegos como Monkey Island y otros…

 

Hasta que el año pasado, comentándolo con una amiga del trabajo (¡hola Ali!), me dijo que ella tenía un grupo de amigos de rol y que, si quería, podía quitarme esa espinita clavada desde pequeño jugando una partida con ellos. Y, partida tras partida, desde entonces, tengo un grupo de amigos con el que comparto una afición que nos apasiona: ¡el rol! Me considero bastante novato en el mundo, ya que jugamos esporádicamente, aunque nos hemos adaptado a jugarlo en remoto con el confinamiento. Ello me sirve para dar rienda suelta a la imaginación, y disfrutar con amigos en mundos ajenos a la realidad.

Por otro lado, también me encantan los juegos de escape. Desde el primer juego que probé, Mad Mansion, aquí en Bilbao, habré probado unos quince (sí, hay gente que ha hecho muchísimos más). Me encanta la mecánica, la necesidad de resolver problemas de forma creativa, la obligación de estar “en flow constante”, concentrado en una única cosa, la colaboración en equipo, tener una misión en común, etc. Traslada parte de los valores que me mueven en la vida, a un momento concreto durante una hora. De hecho, mientras escribo esto, me doy cuenta de que el rol tiene esos mismos valores y objetivos…

Aprendí a diseñar mis propios juegos de escape mientras desarrollé escapes para asistentes de voz para Google Home. Tengo tres, y, aunque inicialmente tuvieron algo de éxito, los tengo en desuso, ya que mantenerlos cuesta demasiado…

Así que, con todo ese aprendizaje, recientemente, durante el confinamiento del 2020, a mi reciente grupo de rol les comenté que quería hacerles una experiencia de escape solo para ellos, en modo online. Diseñé una aplicación de software que me permite desbloquear habitaciones e imágenes en tiempo real, y las personas, en su casa a través de su ordenador, tienen acceso a estas imágenes que, interpretándolas, dan acceso a códigos que permiten desbloquear cerraduras y dan acceso a nuevas habitaciones… Y así, me inventé la historia de un personaje que tenía que acceder a un museo para desentrañar una maldición, y que necesitaba la ayuda de gente tranquila desde sus casas para resolver los puzzles y misterios que residían en dicha localización.

Fueron dos – tres semanas de ansiedad intensa. Al finalizar el trabajo, me ponía a diseñar los puzzles, sacaba el Photoshop, programaba el juego… Me encantó hacerlo. Cuando ya les mandé un “teaser” de lo que les esperaba, las expectativas aumentaron y mis nervios se incrementaron. Así que finalmente, un viernes por la noche, les expuse el juego, y…

El resultado fue bastante desastroso, la verdad.

Resulta que el juego que había diseñado les llevó dos horas resolverlo, y eso que ellos han resuelto casi un centenar de juegos de escape en la vida real. Me había excedido en puzzles, algunos eran monótonos y aburridos y otros demasiado sencillos. Su feedback me ayudó muchísimo, rebajé la complejidad de algunos, quité los puzzles que no aportaban y ajusté la experiencia para que durara una hora. Pero, ¿para qué? ¿Qué quería hacer con él?

 

 

Durante unos días, dejé el juego “en el cajón” … El objetivo estaba cumplido: les había dicho que les haría un juego y así fue. Pero me había gustado tanto interpretarlo, que me dio pena no seguir con él… De hecho, descubrí que lo que más había disfrutado era hacer “todo el teatrillo”, mientras les ayudaba a descifrar los enigmas. Así que, unos días después, hice algo de lo más atrevido (al menos para mí): compartí un tweet en el que proponía disfrutar de la experiencia gratuitamente, a todo aquel que quisiera, solo por el placer de conocer gente nueva. ¡A gente desconocida!

 

Aquí el susodicho tweet 

 

Me costó bastante que la gente se apuntara, incluso gratuitamente. Tuve que esforzarme bastante para hacer coincidir fechas, grupos, etc., a gente desconocida o a amigos y familiares. ¡Incluso en confinamiento! Finalmente, realicé la partida a siete grupos más en el plazo de tres meses aproximadamente. Durante ese tiempo, refiné el juego aún más, me descubrí aprendiendo dónde debía dar pistas, de qué modo, introduje el personaje de Damian (que al principio no tenía el mismo protagonismo), etc. ¡Lo pasé como un enano! Y agradezco infinitamente a todas aquellas personas que probaron el juego durante esos días y me dieron un feedback tan valioso.

Así que, había creado un juego, lo había refinado, me lo pasaba bien interpretándolo e incluso disfrutaba conociendo a gente nueva a través de esa excusa. ¿Por qué no intentar cobrar por ello?

Empecé a pensar en exponer una web para dar a conocer el juego, y llegar a un público más lejano. Sin embargo, no podía llamarlo “escapes online” si tenía solo un juego… Así que, durante el último mes, desarrollé un segundo juego, “Escape del Monolito”, de mecánica similar (aunque esconde sorpresas nuevas), y he empezado recientemente su betatesting. ¡Tengo tantas ganas de ver cómo funciona!

Ahora sí, ya tenía dos juegos, un objetivo y mucha curiosidad de ver qué ocurría. Ayer lancé escapes-online.com, a través de Twitter, y en menos de una hora, ¡ya tenía dos clientes! Es curioso cómo la iniciativa gratuita tuvo menos repercusión que la de pago. ¿Hasta dónde llegará? No lo sé, y tampoco me quita el sueño. Sé que, con esta excusa, conoceré gente nueva, aprenderé algo en el camino seguro y, sobre todo, que disfrutaré haciéndolo. ¡Nos vemos!

 

PD: Si quieres un listado de las cosas que he hecho para aprender y divertirme, aquí puedes encontrar una recopilación exhaustiva.

 

[Nota del Editor] Agradecer de nuevo a nuestro articulista habernos explicado con tanta sinceridad e intensidad su trabajo y su proyecto. Pero la cosa no termina ahí: para promover el juego entre la comunidad de Nación Rolera, Jordi nos propone un descuento del 20% a todas aquellas que se registren con el código NACIONROLERA20. Estará disponible durante las próximas semanas, así que todos nuestros lectores, que lleguen hasta el final del escrito, podéis beneficiaros del descuento 😉

 

 

Escrito por Jordi Martí

Me llamo Jordi Martí. Nací en 1977 y soy originario de San Sebastián, aunque fui a estudiar a Bilbao, y aquí me quedé. Soy desarrollador de software desde que tengo memoria (será que tengo poca), pero ya utilizaba el ordenador de mi padre para programar cuando era pequeño. Me gustaban los juegos, pero sobre todo si los hacía yo, y me los inventaba yo. Soy desarrollador de software porque me encanta resolver problemas. Mi último proyecto: trasladar al experiencia del Escape Room a modo Online.


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