Cap. 1 - Los Héroes de Sandpoint

Nuestra aventura comienza en el pequeño pueblo costero de Sandpoint, donde los lugareños se preparan para la consagración de su nueva Iglesia. Sin embargo, el apacible día se verá empañado por la llegada de unos visitantes inesperados...
Directora: Avhin.
Jugadores: Sir Alexander, rj, Kazulju, aluph, irloden, Setzer.
Jugadores Reserva: No
Plazas libres: No
Periodicidad de los turnos: Mínimo 1 a la semana.

Moderador: Avhin


Re: Cap. 1 - Los Héroes de Sandpoint

Notapor Kazulju » Mie, 01 Abr 2009 16:04

Laetitia Desnae

La efusividad de Kaddok con Foxglove le había sorprendido casi tanto como los comentarios que este y la elfa intercambiaron. - Me temo que Minvant estará indispuesta para mañana, pero podrá contar conmigo en su excursión - le dijo al noble.

Durante la cena, la elfa les explicó como estaba la situación de las tribus goblins. Parte de la información ya la sabía, pero otra rersultó ser bastante interesante - Así que uno de los lideres de tribu entró en unas cuevas y murió allí... ¿de que zona estamos hablando?

- Ajá... también has dicho que Bruthazmus odia a los elfos. Los goblins apresados dijeron que el lider de la operación era un patas largas de orejas picudas, ¿podría un elfo, o alguien con sangre élfica, haber hecho una alianza donde participaran los goblins de Bruthazmus? No se, me parece muy extraño. La mayoría de los goblins del asalto eran de Thistletop, así que es posible que el orejas picudas haya hecho un pacto con Ripnugget o lo tenga bajo su control. Debrerías tener cuidado si te acercas por allí, podría no haber solo goblins.

- ¿Hay alguna enemistad entre las tribus o sus caudillos? ¿Alguna rivalidad que podamos aprovechar?

Después de la cena, trató de quedarse la última con la elfa para poder hablar en voz baja - He visto que Foxglove y tu os conocíais... ¿puedo preguntar de qué?

Tras terminar la conversación con la elfa, fue a la cocina a hablar con la halfling y coger algo de cena para Minvant - Dile a Ameiko que espero que se mejore y que mañana pasaré a verla

Tras ir a su habitación a coger algo de ropa, su diario de sueños y algo más, salió a la calle. La osucridad parecía extrañamente amenazadora después de lo que le había pasado a Minvant la noche anterior, así que conjuró cuatro luces similares a las de cuatro antorchas que se adelantaron iluminando cada esquina oscura en su camino. Regresó a casa de Hannah a paso vivo, deteniéndose en un lugar seguro cada vez que debía conjurar de nuevo las luces. Al entrar vio a Kaddok hablando con la curandera y saludó con la mano al comprobar que le estaba echando una reprimenda al ayudante del sheriff. Un par de gestos y unos murmullos después, un pato en el rincón oscuro le indicaba a Minvant que podía abrir la puerta sin peligro.

- Buenas noches... te he traido algo de cena - dijo mientras cerraba la puerta y se acercaba a la cama. - ¿Qué tal estas?

Mientras la sacerdotisa cenaba, la bardo se dedicó a contarle lo hablado durante la cena y atrancar la puerta (y ventanas de haberlas). Distrayendo a la sacerdotisa con el relato de la información, ató un extremo de la cuerda al pomo de la puerta y el otrro a pas patas de la cama (si la puerta se abre hacia afuera) y esparció tachuelas alrededor de la cama dejando un hueco al lado para poder sentarse, taparse con la manta y apoyando la cabeza de medio lado en el exrtremo de la almohada pasar la noche, aunque antes retiró los restos de la cena y conjuró un truco para limpiar tanto la cama, como a Minvant y sus vendas y por último el suelo, sus ropas y ella misma. - Tranquila, esta noche no pasará nada malo - le dijo a la sacerdotisa pasando uno de los brazos por el hombro después de dejar la espada a mano - Duerme bien, no dejaré que nada te moleste.

---------------------

PD: Ya tendrás en cuenta los negativos por pasar una noche de malas maneras para el día siguiente (pasarla sentada en el suelo medio alerta no es nada bueno ::)) Como no ha gastado conjuros, no importa que no duerma las 8 horas necesarias ;)
Caballero andante de la Vieja Guardia, romantico quijotesto que se mantiene en pie sostenido únicamente por la voluntad de no caer y la sangre y el barro seco en las juntas de la armadura, que le impiden doblar la rodilla.

Primigenio en sus (escasos) ratos libres

A.K.A. Regina ex Jerbiton (IR)
Avatar de usuario
Kazulju
 
Mensajes: 9967
Registrado: Lun, 18 Jun 2007 14:31
Ubicación: La ciudad con todas las vocales acentuadas: ZÁrÁgÓzÁ

Re: Cap. 1 - Los Héroes de Sandpoint

Notapor Setzer » Jue, 02 Abr 2009 16:16

Rictor Lasanti

Había ido hasta allí con la intención de tratar de animarla y tratar de probar si su magia divina era capaz de restaurar la faz de Minvant. La mujer, que se llamaba Ana si no recordaba mal (no, espera... ¡Hannah!), le había explicado, con buenas maneras eso sí, que verdes las habían segado, y que por mucho que estuviera interesado y tuviera las intenciones que tuviese no podría entrar allí, que no podía correrse el riesgo. ¡Riesgo! Rictor no estaba muy seguro de todo aquello, pero de la conversación se había dejado entrever que una de las razones por las que no podía entrar era porque era un hombre. Pensándolo bien aquello sólo podía tener connotaciones negativas, la más leve de ellas que le confundiera con el asesino y tuviera un acceso de pánico. Y es que, ¡ay! ¡Cómo le gusta a la gente darle a la sin hueso en estas aldeas! Y lo sabía de buena mano... desde que estaba aquí estaba comido de rumores. En realidad, todos ellos estaban comidos de rumores. Ya no pensaba en sus compañeros más que como su grupo, y tampoco se lo cuestionaba lo más mínimo. Era la voluntad de Iomedae que trabajara con ellos, y así debía ser. Además, eran buenas personas. Menos el delincuente, quiera la Diosa que vea sus errores enfrente y se enderece antes de que sea demasiado tarde para arrepentirse. El resto de la tarde no se hizo demasiado larga. Algunas de las miradas resultaban demasiado incómodas, y poco apropiadas para un momento de estudio religioso, pero eran cosas que uno debía tolerar más que menos, aunque no estuviera acostumbrado (viviendo en un monasterio esas cosas era difícil que pasaran). Después de ejercer un buen rato, estaba seguro de poder haber encaminado a aquellas gentes sencillas en el buen camino, y con eso se conformaba, le bastaba y le sobraba. ¿Para qué más?

-Buenas noches, Laetitia, Kaddok, Dorlam y... ehhh... -dijo, frunciendo por un momento el ceño y vacilando su sonrisa; no se acordaba del nombre del pagano de los lobos- Itterbolt. Espero no llegar tarde, o que no tardemos demasiado en aclarar este jaleo infernal.

Estaba animado, espectante; ni siquiera la presencia de Foxglove logró alterarle lo más mínimo. Los lobos ya estuvieron más cerca de causarle un problema, y es que hay cosas que no se podían permitir; daba igual la cultura en la que se hubiera criado algún pagano, en la nuestra NO está bien visto meter lobos allí donde puede haber personas y niños indefensos. Creo que lo llamaban "sentido común" o algún exotismo similar. La elfa puso a los lobos tranquilitos, pero aquello no cambiaba el hecho de que el shoantí entrase con lobos en aquel lugar. Además de que le estaba mirando atentamente, de manera desafiante. Hrrrmmmm. Por menos que eso podría batirse con alguien, y no sabía por cuanto tiempo más tendría que contenerse con aquel hombre. Iomedae dijo que debíamos defender a nuestros semejantes en lo que pudiéramos, pero de dejarse pisotear nada de nada. A él le gustaba ejercer las virtudes teologales, pero no podía negar su crianza, y aquello era irritante para él. Por suerte lo disimulaba bastante bien.

-...Bruthazmus odia a los elfos, y hemos luchado contra él en numerosas ocasiones, pero ninguno de los dos bandos ha cedido jamás. Yo desde luego no pienso ceder, esa guerra se ha vuelto privada...

- Ajá... también has dicho que Bruthazmus odia a los elfos. Los goblins apresados dijeron que el lider de la operación era un patas largas de orejas picudas, ¿podría un elfo, o alguien con sangre élfica, haber hecho una alianza donde participaran los goblins de Bruthazmus? No se, me parece muy extraño. La mayoría de los goblins del asalto eran de Thistletop, así que es posible que el orejas picudas haya hecho un pacto con Ripnugget o lo tenga bajo su control. Debrerías tener cuidado si te acercas por allí, podría no haber solo goblins.

-Creo que tiene razón -aportó él- Pero si todos han sido unidos bajo un liderazgo (y seguramente sea el de ese Ripnugget) quizá le hayan convencido, no suena exactamente como un bicho estúpido. Y tal vez un semielfo no fuera tan partícipe de sus odios como un elfo... sobre todo si ese semielfo lograra convencerle de que aquello causaría mal a los elfos. Aunque todo eso son conjeturas, claro -suspiró- ¿Puede hablarnos más de ese Ripnugget? ¿Tiene algún rival político que esté a su nivel?

Fue una conversación iluminadora, de todas formas. La sobremesa se alargó, y mucho, porque no se cansaban de conocer aquellos datos, datos que por otra parte podrían salvarles la vida en un futuro no muy lejano. Para cuando terminó, Rictor no tenía demasiado que hacer más que retirarse y dedicarse un rato para sí mismo, uno de sus pequeños placeres. A la luz de la vela, en la soledad de su habitación, se sintió completamente libre. Quizá la cama era un tanto demasiado suntuaria como para sentirse en un verdadero ambiente de vida monástica, pero era algo que tendría que tolerar le gustase o no, porque no usarla podría ser considerado un insulto. Rezadas sus oraciones, se acostó, pero aún permaneció un rato despierto, con sus armas bien cerca.
Avatar de usuario
Setzer
 
Mensajes: 1074
Registrado: Mie, 04 Jul 2007 11:09

Re: Cap. 1 - Los Héroes de Sandpoint

Notapor rj » Vie, 03 Abr 2009 18:42

Ivtolt

Hastiado del modo de vida que llevaban en aquella ciudad y viendo como su ofrecimiento era despreciado, Ivtolt decidió que abandonaría el poblado por lo que quedaba del día.
Mal humorado abandonó la alcandía junto con aquellos que mejor lo comprendían, aquellos a los que consideraba su verdadera familia. Así Sandpoint vio como el más extraño de los héroes trasponía las puertas de la ciudad con rumbo incierto.
El paisaje de un cercano bosque guió sus pasos con rumbo noreste, luego de un buen rato de caminata dio por fin con los lindes del cúmulo arbolado e instó a sus compañeros a buscar, entre matorrales y arbustos, una presa a la que dar caza.
Al comienzo sólo pudieron encontrar huellas de zorros y conejos, pero con un poco de esfuerzo dieron por fin con el rastro de un pequeño jabalí. Con paso sigiloso se acercó a la presa e intentó un ataque, la fortuna quiso que el animal se percatara y huyera hacia las matas cercanas, ante una orden del monje los cánidos cercaron la presa y luego de que el humano aplicara un fuerte golpe sobre la testa del animal esta yacía muerto en suelo.
El monje se sentía insatisfecho, la caza había sido sencilla y el jabato no había dado pelea. Envolviendo la presa en una lona de la que disponía a tales efectos, se puso en marcha nuevamente. Pasaron casi dos horas hasta que sus lobos encontraron un nuevo rastro que parecía prometedor.
Otra vez el sigilo lo acercó a la presa sin ser visto, aprovechando la sorpresa Ivtolt lanzó dos veloces golpes de los cuales sólo uno logro impactar sin provocar demasiado daño en la criatura. La bestia contraatacó con una fuerte dentellada que abrió una profunda herida en el abdomen del humano. A sabiendas de que aquel animal era más de lo que podía enfrentar sólo, el monje instó a sus fieles amigos a que se unieran al combate.
El enorme jabalí resultó ser una presa esquiva y feroz, a sólo segundos de comenzar la refriega Ivtolt había sido gravemente lesionado y uno de sus lobos se debatía entre la vida y la muerte. Sasha, la mayor, mordió con fiereza la pata trasera del animal cortando el tendón que permitía su movimiento. El jabalí gimió un agudo chillido y falló el ataque que emprendía contra el canino herido.
Ivtolt estuvo ausente durante unos segundos, algo en su interior estaba cambiando, fue conciente de cómo su espíritu se hermanaba aún más con el sagrado tótem que lo había poseído en la cueva el día de su iniciación. De repente la naturaleza se volvió más clara, más cercana y hermosa para él. Se sintió capaz de comprenderla más haya de lo que la había comprendido hasta ese preciso momento, fue conciente de cómo la vida de su compañero se agotaba lentamente y conmovido por ello, corrió hasta donde descansaba el cuerpo y se dispuso a curar su cuerpo tal y como sabía hacerlo hasta ese momento.
Mientras el monje se abastaría, corría y vendaba, los tres lobos restantes, guiados por Sasha, se lanzaron contra el jabalí. Dos de los cachorros, Misha y Tisha atacaron los cuartos traseros del animal, Sasha se adelantó y mientras el jabalí se esforzaba por golpear con los colmillos a sus hermanas, la loba blanca se abalanzó a su cuello acabando con su vida en apenas instantes.
Ivtolt había logrado salvar la vida de su compañero, luego, tomándolo entre sus brazos y atando ambas presas a su cintura recorrió el camino de vuelta a Sandpoint.
Sus intenciones eran simples, cuidar de su hermano herido y agasajar al resto con una magnífica cena en el cementerio.
Avatar de usuario
rj
 
Mensajes: 2175
Registrado: Lun, 23 Abr 2007 2:24

Re: Cap. 1 - Los Héroes de Sandpoint

Notapor Avhin » Mar, 07 Abr 2009 22:28

Kaddok abandonó la mesa aún cuando Shalelu no había comenzado con su explicación. Tras la puesta en común, la elfa pasó a contestar las preguntas de Laetitia.

- Dudo mucho que Bruthazmus haya hecho amistad con algún elfo o un mestizo. Antes preferiría cortarle las orejas y hacerse un collar que permitir una alianza. Bruthazmus no actua con sus goblins, es un lobo solitario y suele sacrificar a sus propios efectivos por su propio bien y para hacer el mayor daño posible a los elfos. En cuanto a rivalidades, todos se odian. Pero ninguno tiene el valor de enfrentarse a Ripnuggett y destronarlo. Thsitletop es sin duda la mejor fortaleza de la región. En cuanto a la zona por la que desapareció Koruvus... lo desconozco. Para el caudillo goblin era una guardia secreta, ninguno de sus goblins sabía dónde estaba. Un día desapareció de la faz de Varisia como si se lo hubiese tragado la tierra... - Shalelu se fijó entonces en Rictor. La mirada que le dedicó fue intensa y especial, tanto que el clérigo sintió que comenzaban a arderle las mejillas al notar los ojos de la elfa fijos en él. La sonrisa de la exploradora fue traviesa. - Ripnugget no tiene rivales políticos, ninguno posee su inteligencia. Es un goblin listo y un estratega formidable, pero también es un gran guerrero. Dudo que haya existido un goblin tan peligroso como él comandando un ejército. Si se ha aliado con un humano, con un mestizo o con un elfo según habéis dicho, puede llegar a representar un serio problema en la región. Es posible que los caudillos goblins, como Bruthazmus o Koruvus se pusieran de su parte en una causa común, sobre todo si esa causa común es causar estragos entre las comunidades de "pataslargas" Lo único que puede poner de acuerdo a dos goblins es la comida y matar pataslargas para conseguirla...

La cena prosiguió hasta que Shalelu se disculpó y se retiró a una habitación que tenía asignada en el Dragón. Laetitia se marchó después de ella, encontrándose en casa de Hannah con el ayudante del sheriff, que en aquel momento salía de la casa de la sanadora con el semblante serio. No había asistido a la breve reunión con la elfa, seguramente ella se lo comentaría al día siguiente, al fin y al cabo, Kaddok estaba ahora al cargo de la seguridad en el pueblo. Dorlam volvió a la Academia después de haber puesto al corriente a sus compañeros sobre las emanaciones mágicas que había encontrado en los alrededores del lugar del ataque. Rictor se retiró apresuradamente intentando recuperarse de la impresión que le causó la mirada y los gestos de la elfa, más incluso que los gestos de las feligresas que lo acosaban. Supo que tardaría un tiempo en olvidar aquellos ojos. Ivtolt regresó con sus cachorros al cementerio para descansar. Todavía seguía en pie la cacería de Foxglove al día siguiente, aunque él ya había cazado su parte aquella tarde. Su compañero lobuno se recuperaba bien, las heridas que el enorme jabalí les había infligido sanaban bien, aunque al monje aún le dolía un poco el costado.


Amaneció un día más en Sandpoint.

Imagen


Laetitia había caído rendida y fue Minvant quién la despertó suavemente agitándola por los hombros cuando estaba a punto de salir el sol. La sacerdotisa cedió un lado de la cama para que la bardo pudiese estirarse un poco y la muchacha acabó durmiéndose bajo vigilancia de Minvant, que se levantaba de la cama para rezar unas oraciones a Desna. Abrió un poco la ventana para que la brisa de la mañana entrase en la habitación, el olor a sal del mar y el lamento de las gaviotas se mezcló con el aroma a pescado de los muelles y la sacerdotisa tuvo que cerrar la ventana de nuevo y limitarse a rezar a oscuras. Lo que provocó que pisara una de las tachuelas que Laetitia había esparcido alrededor de la cama y tuviera que sentarse en la silla para quitársela, en completo silencio para evitar herir los sentimientos de la bardo, que había convertido su habitación en una peligrosa guardia llena de trampas mortales.

Cuando despertó, la sacerdotisa le pidió a Laetitia que le trajera sus cosas, todas las que tenía en la habitación de la Iglesia, dónde se había hospedado desde su llegada al pueblo. Cuando la bardo accedió a su petición, se encontró con más de una sorpresa en la mochila de la sacerdotisa. Lo que más le llamó la atención fue encontrar una camisa de mallas, una maza y un escudo de madera entre las pertenencias de Minvant.

Kaddok se levantó temprando para comenzar con su trabajo de sheriff. Hemlock le había dejado señalados los trabajos que debía realizar como único protector del pueblo y algunos de esos trabajos ya los había hecho junto a su jefe. A primera hora pasó revista a los puestos de guardia para encontrar novedades, leyó los informes de los soldados, en especial aquellos relacionados con el ataque de Minvant y luego fue despachando a todos los que sobrababan en las celdas de la cárcel, la mayoría borrachos que se habían pasado de la raya la noche anterior. Unas horas después, cuando todo estuvo relativamente tranquilo, pasó por casa de Hannah esperando que Minvant accediese a verlo. La noche anterior se había comportado quizás con algo de rudeza, pero era algo que necesitaba saber. La mujer le dijo que la sacerdotisa ya no estaba, que se había marchado, así que el nuevo sheriff puso rumbo a la Catedral. Allí le comunicaron que Laetitia había pasado para recoger todas las pertenencias de Minvant, y que no la habían vuelto a ver por allí. En el Dragón tampoco tuvo más éxito, según palabras de la halfling (Ameiko seguía indispuesta) no había puesto un pie en la posada. Kaddok decidió dejar de buscarla. A todos los efectos, parecía que Minvant se había marchado de vuelta a Magnimar tal y como le había dicho la noche anterior. No la culpaba de su decisión, pero en el fondo lamentaba que se hubiera marchado sin despedirse, aunque pensaba que se lo merecía después de la conversación que mantuvieron.

La mañana transcurrió sin incidencias para Dorlam. Sabía que después de comer había quedado con Foxglove y Laetitia en la puerta norte, y debía prepararse para la tarde de caza que le esperaba. La bardo dejó a Minvant en la habitación por expreso deseo de la sacerdotisa, que le pidió estar a solas durante un rato para que Hannah pudiese revisar sus heridas. También la urgió a que saliera a prepararse para la tarde de caza con Foxglove y le pidió que la excusase ante el noble, estaba demasiado cansada y dolorida como para pasarse la tarde cabalgando detrás de un jabalí o lo que fuesen a cazar.

Rictor tampoco tenía mejores cosas que hacer por la mañana, salvo dejarse ver y atender a las seguidoras que se había ganado con su discurso ante la tienda de Vinder. Tras bendecirlas, una jovencita de aquel grupo quiso interesarse especialmente por el joven sacerdote y las enseñanzas de Iomedae. Cuando hubo satisfecho a la muchacha en todo los sentidos en los que podía, saludó a Laetitia y a Dorlam cuando se cruzó con ellos, igual que a Kaddok cuando lo vio realizando su trabajo de sheriff y su ronda matutina.

Pasó la mañana y a la hora de comer todos acabaron reunidos, como si de una costumbre se tratase, en la misma mesa del Dragón Óxidado. Ivtolt era el único que faltaba, pero este había dedicado parte de la mañana en cuidar de su compañero lobuno malherido. El noble de Magnimar hizo acto de presencia para secuestrar prácticamente a sus dos nuevos compañeros de aventura, a los que sacó del Dragón con palabras cargadas de ánimos, prometiendo grandes aventuras y una tarde llena de emociones. Dorlam y Laetitia se vieron arrastrados hasta los establos de Hosk, dónde Aldern les regaló una montura a cada uno. De camino a la salida se reunieron con el shoanti de los lobos, que esperaba con sus compañeros la llegada del noble. Poniéndose al frente de la expedición, el joven Foxglove salió de Sandpoint seguido por una comitiva compuesta por la bardo, el mago y un shoanti, además de ir flanqueados por cuatro perros de caza y cuatro lobos que mantenian las distancias.

Al finalizar la comida, Kaddok volvió a asumir el papel de sheriff y salió a hacer su ronda. Rictor lo siguió para preguntarle acerca de Minvant y el shoanti solo pudo explicarle que la sacerdotisa estaba perfectamente respuesta de sus heridas y que se había marchado de vuelta a Magnimar casi con total seguridad, pues no la había vuelto a ver, aunque Laetitia aseguraba que Minvant seguía en el pueblo, pues se había despedido de ella antes de ir a ver a Drokkus por la mañana y luego al Dragón.

Una hora después de la comida, Kaddok pasaba por la calle principal después de regresar a la Catedral y obtener idénticos resultados. Quizás la chica lo evitaba, cosa que comprendía a causa de lo que habían hablado por la noche. Una figura nueva atrajo su atención, no tanto porque era la primera vez que la veía sino porque le resultaba vagamente familiar. Llevaba una túnica corta, unos pantalones a juego y unas botas de montar. En la espalda llevaba cruzado un escudo con una maza y su rostro estaba oculto por la capucha de la túnica. Paseaba tranquilamente por la calle, observando, y cuando se dio cuenta de la presencia de Kaddok, bajó rápidamente la cabeza y siguió caminando evitando llamar la atención.


---
Laetitia tiene un -1 a la Con y a la Int por estar medio dormida y con dolor de riñones toda la noche.
Dorlam y Laetitia pueden sumarse una montura a la ficha (un caballo de guerra ligero). Ivtolt también si desea la montura, sino, no tiene caballo :P
Tenéis mañana libre, hasta después de la comida, cuando Rictor y Kaddok escuchen un grito que proviene de una calle lateral.
Avatar de usuario
Avhin
 
Mensajes: 5692
Registrado: Mar, 17 Abr 2007 9:51

Re: Cap. 1 - Los Héroes de Sandpoint

Notapor Kazulju » Mie, 08 Abr 2009 16:29

Laetitia Desnae

Finalmente acabó cayendo dormida, rendida por el cansancio, hasta que una suave voz la despertó. Entreabrió los ojos, completamente adormilada y con el cuerpo dolorido por haber pasado la noche en una posición tan incómoda, y consiguió ver un rostro borroso enmarcado en bucles rojizos que la invitaba a acomodarse en la cama. Apoyándose en el suelo consiguió subir y tumbarse de lado en el espacio que tenía cedido en la cama, y apoyó la cabeza en la almohada, que aun mantenía el olor de su pelo. Laetitia sonrió.

Manteniéndose entre el sueño y la consciencia se acercó a ella y la abrazó por la espalda, dejando a Minvant sorprendida y sin saber que decir o hacer. Laetitia contiuó sonriendo mientras sentía su contacto, el roce de su pelo por la cara y su leve olor a incienso. Movió suavemente la cabeza para evitar las cosquillas que le producía el pelo de la sacerdotisa en la nariz y apoyó la mejilla en su hombro. Pasó así unos instantes abrazada antes de subir acariciando con la nariz suavemente el hombro y el cuello de la sacerdotisa hasta llegar a la oreja - Mmmmmm... no te puedes ni imaginar el sueño taaaaaaan raro que he tenido esta noche - Consiguió articular con una voz ronca totalmente adormilada - Era tan real... tenías un romance apasionado con un varisio, que en secreto también me cortejaba a mi... aunque de forma menos apasionada. Ya sabes que de las dos, siempre has sido tu la más guapa - la sacerdotisa abrió los ojos con sorpresa cuando notó un suave beso detrás de la oreja - al final... acabamos discutiendo y me marchaba del templo a recorrer los caminos de Varisia y tu... - abrazó un poco más fuerte a la sacerdotisa antes de continuar con la voz un poco quebrada - morías en un accidente en el templo y yo pasaba cinco años de aqui para allá tratando de olvidarte sin perdonarme por haberte dejado.- Respiró profundamente antes de continuar - Pero ha sido solo un sueño... muy real, y muy detallado, pero solo un sueño. Mmmmmm...

Laetitia siguió adormilada abrazando a la sorprendida sacerdotisa durante un rato más mientras seguía sonriendo. Cuando Minvant se recuperó de la sorpresa, le devolvió el abrazo y trató de hacerla volver a la realidad - Tranquila, no pasa nada... solo tienes que despertar - comenzó a decirle a la bardo, que en respuesta enterró la cara entre los rizos de la sacerdotisa y le dio un tierno beso en el cuello - Cierto... me gustaría seguir así, pero padre nos estará... es... pe...ran...do...

Al abrir los ojos algo no cuadraba. Si, vale, la sentía a su lado, y hasta veía su pelo, pero la pared... ¿dónde estaba la ventana? y esa pared...

Minvant notó la tensión en Laetitia - ¿Qué ocurre?

La bardo abrió aún más los ojos. Esa voz...

Laetitia, en un movimiento relámpago se separó de MInvant de forma tan precipitada que cayó al suelo (y a punto estuvo de clavarse una de las tachuelas que había dejado la noche anterior) Afortunadamente, el pelo alborotado estaba enredado y le tapaba casi toda la cara... aunque no hacía falta verla para saber que estaba roja como un tomate - Yo... tu... yo... ¿Minvant? ... ¿qué haces...?... ¿dónde...? Pero... pero... ¿Nualia? pero... - la bardo miraba en todas direcciones con evidente confusión.

- No pasa nada - Trató de tranquilizarla Minvant - Te has quedado medio dormida, mezclando los sueños con la realidad, solo es eso

- No... E... ¿era un sueño?

- SI, tranquila. No pasa nada...

- Te... tengo que irme - dijo la bardo levantándose todo lo rápido que pudo y se tambaleó llevándose una mano a la cabeza - Yo...

- Tranquila, descansa. No has dormido bien - Insistió la sacerdotisa devolviéndola a la cama. El cansancio acumulado hizo que la bardo cayese dormidanada más tumbarse. La sacerdotisa aprovechó para realizar sus oraciones y curar la herida del pie producida por una de las tachuelas que había repartidas por la habitación.

Cuando la bardo despertó se cambiaron los papeles del día anterior; ella era la que quería estar sola y Minvant la que insistía en hablar - Estoy acostumbrada a tratar problemas personales. En Magnimar había varias chicas en el templo con problemas y les ayudaba en cuanto podía, es posible que pueda ayudarte... si me dejas y me cuentas lo que te pasa.

Durante un buen rato Laetitia le contó como fue recogida por los sacerdotes de Desna en la puerta del templo siendo una recién nacida y como creció junto a Nualia, la hija de la maxima autoridad religiosa de Sandpoint, sin practicamente salir ninguna de las dos del templo durante toda su infancia y adolescencia. Según le contó, si ella ya era hermosa desde pequeña, la belleza de Nualia era diez... no, cien veces superior, casi sobrenatural, y aquello hizo que se les tratara como un par de bichos raros (tremendamente hermosos, pero raros) y se avergonzaran de su propio aspecto. Después, entre lágrimas, le contó como un apuesto varisio se había aprovechado de la situación encandilando a las dos jovencitas y viviendo un tórrido romance/aventura con Nualia que acabó con el embarazo de ella y la huida de él y como Nualia la había acusado de contárselo a su padre. Siguió contándole como después de una gran discusión dejó el templo para viajar por los caminos, como hacen los sacerdotes de Desna, y que antes de poder regresar y arreglar las cosas le llegaron las noticias del incendio del templo y la muerte de Nuañia y su padre adoptivo, y como cada año seguía volviendo a Sandpoint en el aniversario del incendio. Por último le contó el gran parecido que la sacerdotisa guardaba con Nualia, y como sus recuerdos habían vuelto más fuertes. - Per... perdoname - dijo a modo de disculpa cuando terminó.

- No hay nada que perdonar - Dijo la sacerdotisa

- Gra... gracias. Si puedo hacer algo por ti...

- Tranquila, ya has hecho mucho por mi. Aunque si quieres, puedes traer mi equipo del templo, me gustaría tener aqui todas mis cosas.

- Si... claro, no hay problema.

Tras recoger el "sistema de seguridad", salió de la habitación y con un pase mágico se aseó y limpió las ropas y el pelo. - ¡¡El pelo!! - exclamó echando una mano a la cabeza y la otra al cinto, donde la crespina seguía enganchada. Una vez puesta y sujeto el pelo, salió a la calle y se estiró al sol. Con paso rápido fue al templo a por las cosas de la sacerdotisa. Aunque trató de no curiosear nada, le resultó imposible no ver el equipo "de combate" que llevaba. Pasó a comprar algo para desayunar por la panadería y regresó a casa de Hannah.

Dejó que la sanadora atendiera las heridas de Minvant, que la despidió pidiéndole que la excusara ante Foxglove. - Cuidate mucho, ¿vale? - le dijo mientras se despedía con un abrazo con el que disimulaba los gestos del conjuro que creaba los sonidos de un pato en el rincón - Y tranquila, te dejo con el pato guardian, no te pasará nada.

La bardo comenzó a caminar por las calles de Sandpoint y terminó junto a las ruinas de la vieja torre del faro. Trepó por las piedras exteriores más estables y se puso a mirar hacia el mar... aunque luego se giró hasta mirar hacia la catedral y el cementerio, y se puso a recitar.
[Desplegable]: Abrir
Siempre quise ir a Magnimar.
Dejar un día esta ciudad.
Cruzar el mar en tu compañía.

Pero ya hace tiempo que me has dejado,
y probablemente me habrás olvidado.
No sé que aventuras correré sin ti.

Y ahora estoy aquí sentada
en una ruina abandonada
junto al acantilado,
a mis pies mi ciudad
Y hace un momento que me ha dejado,
aquí en las piedras de este viejo faro,
la última pelirroja que vino a probar
el calor de mis lágrimas.

Quizás el cansancio me ha hecho recordar
Nualia, ¿por qué no volviste a llamar?
Creí que podía olvidarte sin más
y aún a ratos, ya ves.

Y al irse la pelirroja me he sentido extraño,
quizás he pensado, nostalgia de ti
y desde esta curva donde estoy parado
me he sorprendido mirando a tu barrio,
y me han atrapado luces de ciudad.

El atardecer me sorprenderá
dormida, o recitando en el viejo faro,
junto a las rocas luce solitario
Y no estás tú, Nualia...


Cuando fue hora de comer, regresó al Dragón Oxidado. Cuando la cocinera le dijo que Ameiko seguía indispuesta, se extrañó - ¿qué le pasa? No estará enferma, como su padre... o... dime que no ha sido asaltada

Cuando la mediana la tranquilizó y le dijo que estaba bien, fue a comer y se preparó con ropas de viaje para la caza con Foxglove y Dorlam (y echarse una siesta si le daba tiempo). La cara que se le había quedado debía ser un poema, así que se arregló lo mejor que pudo con sus trucos mágicos, cogió sus pertrechos y se dispuso a pasar la tarde lo más distraidamente posible. Debía recordar preguntarle al noble la relación que guardaba con la elfa, ya que ella había evitado responder al respecto.
Caballero andante de la Vieja Guardia, romantico quijotesto que se mantiene en pie sostenido únicamente por la voluntad de no caer y la sangre y el barro seco en las juntas de la armadura, que le impiden doblar la rodilla.

Primigenio en sus (escasos) ratos libres

A.K.A. Regina ex Jerbiton (IR)
Avatar de usuario
Kazulju
 
Mensajes: 9967
Registrado: Lun, 18 Jun 2007 14:31
Ubicación: La ciudad con todas las vocales acentuadas: ZÁrÁgÓzÁ

Re: Cap. 1 - Los Héroes de Sandpoint

Notapor SirAlexander » Jue, 09 Abr 2009 15:31

Kaddok

Durmió intranquilo, la idea de haber perdido a la única persona que se había acercado a él lo suficiente como para ser su amiga lo atormentaba. Quizá por eso despertó temprano y se dedicó a realizar las tareas que correspondían a su nuevo puesto. Pasaba de una a la otra sin darse tiempo de pensar, sin embargo no era tanto lo que había por hacer y para las diez de la mañana había terminado la rutina del día. Despues de dar un par de vueltas decidió que ya era hora prudente de visitar la casa de Hannah, pero al llegar le dijeron que Minvant se había retirado.

La buscó en la catedral con igual resultado, y poco a poco, a medida que recorría lugares comunes, iba aceptando que la chica se había ido de Sandpoint. No la culpaba, ni tampoco por haberlo hecho sin despedirse, despues de todo había sido él quien la había empujado a eso con su estupidez de la noche anterior. Cuando llegó la hora fué a almorzar, un trámite para mantener el cuerpo ya que Ameiko seguía indispuesta y ni siquiera podía disfrutar de verla.

Durante la ronda de la tarde una persona llamò su atención, sobre todo porque algo se le hacía familiar. Pero fue la actitud que tomó cuando lo vió a él la que lo hizo reaccionar. Kaddok frunció el ceño ante el intento de disimulo del desconocido, o mejor dicho la desconocida, una sospecha se formó en su mente y corrió para alcanzarla. - Alto - dijo sin elevar la voz.

La figura dudó al principio, pero finalmente se detuvo. Se quedó quieta, sin volverse hacia el sheriff, con la mirada en el suelo. Cuando estuvo cerca, alzó levemente la cabeza pero con el rostro aún oculto en las sombras de la capucha. - ¿Sí? - preguntó. Su voz era delicada, pero profunda. Era una voz joven, pero seria.

- Sólo dos tipos de persona reaccionan de la manera en que lo hiciste, alguien que debe algo a la ley, o alguien que tenga problemas personales conmigo. - Se movió alrededor de ella para pararse enfrente - Entiendo que no quieras verme Minvant, perdóname por lo de anoche.

Ella suspiró y hundió los hombros, rindiendose pronto. Sabía que seguir fingiendo no iba a funcionar. - No es por ti... - trató de explicar. - No hay nada que perdonar...

- Entonces, ¿cual es el problema? ¿Por que me esquivas?

Ella negó. - No te esquivo... oficialmente me he ido de aquí, ¿recuerdas? Esperaba poder pasar desapercibida...

- ¿Por qué? ¿Y por que ante mi? Si me lo hubieras pedido hubiera fingido que no te conocía, hasta hubiera pedido a la guardia que no te reconociera.

Volvió a suspirar. - No es por ti. Quería quedarme aquí, pero que nadie lo supiera. No quiero que nadie me pregunte si estoy bien, o cómo me atacaron o porque no me arreglo la cara como hice contigo...

- Mírame, necesito que me mires a los ojos para hablarte.

Minvant alzó el rostro, pero no era el suyo. No era su piel, no era su expresión. Sus ojos se distinguían a traves de dos rendijas en la máscara que ocultaba sus heridas. Era una pieza hermosa, de superficie pulida y brillante, de color blanco, sin adornos. Kaddok concentró su mirada en esas rendijas - Soy tu amigo Minvant, pero también soy el Sheriff ahora, mi trabajo es encontrar cosas sospechosas en la ciudad. Al menos deberías haberme dicho lo que harías para que no me preocupe, y para que no te ponga en una situación como ésta. - Tomó aire y lo dejó escapar lentamente - No te pediré que te quites la máscara si es tu deseo ocultarte, ve tranquila. -

Ella volvió a bajar la cabeza y asintió, colocándo de nuevo la capucha de manera que no se viesen sus mejillas. - Gracias

Kaddok dió media vuelta y se fué, sin poder evitar ser que definitivamente había perdido la confianza de Minvant. Sin embargo no fue mucho lo que llegó a alejarse, un grito proveniente de sus espaldas lo hizo girarse y correr hacia un callejón, lo primero que pasó por su cabeza era que la chica podía estar nuevamente en peligro.
Avatar de usuario
SirAlexander
 
Mensajes: 5361
Registrado: Dom, 15 Abr 2007 17:53

Re: Cap. 1 - Los Héroes de Sandpoint

Notapor Avhin » Vie, 17 Abr 2009 14:27

Sandpoint - Atardecer

Rictor se había mantenido a una distancia prudente mientras Kaddok hablaba con aquella figura ataviada con los ropajes de Desna. El sheriff parecía conocerlo, pero el sacerdote no logró identificarla por lo que supuso que se trataría de alguien del pueblo. El desconocido se despidió del sheriff y este le dio la espalda hundiendo los hombros con pesadumbre. Fuese quién fuese, lo que acabara de decirle al shoanti lo había dejado bastante deprimido.

La figura desapareció por un callejón con presteza, Kaddok se acercó al iomedita y antes de poder alguna explicación escucharon un grito cercano. Rictor se dio cuenta de que provenía de la calle por la que se había marchado la figura de Desna, pero Kaddok ya estaba corriendo hacia allí como una flecha. Al doblar la esquina, vieron a una mujer frente a la desconocida. Sujetaba entre sus brazos a una niña pequeña, un bebé, mientras que tras ella, agarrándose a sus faldas, un niño de seis años lloraba copiosamente. Sus brazos parecían estar ensangrentados.

La figura de blanco intentó acercarse al niño, pero fue evidente la reticencia de la madre a que tocase a alguno de sus hijos. Kaddok no sabía el nombre de la mujer, pero sabía que era una vecina de Sandpoint.

- Señora, la chica puede curar a su hijo, yo necesito saber que ha pasado para atrapar al responsable... - habló intentando parecer autoritario. Solo esperaba que la mujer sí supiera quién era y que Hemlock había delegado todas las responsabilidades hacia él.

La mujer miró a Kaddok a los ojos y agarró a su hija con más fuerza.

- Soy Amele Barett, este es mi hijo Aeren... - explicó mirando al niño. - El día del ataque mi hijo vio a un goblin quemar un gato y luego saltar alrededor de él mientras se abrasaba. Desde entonces ha estado teniendo pesadillas... - gimió. - Todas las noches sus gritos despiertan a Pétalo, nuestro perro y nos aseguraba que había un goblin en el armario, pero mi marido ha revisado el armario todas las noches y no ha encontrado nada. Sus quejas habían empezado a volverse molestas, ayer lo amenazó con obligarlo a dormir en la calle sino dejaba de inventarse historias sobre goblins, que debía ser un hombre - las lágrimas se desbordaron de sus ojos. - Anoche Alergast no fue a calmar a Aeren y volvió a gritar, mi marido lo encerró todo el día en la habitación como castigo y... - respiró profundamente, hizo una pausa y mostró los brazos de su hijo. Estaban llenos de marcas de dentelladas, frescas y todavía sangrando. Kaddok no supo reconocer quién le había mordido los brazos al pequeño, pero se dio cuenta de que más que mordido, parecía que hubiesen querido comerse los bracitos del niño.

- Por Desna... Son... son mordiscos de goblin - gimió la figura. Rictor reconoció su voz, se trataba de Minvant.

- Amele, debo ir a su casa, amenos que la bestia haya escapado - ordenó Kaddok.

- No lo sé, Pétalo estaba muerto... el goblin se metió en el armario y mi marido empezó a destrozarlo para llegar hasta él... Necesito ayuda, por favor - la mujer abrazó a su hija y agarró a su hijo, señalando la puerta de la casa al final de la calle. Estaba abierta.

- Cuida al niño Min - dijo antes de salir corriendo hacia la casa. - Rictor, espera en la puerta, a mi señal entra, vere si puedo encntrar una entrada trasera o ventana - susurró. El iomedita se quedó en la puerta, no se escuchaba nada. Kaddok dio la vuelta entera a la casa, encontró dos pequeñas ventanas hechas de vidrio, intactas, cerradas por dentro. Regresó a la puerta y entró primero, el sacerdote lo siguió de cerca.

El interior estaba silencioso, se encontraron en un salón grande, al fondo un pasillo que daba a tres habitaciones. Estaba atardeciendo y entraba poca luz por la ventana, el suelo de madera crujió bajo sus pies. El sheriff avanzó sigiloso en cabeza, seguido por Rictor. Lo primero que llamó su atención fue una mancha oscura extendiendose, no tardó demasiado en comprender que era sangre y extremó sus movimientos, no quería que el goblin huyese. Se asomó con precaución a la puerta, abierta de par en par, la ventana que había visto en la calle estaba al otro lado de la habitación. Hizo señas a Rictor para que esperase y en completo silencio, dio un tremendo salto para aterrizar junto a la ventana de manera silenciosa.

La sangre pertenecía al cuerpo de un cachorro, muerto a los pies de la cama, un improvisado cuchillo sobresalía de su pequeña cabeza. Frente a su cadáver, el cuerpo de un hombre tendido en el suelo. Sin embargo, tan solo podían verse sus piernas y su torso, el resto de su cuerpo estaba hundido en el suelo bajo el armario.

- Ayudame con el cuerpo Rictor, parece que han hecho guarida debajo del armario... - los dos hombres se acercaron con precaución al mueble, Kaddok sujetó al hombre de las piernas mientras que Rictor lo hacía del torso. Al tirar del cuerpo, contemplaron con horror como los brazos del hombre estaban completamente mordidos, y comidos, una de sus manos era solamente hueso. No pudieron ver más, un chillido histérico salió de un agujero en el armario y al momento siguiente Kaddok sentía los dientes de un goblin hundiendose en su brazo con desesperación.

Retrocedió por la sorpresa, el goblin se había quedado enganchado a su brazo y trató de quitarselo de encima estrellándolo contra la pared, pero el animal se movió con presteza para evitar el golpe y siguió con los dientes hundidos en su carne. El shoanti reaccionó deprisa y asestó un golpe de revés al goblin que lo obligó a soltarse, aunque se llevó algo de carne entre los dientes. Aterrizó delante de Rictor, se revolvió y gritó desesperado, el iomedita desenvainó con presteza la espada y atravesó al pequeño goblin de un solo movimiento. En ese momento, Minvant entraba en la habitación con la maza firmemente sujeta entre las manos.

Volvió a hacerse silencio. La sacerdotisa se inclinó rápidamente sobre el hombre, Rictor se acercó a ayudar pero ya era demasiado tarde para él. Una terrible heria en su cuello demostraba que ya estaba muerto antes de que el goblin hubiese empezado a comerselo. Minvant se quitó la máscara y se limpió los ojos de lágrimas. Kaddok no pudo ver si se había quitado las vendas porque manteía la cara oculta bajo la capucha. Luego volvió a ponersela.

- Está muerto... no podemos hacer nada por él... - sollozó.


Alrededores de Mosswood


- No tengo ningún problema con Shalelu, me parece una chica encantadora... hemos coincidido alguna que otra vez los días que yo salía a cazar por estos bosques, y ella seguía el rastro de unos goblins. Yo nunca me he encontrado con goblins, la verdad, hasta ahora... Por suerte vosotros estabáis allí para salvarme - comentó con una deslumbrante sonrisa.

Durante el viaje, Foxglove se mantuvo siempre cerca de Laetitia, a la que acribilló a preguntas acerca de cómo y qué había que hacer para convertirse en un héroe. A pesar de que las preguntas resultaban un tanto cargantes, Foxglove demostró ser algo más inteligente de lo que habían pensado y un gran orador. El carismático noble paseó junto a sus nuevos amigos con bastante alegría, incluso se preocupó de nuevo por Minvant, con la que le hubiera gustado charlar. Se deshizo en elogios hacia sus tres acompañantes y a medida que se acercaban al bosque, les iba explicando la manera en que seguirian el rastro de las posibles presas y la estrategía a seguir para dar caza a los jabalíes y ciervos.

Los perros de Foxglove desconfiaban de los lobos de Ivtolt, el noble le pidió al monje que buscara un rastro mientras que él buscó un segundo, el primero en dar con algo fue el de Magnimar, que pronto puso sobre aviso a sus compañeros. Se adelantó al resto y los fue guiando para que se escondieran en tal o cual sitio vigilando el lugar y siguiendo el rastro de sus perros. Portaba un arco de gran calidad en las manos y colocó una flecha en la cuerda cuando tuvo a la vista a un enorme jabalí. Hizo señas a Laeitita y a Dorlam, en especial al mago, que cargó la ballesta pero dudó a la hora de dispararle al animal. Este se dio cuenta del peligro que corría y dio media vuelta, Foxglove lanzó una certera flecha contra los cuartos del animal que lo hizo tropezar en su huída. No había llegado a salir de su campo de visión cuando otras tres flechas más alcanzaron al jabalí y los perros del noble cerraron la huída de la presa que cayó derribada unos metros más hacia delante.

Ante la preocupación de sus invitados, Foxglove los tranquilizó. Ivtolt decidió entonces seguir el rastro que sus lobos habían hallado y el noble tuvo que dejarlo marchar para ir a preparar la pieza para el viaje de vuelta.

- No pasa nada, no a todo el mundo le gusta salir de caza - comentó al mago que no había disparado. - Comprendo que alguien tan noble como vosotros no pueda dispararle a un animal vivo, debo reconocer que sois las personas más honorables que he conocido nunca...

Después de haber sacado las flechas y atarlo para transportarlo, Foxglove siguió el rastro del shoanti hasta dar con él. Sus lobos acechaban a un enorme ciervo mientras que Ivtolt se lanzaba contra él con los puños. Foxglove observó la escena con interés y sorpresa.

- Que gran valor, además de honorables sois los héroes más valientes que conozco - exclamó entusiasmado y exultante de alegría.

Con el jabalí y el ciervo, y el sol desapareciendo por el Oeste, Foxglove propuso volver a Sandpoint y cocinar las dos piezas de caza para esa noche, dónde los invitaría a la mejor bebida de la región. El camino de regreso fue similar, Foxglove deshaciendose en elogios y explicando que como noble no podía airear cualquier posible relación que hubiese mantenido con la elfa, que era un caballero y no hablaría de ella sin que estuviese presente, aunque a Laetitia le quedó claro que la elfa y Foxglove habían llegado a tener una relación bastante profunda que quizás no hubiese terminado de madurar.


El Dragón Óxidado

En la sala común la cena se iba sirviendo. Hiflen miraba al infinito esperando su comida y observando a los ciudadanos con curiosidad. En Magnimar había visto de todo, pero no aquello. En la misma mesa había sentada una chica, sabía que era una chica a pesar de que llevase una capucha puesta, junto a un shoanti algo delgado y un joven que parecía un noble de su ciudad. El resto de los comensales no tenían nada de especial, pero estos tres sí. A ella no podía verle el rostro, pero los tres estaban apesadumbrados, el lenguaje corporal de ella le dijo que tenía algo íntimo con el shoanti y que el que sobraba en la mesa era el noble. La halfling que atendía las mesas le sirvió la cena y luego se acercó al trio.

- Lamento lo ocurrido - dijo. - Una lástima lo de la familia Barett... creo que Amele tenía una hermana en Magnimar, quizás puedan trasladarse a vivir allí... - agachó la cabeza y se miró los pies. Luego miró a Kaddok. - Estoy preocupada por Ameiko, hace dos días que no habla ni come... está deprimida, seguro, ya no me habla cuando toco la puerta... Creo que iré a ver que le pasa ahora y le pediré que me deje entrar por la fuerza - exclamó Bethana con convicción, a pesar de su corta estatura parecía capaz de echar la puerta abajo. Se lanzó corriendo a las escaleras y desapareció por ellas.

La puerta se abrió en ese momento dando paso a una muchacha tan alta como un shoanti, acompañada por un joven un poco más bajo que ella. El bastón y la túnica lo identificaron como algún tipo o clase de lanzador de conjuros. Como fuese, la pareja se acercó a los tres que compartían mesa.

Laetitia se sentó junto a Minvant, extrañada de verla allí, y más aún, verla con la túnica corta y los pantalones que se había comprado para ir de cada, la capucha puesta y su máscara en la cara. Luego vio las caras de pesadumbre de Kaddok y de Rictor en tanto que Dorlam se dejaba caer agotado sobre la primera silla que vio.

- ¿Qué ha pasado? - preguntó la bardo preocupada.

- Pues... - comenzó Minvant. Nadie parecía querer hablar. Ella suspiró y tragó aire antes de hablar. - Un goblin ha matado a un hombre... estaba escondido en un agujero en casa de una familia, seguramente desde el día del asalto. El niño decía que su perro le ladraba al armario y que de este salía un goblin, pero sus padres pensaban que tenía pesadillas porque el día del ataque vio a un goblin quemar un gato... El padre le dijo que se dejase de cuentos, que tenía que madurar y ser un hombre y lo encerró en la habitación, a media tarde lo oyeron gritar y al entrar un goblin le estaba... comiendo los brazos al niño. La madre huyó con los crios y los encontramos en la calle, Kaddok entró en la casa, el padre estaba muerto... - su voz se fue apagando hasta que no pudo seguir hablando.

- El goblin lo había matado y se lo estaba comiendo... - terminó Kaddok con un nudo en el estómago. - Hemos llevado a la madre y los niños a la iglesia, por el padre no pudimos hacer nada... - dio un trago largo a su bebida. Minvant se encogió en la silla, le temblaban las manos.

- Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay.... - se escuchó en el piso de arriba. Bethana bajó corriendo hasta la mesa con el corazón en la boca. - Mira, mira, miraaaaaaaaaa - le chilló a Kaddok poniendole delante un trozo de pergamino. - Mira, Ameiko, miraaaa - le insistió. El sheriff miró el papel confuso, no entendía la letra ni lo que ponía. - Ay, está en Kaijitsu, te lo traduciré... Veras, ¿recuerdas que te dije que Ameiko no me hablaba ni me abria la puerta? ¡¡Pues resulta que era porque no estaba!! He entrado y he visto esta nota, mira lo que dice, mira - exclamó histérica. Luego comenzó a leer con voz temblorosa.

¡Hola hermanita!

Espero que cuando recibas esta carta estes bien, y que tengas algo de tiempo libre, porque tenemos un serio problema. Se trata de Padre. Creo que ha tenido algo que ver con los problemas de los goblins en Sandpoint, no he ido a las autoridades por que los dos sabemos que saldría impune muy fácilmente. Tu tienes mano en el pueblo, lo sé. Si pudieras encontrarte conmigo en la Fábrica de Vidrio a media noche, tal vez podamos hacerle entrar en razón y que reciba el castigo que se merece. Llama a la puerta de servicio dos veces, luego tres y finalmente una más, para que así sepa que eres tu y pueda dejarte entrar.

Creo que no es necesario que te explica la delicada naturaleza de este asunto. Si se llegase a descubrir, sabes que esos imbéciles del pueblo pensarían que nosotros también estábamos detrás del asunto, ¿verdad? En este lugar no existe el honor… Todavía no entiendo como puede gustarte vivir aquí.

De todos modos, no le digas a nadie nada sobre esto, hay otros asuntos delicados que me gustaría contarte esta noche en persona.

No tardes

Tutso
Avatar de usuario
Avhin
 
Mensajes: 5692
Registrado: Mar, 17 Abr 2007 9:51

Re: Cap. 1 - Los Héroes de Sandpoint

Notapor Setzer » Lun, 20 Abr 2009 13:10

Rictor Lasanti

Tuvo que aguantar, con mayor o menor efectividad, las miradas que reparaban en él, algo tanto o más difícil teniendo en cuenta que provenían de una elfa, primero, y una mujer bastante atractiva, segundo. Ya no estaba acostumbrado a relaciones cordiales, o al protocolo y la etiqueta de una corte o de palacio. Cuando uno se retira a un refugio espiritual y entrega su vida a una humilde contemplación y connivencia con la deidad, deja de lado aquellas cosas. O debería dejarlas, si era medianamente coherente. Quizás su caso tuviera que acabar por ser diferente... tal y como se estaban desarrollando las cosas en aquel pueblo, empezaba a pensar que desarrollar las habilidades que se le habían atrofiado con el tiempo, o que nunca llegó a acariciar, no eran ideas tan descabelladas o improcedentes como pudiera parecer.

-Lo único que puede poner de acuerdo a dos goblins es la comida y matar pataslargas para conseguirla...

¡Asquerosas criaturas! Y aun así, con lo que le había contado, aquello no le encajaba. ¿Por qué no atacaban en serio, entonces? Seguía teniendo la impresión de que, si ese tal Ripnugget era tan listo, tenía que haber un rival a su altura (relativamente) como para que decidiera no tentar a la suerte. Se dedicaría a investigar aquello, pero no tenía ni las habilidades que poseía la elfa ni, en realidad, la certeza de que aquello fuese una buena idea. Sólo eran sus suposiciones, y si una experta en el tema defendía que eran infundadas, tendría razón. Seguramente. Aun tenía esa idea cuando se retiró a sus habitaciones. Esa, y otras. A veces ser joven no era tan maravilloso como los poemas solían ensalzar. Sí, el vigor guerrero y el celo de justicia están en su punto álgido, pero no es lo único que lo está. Aquella noche tardó en conciliar el sueño, al menos tanto como en conciliar sus pensamientos.

Amanece un día más en Sandpoint

Y aquello no era poco, como decía la tonada. De hecho, si se lo hubieran preguntado a Rictor al caer la noche, hubiera estado dispuesto, sin problemas, a afirmar que era demasiado. El día había pintado estupendamente en un comienzo: cielos despejados, gente afable que se aprestaba a olvidar la terrible tragedia de hacía escasos días y una joven que parecía estar interesada en el culto a Iomedae, en una tierra que se volcaba casi unitariamente en el culto a Desna. Aquello era una tarea que no le disgustaba, al contrario, y pasó horas explicándole a aquella muchacha todo lo que debía saber sobre aquel particular. Por lo que parecía, la sesión fue extremadamente fructífera para ambos: Rictor siempre sostuvo, como Aristagón el Pharasmeo en sus escritos, que no hay nadie que sepa tanto que no aprenda compartiéndolo con los demás. Después de aquello, nada notable que contar (¡de momento!); saludó a sus compañeros y se dirigió al Dragón, sin sorprenderse demasiado de que todos acabasen reunidos allí como por ensalmo. Era un signo, ni más ni menos. Ojalá para otras de las cosas que sucedieron hubiera habido también signos, o hubiera sabido leerlos de haber realmente.

-Y, Kaddok... ¿sabes algo de Minvant? -preguntó con cautela.

No sabía por qué, pero no estaba muy seguro de aquello. ¿A Magminar? No era eso lo que afirmaba Laetitia, pero bueno, tampoco era cuestión suya meterse de lleno en aquel terreno, que sólo le competía al ayudante del sheriff... ¡como si no supiera lo que pasaba entre ambos! Bien, de acuerdo, como si no lo intuyera. Pero uno sabe esas cosas, sencillamente. Como sacerdote, se le daba muy bien averiguar el estado anímico de las personas. Así, sólo podía hacer conjeturas sobre la persona que apareció vestida con las ropas ceremoniales del servicio a Desna, pero hubiera apostado una buena cantidad a quien creía que era. Una vez más, no era asunto suyo, y se obligó a forzar a su mente a tomar otros derroteros. Pensó en un arco de exquisita manufactura que había visto en la armería, y pensó en si le alcanzaría el dinero para comprarlo, viendo que podría necesitarlo si seguían las cosas como estaban. Después no hubo más, porque ya se ocupó el día de porporcionarle bastantes otras cosas en qué pensar. Sí. Pensar, pensar, no iba a parar de pensar hasta que se acostara. Una millonada de pensamientos. Ni cuando se durmiera iba a dejar de pensar en aquello. Y lo seguiría pensando durante varios días, como seguramente Kaddok haría también.

-¿Pero qué...? ¡Vamos! -dijo, aun viendo que el ayudante le sacaba ventaja en su reacción.

¡Qué escena encontraron allí! Aquello fue lo que pensó, sin saber que en apenas veinte minutos cambiaría su forma de pensar, asegurándose a sí mismo que, sin duda, la verdadera escena sería la que tendría ante sus ojos justo en ese momento. Apretó los dientes mientras miraba al pobre chiquillo. ¿Un animal salvaje? Porque aquellos mordiscos parecían hechos con la intención de obtener un bocadito de niño. Y Minvant, que ahora definitivamente era tal, estaba de acuerdo con aquello, pero estrechó más el campo. Mordiscos de goblin... ¡repugnantes, repugnantes alimañas! Los matarían a todos, si hacía falta. Descabezarían sus ejércitos y los dejarían en desbandada, siendo presa fácil para cualquiera que los encontrara. Todavía seguía allí. El goblin. ¡El hombre! ¡Tenían que actuar YA!

- Cuida al niño Min - dijo antes de salir corriendo hacia la casa. - Rictor, espera en la puerta, a mi señal entra, vere si puedo encntrar una entrada trasera o ventana - susurró.

Asintió, en silencio, y se colocó en su sitio, que era asegurar la puerta. Cuando Kaddok terminó de inspeccionar, ambos entraron con cuidado al lugar. La luz entraba, iluminando una estancia que parecía agradable, acompañados por el crujir de la madera que sería incluso agradable de no mediar lo ominoso de la situación. Cuando vieron aquella mancha parduzca, la tensión comenzó a identificarse. El goblin seguía por allí. Acató la orden del shoantí civilizado, que se desplazó con gran agilidad y sigilo, y le indicó dónde estaba el asunto. Aquel debía ser el pobre Pétalo y aquel... aquel era su dueño. Tras una frase del vice-sheriff sujetaron al hombre y tiraron cuidadosamente de él. Rictor creía estar preparado para lo peor, pero aquello siguió sorprendiéndole, asqueado. Temía que estuviese muerto, pero aquello sólo era la mirad. Estaba muerto y devorado.

-¡Cuerpo de...! -juró el iomedita cuando un chillido y un goblin rabioso hicieron acto de presencia.

Tras el primer ataque, nacido de la sorpresa, Kaddok se deshizo del goblin, que puso sus miras en el enlatado clérigo y, máas concretamente, en la apetecible vena del cuello, palpitante. Tuvo que detener la conjuración de un hechizo curativo cuando aquella sanguijuela se lanzó a por él, pero desenvainó con celeridad la espada y le atravesó antes de que pudiera siquiera intentarlo. Una reacción admirable, más teniendo en cuenta la presión a la que estaba sometido. Quién sabe si podía tener la rabia o alguna de esas terribles enfermedades... se acrecó al hombre, para tratar de darle asistencia, pero vio lo mismo que vio Minvant. Ya era demasiado tarde incluso cuando habían entrado. Podía consolarse diciéndose que era una muerte infinitamente más bondadosa que ser comido vivo, pero no demasiado. Él no lloró, como Minvant, pero su semblante era serio y sombrío, apesadumbrado, durante el resto del día. No puedo evitar que aquello le reconcomiera por dentro.

-Habrá que... habrá que avisar al padre Zantus -dijo, tras conseguir forzarse a hablar, algo que evidentemente le costó horrores- Querrá un entierro digno...

No pudo proseguir. Los tres se retiraron hasta la posada, pero realmente ninguno de ellos estaba de humor para nada. El iomedita se forzó a comer prácticamente, pero apenas hacía más que picotear su comida.Trataba de obligarse pensando que necesitaría estar en forma para combatir a aquellas bestias asalvajadas, pero su tráquea, simplemente, no estaba por la labor. Así pues, la llegada de cualquier novedad que le distrajera de aquello fue bien recibida; primero la mediana y, posteriormente, sus compañeros, exhaustos tras lo que parecía haber sido un día de caza con todas las de la ley. Por desgracia, se les debía de notar en la cara lo que había sucedido. Rictor intentó enfrentarse a ello y hablar, pero no pudo. Minvant le ahorró el trabajo, siendo más rápida en sobreponerse a ello.

- Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay.... - se escuchó en el piso de arriba. Bethana bajó corriendo hasta la mesa con el corazón en la boca. - Mira, mira, miraaaaaaaaaa - le chilló a Kaddok poniendole delante un trozo de pergamino. - Mira, Ameiko, miraaaa - le insistió.

-Lo siento, pero no sabemos leer esto.

- Ay, está en Kaijitsu, te lo traduciré... Veras, ¿recuerdas que te dije que Ameiko no me hablaba ni me abria la puerta? ¡¡Pues resulta que era porque no estaba!! He entrado y he visto esta nota, mira lo que dice, mira - exclamó histérica. Luego comenzó a leer con voz temblorosa.

-¿¡Pero qué!?

Dadas las circunstancias, la pregunta era tan buena como cualquier otra. Quizá la mejor.
Avatar de usuario
Setzer
 
Mensajes: 1074
Registrado: Mie, 04 Jul 2007 11:09

Re: Cap. 1 - Los Héroes de Sandpoint

Notapor irloden » Mar, 21 Abr 2009 13:02

Dorlam

La jornada de cacería había sido agotadora para el mago y no sólo físicamente sino también mentalmente. Realmente era una de las primeras experiencias de campo que había tenido el mago fuera de los seguros muros de la Academia. Una de las tareas de un mago aparte del estudio de sus conjuros era también el desempeñar un aprendizaje básico sobre el uso de armas sencillas como medida de protección en casos donde la magia no fuera suficiente o no estuviera disponible. Sin embargo, ese aprendizaje era apenas nulo y más se basaba en los propios instintos básicos de toda persona que en lecciones de esgrima o tiro tuteladas por un experto en la materia.

Por lo tanto, el cargar con una ballesta y tener que disparar a aquel anorme jalabí que se aproximaba veloz, fue una experiencia que no resulto totalmente satisfactoria, sobretodo por la duda que había llevado al mago a no actuar de la forma esperada. Dorlam sabía que en otras circunstancias ahora su cuerpo podría estar despedazado en mitad del bosque.

Durante el camino de vuelta Dorlam había imaginado la escena multitud de veces concluyendo lo fácil que podría haber sido utilizar sus conocimientos arcanos para desacerse del animal y no la fuerza bruta proporcionada por el artilugio que ahora colgaba a su espalda y que por cierto... pesaba bastante.

Así pues, apenas entró en el Dragón Oxidado su cuerpo se dejó caer estrepitosamente en una de las sillas vacías en la mesa donde Minvant, Kaddokk y Rictor se habían reunido. El mago en un principio apenas reparó en el oscuro ambiente que se respiraba en aquella mesa y sólo las palabras de Laetitia y la duda inicial de Minvant hicieron que los sentidos del mago volvieran a despertarse.

El relato de Minvant concluido Kaddokk fue espelucnante y lleno de escalofríos el cuerpo del mago. Dorlam recordaba claramente a aquella familia, una familia buena y sencilla, que para nada merecía una suerte como la que le había tocado vivir... ¿dónde estaban los dioses y su justicia?

La conversación por otro lado acabó repentinamente con la incursión alarmante de Bethana que con una apariencia similar a un alma poseída por un demonio, bajaba las escaleras ondeando un trozo de pergamino al viento mientras llamaba la atención del sheriff en funciones. Apenas un minuto más tarde la explicación de la ausencia de Ameiko fue confirmada.

- "Uff... esto me suena tremendamente raro... ¿no era Tutso un semielfo? Yo no quiero alarmar a nadie... pero creo que deberíamos apresurarnos a la fábrica de cristal; puede que Ameiko pueda estar en problemas!!!"

El mago asió su báculo con fuerza, presto para partir lo antes posible. En ese instante, debido a los recientes descubrimientos, su cuerpo apenas notaba el cansancio acumulado y ahora era la fuerte mente del mago quién gobernaba por completo el espíritu de Dorlam. Fiel a la rutina establecida durante años, el mago preparaba apenas levantarse sus conjuros diarios y ese día por suspuesto no había sido menos.
Avatar de usuario
irloden
 
Mensajes: 2415
Registrado: Jue, 25 Oct 2007 9:15

Re: Cap. 1 - Los Héroes de Sandpoint

Notapor Kazulju » Mie, 22 Abr 2009 11:06

Laetitia Desnae

La cacería fue como ponerse a hacer música usando un rallador de queso en vez de un banjo; podía ser ligeramente divertido, pero sobre todo extremadamente doloroso (y es que no estar acostumbrada a montar a caballo tanto rato repercutía en las posaderas más de lo que la bardo hubiera podido imaginar nunca)

El aire libre, el cambio de ambiente y la conversación de Foxglove supuso un agradable cambio respecto a los últimos días vividos en Sandpoint. Las preguntas, aunque un poco agobiantes en algún momento, dieron pie a algun momento de conversación que consiguió dar una nueva perspectiva de aquel pomposo noble tan snob, que no era tan cabezaloca como podía dar a entender con un vistazo superficial. Foxglove se descubrió como un tipo inteligente, culto y un excelente cazador... tal vez por eso la elfa amante del bosque no lo tuviese en muy buena estima (aunque por los comentarios que hizo después, se dejaba entrever un posible romance que no prosperó ni acabó demasiado bien).

A la vuelta el noble se deshizo en elogios hacia ellos y Laetitia correspondió - Señor Foxglove, debo decir que me ha impresionado, por sus comentarios creía que solamente era un aficionado en esto de la caza pero ya veo que es todo un experto. Su pericia con el arco y siguiendo rastros es increible, es posible que pueda hacer llegar la historia de esta cacería hasta los fuegos de los campamentos varisios y se extienda por toda le región... y también es todo un caballero, le honra ser tan discreto en lo referente a la exploradora, vista su reacción al verle temía que tal vez su afición a la caza y maestría con el arco pudieran haber sido fuente de rencor o envidia por su parte, no pensaba que hubiera podido pasar algo personal entre ambos y mucho menos que se hubiera dedicado a airearlo o fanfarronear sobre ello, le ruego que me disculpe si le he ofendido o he dado una impresión equivocada.

Volvieron al Dragón Oxidado, y mientras el noble se ocupaba de los pormenores de dejar los caballos en el establo, los perros en lugar seguro y manipular las piezas de caza, Laetitia conjuró antes de entrar el truco mágico que le permitía asearse y quitarse el polvo del camino, el sudor y el mal olor, primero sobre el mago y luego sobre ella - Es un pequeño truco que aprendí de una matrona varisia con la que viajé durante un par de estaciones - dijo guiñando un ojo al mago, a modo de explicación. Allí, en una mesa estaban Kaddok, Rictor y... - ¿Minvant? - preguntó sorprendida antes de sentarse junto a ella y preguntarle al ver las caras que tenían sus acompañantes - ¿Estas bien? ¿Qué ha pasado?

- Pues... - la sacerdotisa no sabía como empezar y era evidente que ni era agradable ni facil para ella contarlo. Laetitia le cogió la mano intentando darle ánimos. Minvant empezó a contar lo ocurrido hasta que no pudo continuar. Laetitia pasó el brazo por el hombro de la sacerdotisa mientras con la otra mano seguía cogiéndole la mano esperando que no se derrumbara y Kaddok terminó de contar lo ocurrido.

Laetitia susurró a Minvant tranatdo de tranquilizarla - Shhh... tranquila, ya ha pasado. No pudisteis hacer nada, ya había pasado todo cuando llegasteis, piensa que por lo menos el resto de familia está bien y...

- Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay.... - La voz de la cocinera, llena de preocupación llegó desde el piso de arriba, seguida por la mediana totalmente alterada con un papel que agitaba delante de Kaddok - Mira, mira, miraaaaaaaaaa - exclamaba fuera de sí. Cuando explicó lo sucedido y leyó la nota la bardo se quedó paralizada unos instantes antes de reaccionar

- ¿Pero que...? - exclamó Rictor, seguido por Dorlam, que más analítico dijo lo que todos estaban pensando

- ¡¡Lo sabía!! - exclamó levantándose echando mano al equipo de caza con tanto ímpetu que casi tira la silla - Vamos a la fábrica... solo espero que no sea demasiado tarde.
Caballero andante de la Vieja Guardia, romantico quijotesto que se mantiene en pie sostenido únicamente por la voluntad de no caer y la sangre y el barro seco en las juntas de la armadura, que le impiden doblar la rodilla.

Primigenio en sus (escasos) ratos libres

A.K.A. Regina ex Jerbiton (IR)
Avatar de usuario
Kazulju
 
Mensajes: 9967
Registrado: Lun, 18 Jun 2007 14:31
Ubicación: La ciudad con todas las vocales acentuadas: ZÁrÁgÓzÁ

Re: Cap. 1 - Los Héroes de Sandpoint

Notapor SirAlexander » Mie, 22 Abr 2009 12:59

Kaddok

Día de cenizas, cuando las llanuras de fuego son recorridas por un viento húmedo, alto, muy, muy alto, el calor y las chispas caen sobre la tierra cubrinedolo todo de cenizas. Gris el cielo, gris la tierra, gris el agua, gris la gente, día de cenizas, cenizas del alma. Un manto cada vez más pesado cubría los hombros de Kaddok, a medida que pasaba el día la tristeza iba haciendo mella en su temple.

Primero perdió la amistad de Minvant, luego el terror de una familia que ya no tendría sustento, y que viviría aterrorizada por años, y ahora Ameiko. Miró sus vendas, él mismo se había aplicado algo del ungüento que le habia dado Hannah y había utilizado un trozo de tela para apretar la mordida y evitar el sangrado. Había salido de la habitación antes que los otros, era su deber decirle a Amele que sus hijos ya no tenían padre, que el padre no podría pedir perdón a su hijo por no haberle creido. Acompañó a la familia hasta el Dragón, no era posible que volvieran a su casa, no querían estar en su casa, no los culpaba, y allí esperó a que el resto llegara.

Ya no le importaba que Minvant se ocultara, cuando se cansara de la máscara se la quitaría, ya no era asunto suyo. Se paró en silencio mientras escuchaba de fondo a los demás reaccionar ante la carta, él necesitaba acción, necesitaba encontrar a Ameiko, necesitaba sentir que de algo servía que él fuera el sheriff. Sin decir palabra se acercó a la puerta, volvió a mirar sus vendas y se giró hacia la mesa. - Quien quiera venir que lo haga, yo iré a la fábrica. - se sentía mal por no haber hecho caso al instinto de Ivtolt, se sentía mal por haberle fallado a Minvant, a Ameiko, a Amele. Debía compensarlo, o aceptar que no servía para el trabajo.
Avatar de usuario
SirAlexander
 
Mensajes: 5361
Registrado: Dom, 15 Abr 2007 17:53

NotaMensaje borrado por Avhin en Jue, 23 Abr 2009 12:18.

Re: Cap. 1 - Los Héroes de Sandpoint

Notapor Chugo » Jue, 23 Abr 2009 11:40

Hiflen Milner

Por mucho que los eruditos insistan, el saber no está en los templos o en libros cogiendo polvo en las estanterías, todo el saber que necesitas está en las tabernas. Un oído entrenado puede escuchar entre los parroquianos y comunes todo lo que necesita saber.

Así que no es de extrañar que el primer sitio al que fuera Hiflen sea la taberna. Después de haber perdido todo el día intentando seguir el rastro de los goblins, necesitaba volver a su territorio. La campiña no estaba hecha para él, necesitaba la gente, las calles, si no podía encontrar el rastro de los goblins, al menos en Sandpoint encontraría a alguien que lo hiciera por él. Después de una amigable charla con la tabernera, se fijó en la entrada del variopinto grupo que iba tomando sus asientos. Un shoanti, una joven encapuchada y lo que sin lugar a dudas era un noble, por instinto profesional calculó rápidamente lo que podría pesar la bolsa del joven noble…

Habrá que mirar un día lo que esconde en sus bolsillos
- se dijo así mismo con una media sonrisa.

No obstante su instinto al fijarse en esa mesa no le había fallado, estaban hablando de una terrible desgracia. Algo relacionado con una desgracia ocurrida a una familia, algo relacionado con goblins. Nunca existen las casualidades, en una zona tan relativamente tranquila como esta tanta actividad de los trasgos no es algo normal. Prestando más atención a su conversación y a la tabernera parece ser que hay una fábrica de vidrio en la ciudad, y que en ella sucede algo que puede estar relacionado con los goblins. Recuperar su anillo era cosa de vida o muerte, debía llegar al fondo del asunto de los sucios pielesverdes y cuanto antes.

Parecía que iban a partir inmediatamente a la fábrica de vidrio, así que tranquilamente dejó encima de la mesa unas monedas para pagar la cena y salió del Dragón Oxidado. Oculto entre las sombras de un callejón esperaba la salida del grupo, les seguiría hasta la fábrica y ya allí decidiría su siguiente paso. En principio no resultó ser un mal plan…
Avatar de usuario
Chugo
 
Mensajes: 38
Registrado: Jue, 16 Abr 2009 23:35

Re: Cap. 1 - Los Héroes de Sandpoint

Notapor Avhin » Jue, 23 Abr 2009 18:56

La carta había revelado algo importante: la identidad del pataslargas de orejas picudas que había estado detrás de los ataques. O eso es lo que los héroes interpretaron. Tutso era un semielfo, el hijo bastardo de la familia Kaijitsu, una de las cuatro familias que fundaron Sandpoint. Todo esto sumado al hecho de que Ameiko llevaba desaparecida dos días (según lo que había dicho Bethana) pusieron en marcha a todos los héroes de Sandpoint hacia la fábrica.

Minvant fue la única que se quedó sentada, pillada por sorpresa. Kaddok, como sheriff, no obligó a nadie a ir, pero Laetitia ya estaba a su lado. Quería descubrir la verdad y hacerle pagar caro a Tutso todo lo que había hecho, si era realmente el culpable. Dorlam puso de manifiesto sus hipótesis, mientras que Rictor, como buen iomedita, debía impartir justicia, así que los cuatro salieron de la posada. La sacerdotisa se quedó atrás, estaba demasiado asustada y ninguno le había pedido expresamente que los acompañara.

Los vio salir, quedándose junto a la halfling, que arrugaba la carta de Tutso entre sus manitas con los ojos inundados en lágrimas.

- Traedla de una pieza, por favor - chilló. - Sí, Ameiko es una gran guerrera, pero su hermano está loco - le explicó a Minvant. Luego la puso al día sobre el enredo familiar de los Kaijitsu. Cómo la madre de Ameiko había tenido un idilio con un elfo y de aquella relación había nacido Tutso, como veinte años después, al morir la madre, Lonjiku y Tutso se habían peleado en el cementerio delante de todo el pueblo y el semielfo había huído a Magnimar. Luego estaba la historia de Ameiko, que se fue de aventuras tras la pelea que Tutso tuvo con su padre, ya que ambos hermanos se querían mucho, y al regresar, fundó el Dragón Óxidado. Como Lonjiku pensaba que el trabajo de tabernera no era digno de una noble, la desheredó.


Entre tanto, Ivtolt era el único que no tenía conocimiento sobre la carta. Decidido de una vez por todas a salir de Sandpoint y volver con su tribu, el monje reunió a sus lobos y puso rumbo a la puerta norte, después de acompañar a Foxglove a dejar las monturas (al final los perros y los lobos se habían hecho buenos amigos). Faltaban unos metros para llegar a la salida cuando algo empezó a cambiar a su alrededor. El ambiente. Era demasiado agobiante, demasiado asfixiante. Calor, hacia demasiado calor. Todo se estaba quemando. El pueblo, la gente, los árboles, todo estaba en llamas. Enfrente un altar, sobre el altar un cuerpo ya muerto, frente al cuerpo una mujer humana de cabellos rojos, de cabellos de fuego. En su zurda una daga, su diestra era la garra de un demonio. El arte de la nigromancia.

El shoanti parpadeó de nuevo y la brisa fresca acarició su rostro. Una visión. Sus lobos estaban nerviosos. Al bajar la mirada encontró algo que brilló a sus pies. Al agacharse, encontró un fragmento de cristal...

-------
Continúa en Cap. 2 - Ira y Cristal
Avatar de usuario
Avhin
 
Mensajes: 5692
Registrado: Mar, 17 Abr 2007 9:51

Previo

Volver a Ofrendas Ardientes [Pathfinder D&D 3.5]

Quién está conectado

Usuarios navegando este foro: No hay usuarios registrados visitando el foro y 1 invitado

Powered by phpBB © phpBB Group