Sandpoint - AtardecerRictor se había mantenido a una distancia prudente mientras Kaddok hablaba con aquella figura ataviada con los ropajes de Desna. El sheriff parecía conocerlo, pero el sacerdote no logró identificarla por lo que supuso que se trataría de alguien del pueblo. El desconocido se despidió del sheriff y este le dio la espalda hundiendo los hombros con pesadumbre. Fuese quién fuese, lo que acabara de decirle al shoanti lo había dejado bastante deprimido.
La figura desapareció por un callejón con presteza, Kaddok se acercó al iomedita y antes de poder alguna explicación escucharon un grito cercano. Rictor se dio cuenta de que provenía de la calle por la que se había marchado la figura de Desna, pero Kaddok ya estaba corriendo hacia allí como una flecha. Al doblar la esquina, vieron a una mujer frente a la desconocida. Sujetaba entre sus brazos a una niña pequeña, un bebé, mientras que tras ella, agarrándose a sus faldas, un niño de seis años lloraba copiosamente. Sus brazos parecían estar ensangrentados.
La figura de blanco intentó acercarse al niño, pero fue evidente la reticencia de la madre a que tocase a alguno de sus hijos. Kaddok no sabía el nombre de la mujer, pero sabía que era una vecina de Sandpoint.
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Señora, la chica puede curar a su hijo, yo necesito saber que ha pasado para atrapar al responsable... - habló intentando parecer autoritario. Solo esperaba que la mujer sí supiera quién era y que Hemlock había delegado todas las responsabilidades hacia él.
La mujer miró a Kaddok a los ojos y agarró a su hija con más fuerza.
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Soy Amele Barett, este es mi hijo Aeren... - explicó mirando al niño. -
El día del ataque mi hijo vio a un goblin quemar un gato y luego saltar alrededor de él mientras se abrasaba. Desde entonces ha estado teniendo pesadillas... - gimió. -
Todas las noches sus gritos despiertan a Pétalo, nuestro perro y nos aseguraba que había un goblin en el armario, pero mi marido ha revisado el armario todas las noches y no ha encontrado nada. Sus quejas habían empezado a volverse molestas, ayer lo amenazó con obligarlo a dormir en la calle sino dejaba de inventarse historias sobre goblins, que debía ser un hombre - las lágrimas se desbordaron de sus ojos. -
Anoche Alergast no fue a calmar a Aeren y volvió a gritar, mi marido lo encerró todo el día en la habitación como castigo y... - respiró profundamente, hizo una pausa y mostró los brazos de su hijo. Estaban llenos de marcas de dentelladas, frescas y todavía sangrando. Kaddok no supo reconocer quién le había mordido los brazos al pequeño, pero se dio cuenta de que más que mordido, parecía que hubiesen querido comerse los bracitos del niño.
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Por Desna... Son... son mordiscos de goblin - gimió la figura. Rictor reconoció su voz, se trataba de Minvant.
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Amele, debo ir a su casa, amenos que la bestia haya escapado - ordenó Kaddok.
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No lo sé, Pétalo estaba muerto... el goblin se metió en el armario y mi marido empezó a destrozarlo para llegar hasta él... Necesito ayuda, por favor - la mujer abrazó a su hija y agarró a su hijo, señalando la puerta de la casa al final de la calle. Estaba abierta.
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Cuida al niño Min - dijo antes de salir corriendo hacia la casa. -
Rictor, espera en la puerta, a mi señal entra, vere si puedo encntrar una entrada trasera o ventana - susurró. El iomedita se quedó en la puerta, no se escuchaba nada. Kaddok dio la vuelta entera a la casa, encontró dos pequeñas ventanas hechas de vidrio, intactas, cerradas por dentro. Regresó a la puerta y entró primero, el sacerdote lo siguió de cerca.
El interior estaba silencioso, se encontraron en un salón grande, al fondo un pasillo que daba a tres habitaciones. Estaba atardeciendo y entraba poca luz por la ventana, el suelo de madera crujió bajo sus pies. El sheriff avanzó sigiloso en cabeza, seguido por Rictor. Lo primero que llamó su atención fue una mancha oscura extendiendose, no tardó demasiado en comprender que era sangre y extremó sus movimientos, no quería que el goblin huyese. Se asomó con precaución a la puerta, abierta de par en par, la ventana que había visto en la calle estaba al otro lado de la habitación. Hizo señas a Rictor para que esperase y en completo silencio, dio un tremendo salto para aterrizar junto a la ventana de manera silenciosa.
La sangre pertenecía al cuerpo de un cachorro, muerto a los pies de la cama, un improvisado cuchillo sobresalía de su pequeña cabeza. Frente a su cadáver, el cuerpo de un hombre tendido en el suelo. Sin embargo, tan solo podían verse sus piernas y su torso, el resto de su cuerpo estaba hundido en el suelo bajo el armario.
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Ayudame con el cuerpo Rictor, parece que han hecho guarida debajo del armario... - los dos hombres se acercaron con precaución al mueble, Kaddok sujetó al hombre de las piernas mientras que Rictor lo hacía del torso. Al tirar del cuerpo, contemplaron con horror como los brazos del hombre estaban completamente mordidos, y comidos, una de sus manos era solamente hueso. No pudieron ver más, un chillido histérico salió de un agujero en el armario y al momento siguiente Kaddok sentía los dientes de un goblin hundiendose en su brazo con desesperación.
Retrocedió por la sorpresa, el goblin se había quedado enganchado a su brazo y trató de quitarselo de encima estrellándolo contra la pared, pero el animal se movió con presteza para evitar el golpe y siguió con los dientes hundidos en su carne. El shoanti reaccionó deprisa y asestó un golpe de revés al goblin que lo obligó a soltarse, aunque se llevó algo de carne entre los dientes. Aterrizó delante de Rictor, se revolvió y gritó desesperado, el iomedita desenvainó con presteza la espada y atravesó al pequeño goblin de un solo movimiento. En ese momento, Minvant entraba en la habitación con la maza firmemente sujeta entre las manos.
Volvió a hacerse silencio. La sacerdotisa se inclinó rápidamente sobre el hombre, Rictor se acercó a ayudar pero ya era demasiado tarde para él. Una terrible heria en su cuello demostraba que ya estaba muerto antes de que el goblin hubiese empezado a comerselo. Minvant se quitó la máscara y se limpió los ojos de lágrimas. Kaddok no pudo ver si se había quitado las vendas porque manteía la cara oculta bajo la capucha. Luego volvió a ponersela.
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Está muerto... no podemos hacer nada por él... - sollozó.
Alrededores de Mosswood - No tengo ningún problema con Shalelu, me parece una chica encantadora... hemos coincidido alguna que otra vez los días que yo salía a cazar por estos bosques, y ella seguía el rastro de unos goblins. Yo nunca me he encontrado con goblins, la verdad, hasta ahora... Por suerte vosotros estabáis allí para salvarme - comentó con una deslumbrante sonrisa.
Durante el viaje, Foxglove se mantuvo siempre cerca de Laetitia, a la que acribilló a preguntas acerca de cómo y qué había que hacer para convertirse en un héroe. A pesar de que las preguntas resultaban un tanto cargantes, Foxglove demostró ser algo más inteligente de lo que habían pensado y un gran orador. El carismático noble paseó junto a sus nuevos amigos con bastante alegría, incluso se preocupó de nuevo por Minvant, con la que le hubiera gustado charlar. Se deshizo en elogios hacia sus tres acompañantes y a medida que se acercaban al bosque, les iba explicando la manera en que seguirian el rastro de las posibles presas y la estrategía a seguir para dar caza a los jabalíes y ciervos.
Los perros de Foxglove desconfiaban de los lobos de Ivtolt, el noble le pidió al monje que buscara un rastro mientras que él buscó un segundo, el primero en dar con algo fue el de Magnimar, que pronto puso sobre aviso a sus compañeros. Se adelantó al resto y los fue guiando para que se escondieran en tal o cual sitio vigilando el lugar y siguiendo el rastro de sus perros. Portaba un arco de gran calidad en las manos y colocó una flecha en la cuerda cuando tuvo a la vista a un enorme jabalí. Hizo señas a Laeitita y a Dorlam, en especial al mago, que cargó la ballesta pero dudó a la hora de dispararle al animal. Este se dio cuenta del peligro que corría y dio media vuelta, Foxglove lanzó una certera flecha contra los cuartos del animal que lo hizo tropezar en su huída. No había llegado a salir de su campo de visión cuando otras tres flechas más alcanzaron al jabalí y los perros del noble cerraron la huída de la presa que cayó derribada unos metros más hacia delante.
Ante la preocupación de sus invitados, Foxglove los tranquilizó. Ivtolt decidió entonces seguir el rastro que sus lobos habían hallado y el noble tuvo que dejarlo marchar para ir a preparar la pieza para el viaje de vuelta.
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No pasa nada, no a todo el mundo le gusta salir de caza - comentó al mago que no había disparado. -
Comprendo que alguien tan noble como vosotros no pueda dispararle a un animal vivo, debo reconocer que sois las personas más honorables que he conocido nunca... Después de haber sacado las flechas y atarlo para transportarlo, Foxglove siguió el rastro del shoanti hasta dar con él. Sus lobos acechaban a un enorme ciervo mientras que Ivtolt se lanzaba contra él con los puños. Foxglove observó la escena con interés y sorpresa.
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Que gran valor, además de honorables sois los héroes más valientes que conozco - exclamó entusiasmado y exultante de alegría.
Con el jabalí y el ciervo, y el sol desapareciendo por el Oeste, Foxglove propuso volver a Sandpoint y cocinar las dos piezas de caza para esa noche, dónde los invitaría a la mejor bebida de la región. El camino de regreso fue similar, Foxglove deshaciendose en elogios y explicando que como noble no podía airear cualquier posible relación que hubiese mantenido con la elfa, que era un caballero y no hablaría de ella sin que estuviese presente, aunque a Laetitia le quedó claro que la elfa y Foxglove habían llegado a tener una relación bastante profunda que quizás no hubiese terminado de madurar.
El Dragón Óxidado
En la sala común la cena se iba sirviendo. Hiflen miraba al infinito esperando su comida y observando a los ciudadanos con curiosidad. En Magnimar había visto de todo, pero no aquello. En la misma mesa había sentada una chica, sabía que era una chica a pesar de que llevase una capucha puesta, junto a un shoanti algo delgado y un joven que parecía un noble de su ciudad. El resto de los comensales no tenían nada de especial, pero estos tres sí. A ella no podía verle el rostro, pero los tres estaban apesadumbrados, el lenguaje corporal de ella le dijo que tenía algo íntimo con el shoanti y que el que sobraba en la mesa era el noble. La halfling que atendía las mesas le sirvió la cena y luego se acercó al trio.
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Lamento lo ocurrido - dijo. -
Una lástima lo de la familia Barett... creo que Amele tenía una hermana en Magnimar, quizás puedan trasladarse a vivir allí... - agachó la cabeza y se miró los pies. Luego miró a Kaddok. -
Estoy preocupada por Ameiko, hace dos días que no habla ni come... está deprimida, seguro, ya no me habla cuando toco la puerta... Creo que iré a ver que le pasa ahora y le pediré que me deje entrar por la fuerza - exclamó Bethana con convicción, a pesar de su corta estatura parecía capaz de echar la puerta abajo. Se lanzó corriendo a las escaleras y desapareció por ellas.
La puerta se abrió en ese momento dando paso a una muchacha tan alta como un shoanti, acompañada por un joven un poco más bajo que ella. El bastón y la túnica lo identificaron como algún tipo o clase de lanzador de conjuros. Como fuese, la pareja se acercó a los tres que compartían mesa.
Laetitia se sentó junto a Minvant, extrañada de verla allí, y más aún, verla con la túnica corta y los pantalones que se había comprado para ir de cada, la capucha puesta y su máscara en la cara. Luego vio las caras de pesadumbre de Kaddok y de Rictor en tanto que Dorlam se dejaba caer agotado sobre la primera silla que vio.
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¿Qué ha pasado? - preguntó la bardo preocupada.
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Pues... - comenzó Minvant. Nadie parecía querer hablar. Ella suspiró y tragó aire antes de hablar. -
Un goblin ha matado a un hombre... estaba escondido en un agujero en casa de una familia, seguramente desde el día del asalto. El niño decía que su perro le ladraba al armario y que de este salía un goblin, pero sus padres pensaban que tenía pesadillas porque el día del ataque vio a un goblin quemar un gato... El padre le dijo que se dejase de cuentos, que tenía que madurar y ser un hombre y lo encerró en la habitación, a media tarde lo oyeron gritar y al entrar un goblin le estaba... comiendo los brazos al niño. La madre huyó con los crios y los encontramos en la calle, Kaddok entró en la casa, el padre estaba muerto... - su voz se fue apagando hasta que no pudo seguir hablando.
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El goblin lo había matado y se lo estaba comiendo... - terminó Kaddok con un nudo en el estómago. -
Hemos llevado a la madre y los niños a la iglesia, por el padre no pudimos hacer nada... - dio un trago largo a su bebida. Minvant se encogió en la silla, le temblaban las manos.
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Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay.... - se escuchó en el piso de arriba. Bethana bajó corriendo hasta la mesa con el corazón en la boca. -
Mira, mira, miraaaaaaaaaa - le chilló a Kaddok poniendole delante un trozo de pergamino. -
Mira, Ameiko, miraaaa - le insistió. El sheriff miró el papel confuso, no entendía la letra ni lo que ponía. -
Ay, está en Kaijitsu, te lo traduciré... Veras, ¿recuerdas que te dije que Ameiko no me hablaba ni me abria la puerta? ¡¡Pues resulta que era porque no estaba!! He entrado y he visto esta nota, mira lo que dice, mira - exclamó histérica. Luego comenzó a leer con voz temblorosa.
¡Hola hermanita!
Espero que cuando recibas esta carta estes bien, y que tengas algo de tiempo libre, porque tenemos un serio problema. Se trata de Padre. Creo que ha tenido algo que ver con los problemas de los goblins en Sandpoint, no he ido a las autoridades por que los dos sabemos que saldría impune muy fácilmente. Tu tienes mano en el pueblo, lo sé. Si pudieras encontrarte conmigo en la Fábrica de Vidrio a media noche, tal vez podamos hacerle entrar en razón y que reciba el castigo que se merece. Llama a la puerta de servicio dos veces, luego tres y finalmente una más, para que así sepa que eres tu y pueda dejarte entrar.
Creo que no es necesario que te explica la delicada naturaleza de este asunto. Si se llegase a descubrir, sabes que esos imbéciles del pueblo pensarían que nosotros también estábamos detrás del asunto, ¿verdad? En este lugar no existe el honor… Todavía no entiendo como puede gustarte vivir aquí.
De todos modos, no le digas a nadie nada sobre esto, hay otros asuntos delicados que me gustaría contarte esta noche en persona.
No tardes
Tutso