por SirAlexander » Sab, 08 Nov 2008 13:50
Roy se quitó la chaqueta y a apoyó sobre los hombros de Dagmar, para cubrir su desnudez en caso de que ella pudiera verlo. No sabía hasta que punto podía Dagmar saber cuándo él estaba en sus sueños.
- Ah - dijo sorprendida cuando sintió el contacto de la chaqueta. - Estabas ahí... - susurró y agachó la cabeza mientras se ocultaba hasta las piernas con la prenda.
- Si, ¿qué pasó después de eso?, ¿para qué lo inspiraste? - preguntó Roy como si fuera lo más natural del mundo mientras se ponía a su lado y pasaba el brazo sobre sus hombros.
- ¿Pasar? - sonrió con ironía. - Nada, después de eso no volvió - gimió y se dejó caer sobre el costado de Roy. - Quizás tardé demasiado en decidirme... ¿no crees?
- ¿Cuantos años tenías?
- 18...
- No creo que hayas tardado demasiado, cada persona tiene su tiempo. - acarició su cabello y le sonrió - Lo que no entiendo es eso de que lo inspiraste, ¿Para qué?
- No lo he inspirado... - se levantó un poco y lo miró. Sus rasgos eran más jóvenes que los que había visto, más infantiles. - No controlo lo que sueño, ¿y tú?
- Tampoco, pero te repito sus palabras: "Eres genial, princesa, pero tengo que irme. Te quiero, nena, pero me has inspirado y no puedo dejarlo pasar, prometo volver " le acarició el rostro y trató de ver si sus ojos eran tan jóvenes como su cuerpo - ¿A qué se refería?
- A un cuadro... que pintó. Y fue todo un éxito, al parecer...
- O sea que te vio desnuda y pintó un cuadro, pero no fue capaz de volver a hacerte el amor. - Roy meneó la cabeza - Él se lo perdió, aunque entiendo que te haya dolido su actitud.
- Iba a ser mi primera vez - suspiró, mirando por la ventana de su apartamento. - Luego lo hicimos... pero tardé dos semanas en volver a atreverme...
- Si, me imagino que debe haber sido duro para ti, pero el problema es de él, no tuyo. - La miró le sonrió y besó su frente, no se acostumbraba a la apariencia aniñada de su mujer - Aunque sé que el comentario llega tarde, al menos espero que te sirva para saber que yo sí te quiero.
Se rió y se estrechó a él, compartiendo el abrigo. - Eh... - se removió debajo y sacó del cinturón un revólver. - ¿Y esto? - dijo sosteniéndolo del cañón.
Roy miró el arma, extrañado - No creí que los objetos pudieran pasar aquí - dijo tomando el arma y dejándola en el bolsillo de la chaqueta - Lo tengo cerca de la cama por si llego a necesitarlo. - Le guiñó el ojo - Ya te dije que estas saliendo con un tipo paranoico.
Ella metió la mano debajo y comprobó que el arma estuviese ahí otra vez, en el proceso lo abrazó metiendo otra mano debajo de su camiseta y ronroneó. - Mejor un tipo paranoico que uno que no me mire cuando me ofrezco...
- Me alegro que lo veas así - dijo acariciando su mejilla y sus labios - Por qué no puedo dejar de mirarte
Volvió a emitir una risita y le dio un beso en los labios. - Puedes mirarme si quieres mientras después no salgas corriendo por esa puerta - señaló la entrada de su apartamento
- No, no pienso salir corriendo - Le dijo después de responder al beso - Creo que me gustaría saber que fue lo que se perdió el tonto cuando abandonó esta habitación. - una mano recorría la espalda de la chica mientras la otra acariciaba su rostro.
- ¿Si? - tembló ella. - Y yo que dudaba si pedirte que fueses el primero - ronroneó.
- El primero y el último - dijo el llevando su mano de la espalda al nacimiento de su trasero, y acercando su boca a la de ella Dagmar jadeó y lo besó apasionadamente, mientras sus manos se aferraban a sus cabellos para que no se separase. Él la acercó poco a poco a su cuerpo, besándola con pasión y acariciando su trasero y sus piernas, la levantó en andas y mirándola con lujuria preguntó - ¿Donde?
- En la cama... - susurró con un gemido. - En el sofá... en el pasillo, en el suelo... - enumeró besándolo y haciendo pausas para hablar y respirar.
- El sofá primero - dijo entre besos - más cerca - se acercó al mismo y se dejó caer en el mismo, haciendo que ella aterrizara sobre él.
Se rió divertida y lo rodeó con los brazos, la chaqueta estaba en el suelo al lado de su camisón y su cuerpo desnudo le transmitía calor cuando se apretaba a él. – Vale
La abrazó y la pegó a su cuerpo, acariciando su espalda y pasando las manos por todo su redondo trasero hasta llegar a sus piernas - Quieres que me desvista lento o rápido? - preguntó entre jadeos, el bulto de su entrepierna evidente bajo ella
- Como tú quieras... - ronroneó. Bajó las manos por delante de su pecho y luego sus manos jugaron bajo la ropa. - Si quieres te ayudo - le mordió los labios empezando a desabrochar el cinturón.
- Puedo hacerla desaparecer si quieres, pero si quieres quitármela tú, adelante, soy todo tuyo. - besó su mejilla y lamió su oreja mientras hablaba
Después de pelearse con el cinturón siguió con el botón para terminar con la cremallera y dejar caer la mano sobre la ropa interior. Jugó con la lengua antes de mirar abajo y reírse. - ¿Rojo? - susurró en su oído.
- Tu favorito - le susurró mientras sus dedos se colaban desde atrás hacia su sexo, pasando por todo su trasero. La otra mano aferró uno de los pechos y bajó la cabeza para besar el pezón. Ella jadeó cuando sintió sus dedos y dejó hueco suficiente entre sus piernas alzándose, aprovechando al mismo tiempo para bajar un poco sus pantalones y meter la mano dentro de la prenda roja. Sus dedos ardían como nunca, incluso sobre su torso cuando tironeó de la camisa.
- Dios, me quemas - jadeó Roy mientras su mano acariciaba los labios y perdía la concentración, su ropa se esfumó, quedando ambos desnudos sobre el sofá. Dagmar emitió un pequeño jadeo, pillada por sorpresa y miró a Roy a los ojos después de levantarle la cabeza tirando de su pelo, mientras con su otra mano rodeaba su sexo por completo. Se fundió con él en un beso ansioso y sin medida, mordiendo y lamiendo sin control. Él respondió con la misma pasión, acariciando su sexo y sus pechos sin ningún tipo de ritmo, más apasionado que sabio, una vez más adolescente desenfrenado, aunque mas no fuera por un momento.
La muchacha lo acarició con torpeza mientras jugaba con los dientes y la lengua. Besó sus mejillas y su cuello, al tiempo fundió su pecho al de él, para sentir sus latidos y el calor de su piel, la pasión de su cuerpo. Poco a poco él fue calmando las caricias, acariciándola donde sabía que le gustaba, de la forma que le gustaba, y yendo un poco más lejos al jugar con su trasero y sus pechos. Con pequeños ronroneos Dagmar se recostó sobre él, acomodando sus piernas y sus brazos, dejando libre su sexo para usar las manos en otras caricias. Apretó un poco las piernas a sus caderas y se impregnó del calor de Roy, de sus manos, respirando con más calma pero más pesadamente. Besó su cuello y fue bajando despacio por su pecho con los labios.
La dejo hacer mientras el dejaba volar libre sus dedos retirándolos si notaba resistencia o incomodidad, insistiendo si veía que el placer la inundaba. La joven dio pequeños besos a su pecho, a su torso, acariciando con las manos cuando el rastro húmedo desaparecía. Regresó por el mismo camino y jugueteó con la oreja de Roy, dándole mordiscos y emitiendo pequeños gamitidos cuando las manos de él alcanzaban un lugar demasiado sensible.
La besó con pasión, sus dedos exploraban con ternura, buscando llevarla al punto en el cual nada importase, en el cual lo único que quisiera fuera acabar. Sus gemidos fueron ahora jadeos pesados, dedicados a él, para que supiera que lo mucho que ansiaba sus caricias y su cuerpo. Le acarició los labios y frotó sus piernas al cuerpo de Roy, acercando el calor de su entrepierna, invitándolo a entrar y a quemarse con ella.
La tomó de las nalgas y con cuidado la acomodó para que la punta de su lanza se acomodara en su cueva virgen, antes de empujar buscó sus ojos y la miró con intensidad, besándola con ternura y pasión al tiempo que empujaba poco a poco. Los dedos de Dagmar se clavaron en sus hombros, apretó las manos y el cuerpo como si realmente sintiera que era su primera vez, gimió primero de dolor pero se ahogó en un jadeo placentero. Roy fue recibido con calor y humedad, con la suavidad de su interior y ella fundió su piel ardiente a la del hombre para quedarse muy quieta cuando entró por completo.
Esperó, con paciencia, a que se sintiera más cómoda, antes de empezar a moverse, besándola con ternura y acariciando su cuerpo. Cuando ella fue capaz, siguió los movimientos de Roy, primero despacio, respondiendo con distracción a sus besos y apretándose a él lo más que podía, queriendo llegar más lejos y que él fuera más allá, que la quemara por completo llegando dónde nunca antes nadie había llegado. Se frotó una vez contra su pecho y se levantó, arqueando la espalda para que sus cuerpos quedasen más apretados, sosteniéndose únicamente con las manos en los hombros de Roy.
Él lamio sus pechos antes de tomarlos con sus manos y comenzó a embestirla profunda y lentamente, acelerando poco a poco sus movimientos. Dagmar se puso más derecha y apoyó las manos en las manos de Roy, para que sus embestidas llegasen más lejos todavía, todo lo profundo que ella necesitaba. Sus jadeos, ahogados y profundos aumentaban con los movimientos, sus ojos buscaban los de Roy, sin poder contenerse, se tumbó sobre él y ahogó sus gemidos en sus labios, apretándose con más fuerza cada vez.
El ritmo se volvió frenético, el ruido de sus pieles chocando y sus jadeos y gemidos era lo único que se oía, la tomo de las nalgas y acompañó el ritmo apretándola al cada vez que se juntaban
Ella lo rodeó con sus brazos y se fundió con él, se apretó tan fuerte que no quiso separarse y cuando se quedó quieto su cuerpo tembló intensamente mientras descargaba en los labios de Roy un largo suspiro, atrapándolo en su interior en un latido que pareció interminable. Roy se dejó ir dentro de ella, en largos espasmos, inundándola de calor y apretándola contra sí mismo.
La joven tardó en recuperarse, quedándose de nuevo muy quieta recostada encima de él, llenándose de calor. Se removió un poco, como si quisiera asegurarse de que él aún estaba con ella y apoyó la cabeza en su hombro, dándole pequeños besos mientras su respiración se relajaba. El acaricio su cuerpo, largamente, disfrutando de su piel tersa y besando sus labios con ternura
El tiempo pasó despacio, Dagmar se separó de él para tumbarse a su lado, apretados los dos en el estrecho sillón. - Cuando salga del hospital, lo primero que haremos será estrenar mi sillón... - dijo con emoción.
- Me parece un buen plan, - dijo el acariciándola - debes recuperarte pronto entonces.
- Sí, eso lo sé... - le dio un beso largo y le acarició los labios y el cuerpo. - ¿Por qué siempre soñamos con mi casa?
- Supongo que será porque soy yo quien te visita en tus sueños - dijo él encogiéndose de hombros - Quizá sea porque tú eres la primera en dormirte.
- O tal vez porque es un lugar que los dos conocemos... Yo no sé cómo es tu casa - se apretó a él para entrar en calor.
- Quizá, si quieres te puedo traer fotos, y cuando salgas te puedo hacer una visita guiada. - le acarició el rostro
Se rió divertida. - ¿Una visita guiada haciendo parada en todas las habitaciones? – ronroneó
- Y en todos los muebles y alfombras, con opción de escuchar la historia o crear una nueva. - rió con ella
Compartió la risa y subió sobre él, tumbándose todo lo larga que era. - Ya estoy deseando ir... - le dio un beso tierno y largo, y cuando el ánimo de la joven empezaba a aumentar, la puerta de la casa se abrió con un golpe seco y por la puerta entró un hombre que no tardaron en reconocer.
- Tu estas soñando con él? - fue lo primero que atinó a preguntar Roy, uno de los dos debía haber pensado en él para que apareciera en el sueño. Al menos ese era el razonamiento del detective. - ¿O he sido yo?
- No lo sé - fue lo único que pudo decir, se estaba poniendo pálida por momentos, además de roja de vergüenza.
- Serás puta - gritó Adrian cruzando el salón en dos zancadas para llegar hasta dónde ellos con los puños cerrados y alargó la mano para agarrar a Dagmar del pelo.
Roy estiró la mano para frenarlo, pero a último momento la cerró en un puño que dirigió hacia su mandíbula mientras se interponía entre ellos. Adrian recibió el golpe, frenó y retrocedió, tropezando con una mesita que había delante del sofá y cayó al otro lado con los pies por encima. Dagmar lo observó todo con atención con aspecto de encontrarse mal y se escudó tras Roy. El joven volvió a la carga, se levantó y se lanzó a por Roy.
Roy calculó la embestida y se paró en el último momento, lanzando al tiempo un gancho a la boca el estómago del chico. No quería hacerle más daño del necesario, aunque estando en un sueño no significase nada. El joven se dobló por falta de respiración, Dagmar chilló detrás de Roy y se movió para levantarse y cubrirse con algo mientras el joven recuperaba aliento.
Roy tomó a adrian del cabello y, aprovechando su incapacidad se lo llevo lejos del sillón. - Vamos a ver Adrián, ¿Qué demonios haces aquí?
- Eso debería preguntártelo yo, hijo de puta - masculló cuando pudo respirar con lágrimas en los ojos. - ¿Desde cuándo te la estás tirando? ¡¿Y tú?! ¿Desde cuándo me engañas con este gilipollas, eh? - preguntó a Dagmar.
- La perdiste hace años, cuando la cambiaste por esa chica negra - dijo Roy masticando sus palabras - Aún no entiendo porque vuelves si nunca la respetaste ni la comprendiste.
- ¿De qué chica negra hablas, pedazo de mierda? - se revolvió con una fiera para que Roy le soltar del pelo y lo miró dolido y confuso, a él y luego a Dagmar.
- Roy... - musitó la chica, con la voz tomada. - Mírale... es más joven...
Lo miró, en efecto era un crio y lo soltó - No sé si seas tú soñando esto o que mierda pase, este es un sueño de Dagmar y mío. Tampoco sé si te sirva de algo, han pasado más de cinco años desde que Dagmar se te ofreció y elegiste pintar tu cuadro. La dejaste luego por una chica porque no supiste entender que su hermana la necesitaba. Un consejo, vuelve a dormirte.
A Adrian le temblaba el labio de pura rabia, los ojos estaba llenos de lágrimas, se sentía verdaderamente traicionado por la, en teoría, infidelidad de Dagmar y para colmo, aquel hombre se estaba burlando de él. No comprendía nada de lo que Roy le estaba diciendo pero la ira crecía en su interior haciéndose presente en la habitación. Dagmar gimió y luego chilló, cuando Roy sintió que algo afilado atravesaba su costado izquierdo. - Esta me la vais a pagar... - dijo el joven mientras retorcía la navaja que, aparecida de la nada, había clavado entre las costillas de Roy
- Cachorrito, te has metido con el león equivocado. Lamento que sea así - Dijo Roy Ignorando el dolor y tomando a Adrian del cuello - He dicho fuera, tu tiempo ha pasado - dijo llevándolo hacia la puerta. Ahora se hacía evidente que el chico no era parte del sueño sino un soñador. - No eres el único que sabe jugar de este lado del espejo Alicia - dijo al tiempo que materializaba un arma en su mano y la apuntaba al chico.
Adrian arrancó la navaja del costado y con una pericia que Roy no esperaba le clavó la hoja en la muñeca, alejando así el cañón de su cuerpo El chico lo estaba sacando de sus casillas, además de convertirlo en alfiletero, sólo había una forma de terminar esto y lamentaba el dolor de cabeza que tendría el chico al día siguiente. - Nos vemos Adrián - dijo al tiempo que materializaba una escopeta de dos caños bajo su barbilla con la otra mano y apretaba ambos gatillos.
Roy se levantó mareado y con un dolor punzante en el costado, llevó la mano allí pero no encontró una herida sino el percutor del arma presionando sobre sus riñones. Estaba desorientado, debía saber cómo se encontraba Dagmar y en un estado de semi vigilia salió de la habitación y se dirigió hacia la de ella.
Al salir al pasillo la luz que había taladró sus ojos y el ruido de las enfermeras y personal yendo y viniendo fue peor todavía para el dolor de cabeza que tenía. - Capitán, ¿se encuentra bien? - preguntó Simmons nada más verle.
- No, mala pesadilla, necesito ver a Dagmar - dijo cubriéndose los ojos con la mano y luchando con su cuerpo para no tambalear.
El agente hizo que se sostuviera en la pared cercana. - Aún no es hora para las visitas, capitán, no puedo dejarlo entrar, está durmiendo todavía.
Trató de pensar, de que el pánico que sentía le permitiera reaccionar normalmente. Aferró a Simmons de la solapa - Necesito saber que está bien. ¿Lo entiendes? - preguntó con una desesperación que él mismo reconoció como irracional.
La mirada del agente se volvió de piedra, se estaba burlando de él, no quería dejarlo entrar en la habitación, seguro que estaba con el enemigo. - Lo siento... - comenzó a decir
Roy miró a Simmons con suspicacia, no querían decirle lo que sucedía, algo debía haber pasado - No me mientas, algo le pasó a la chica y no quieres decírmelo. - Sentía como el calor subía por su espalda, su corazón latía demasiado rápido y le costaba controlar el temblor de su cuerpo.
Simmons lo miró sin comprender, como si estuviese compadeciendo de él. - No, capitán... - empezó a decir. En ese momento un grito agudo se escuchó desde la habitación de Dagmar.
Roy soltó a Simmons e intentó correr hacia la habitación, sabía que algo no andaba bien. Simmons corrió con él, aunque intentando adelantarlo, dos enfermeras más se unieron a la carrera. Roy entró como una bala en la habitación, Dagmar estaba erguida en la cama, totalmente despierta, la mirada desenfocada, la respiración agitada y el corazón alterado. Como si hubiese despertado de golpe.
- Fue una pesadilla amor - fue lo primero que salió de sus labios, aún antes de llegar hasta ella y abrazarla. Ella se deshizo en lloros cuando él llegó a sus brazos y se apretó fuerte para saber que estaba ahí, que estaba bien, que lo había soñado. Simmons y las enfermeras los observaron algo confusos, una de ella se acercó a la cama para comprobar las constantes mientras la otra buscaba a Perry. Poco a poco fue calmándose, a medida que comprobaba que estaba bien, asustada pero bien. - Por favor, dime que no te duele la cabeza. - susurró en su oído
"No" susurró muy bajo, el grito había agravado cualquier mejora en su voz y ni siquiera podía hablar más alto, solo llorar. "Ha sido peor..."
- Estoy aquí, cuéntame que pasó
Controló la respiración y lo miró sollozando sin control. Cuando se disponía a hablar, el doctor entró en la habitación y una enfermera le pidió a Roy que se alejara de la cama de la mujer. - ¿Qué ha sucedido? - dijo intentando que ella volviera a tumbarse en la cama.
- Una pesadilla - dijo Roy, se resistía a decir que la habían compartido, lo único que faltaba era que lo encerrasen en un loquero. Sin embargo le preocupaba Dagmar, necesitaba saber que había pasado luego de que había despertado. Perry empezó a preguntarle a Dagmar cosas cotidianas, qué día era, como se llamaba, mientras comprobaba que todo estuviese bien, incluidas sus cuerdas vocales. Pidió al agente y a Roy que salieran un momento mientras se aseguraban de que su situación no se hubiera agravado. Fuera, Simmons miró a Roy con algo de preocupación.
Roy, más calmado, se encogió de hombros en un gesto entre el abatimiento y la ignorancia. - Soñamos lo mismo, o al menos eso creo, no sé cómo. - hizo un gesto vago - O al menos creemos eso.
Simmons lo miró esta vez con escepticismo levantando las cejas. - No soy quién para juzgarle, capitán, pero... ¿cómo sabía que a la señorita le iba a pasar algo?
- Te lo acabo de decir, soñamos lo mismo y yo tuve una pesadilla, puedes creerme o no. - no le dijo que lo que le preocupaba era que ella hubiera seguido soñando y que él se hubiera despertado antes.
- Vale, sí, pero... ¿cómo sabía antes de entrar que ella iba a tener una pesadilla?
- Porque en el sueño apareció el ex y me apuñaló antes de que le volara la cabeza. Lo que no sé es si me desperté porque el muerto en el sueño fui yo.
La explicación dejó a Simmons más confuso que antes, pero como Roy hablaba en serio, la mirada del agente se volvió preocupada. - Jefe, si quiere tomarse unas vacaciones puedo recomendarle un buen lugar para descansar...
- Sabía que dirías algo así, no tengo una explicación racional par lo que pasó, si eso es lo que buscas. - se palmeo los bolsillos buscando algo - Y te acepto ese cigarrillo. - dijo a modo de pedido
Los ojos de Simmons se entrecerraron. - No estará fumando hierba, ¿no, jefe? No es que me importe, pero podría mirar por su salud un poco más...
- No Jack, no fumo cosas raras desde la prepa, aunque si me están pasando cosas bastante raras últimamente. - le palmeó el brazo - ahora, si por favor me convidas un cilindro de tabaco para calmar mis nervios, te lo agradecería.
Suspiró y sacó una caja que guardaba dentro del chaleco. - Estoy dejando de fumar, debería hacerlo usted también, jefe - y le tendió uno
- Yo también trato de dejarlo, pero ahora necesito uno. Es esto o liarme a golpes con alguien, y dudo que tengas tiempo para ponerte los guantes.
- Puedo prestarle los míos y un saco - añadió después de pasarle un mechero para que encendiera el cigarrillo.
- No sé, si el saco responde los golpes te lo acepto. - dijo sonriendo - Si me llaman avísame, estaré en el pasillo de fumadores
- A sus órdenes
Roy se fue a fumar y a pensar en lo que podía haber pasado. Quizá Adrian había sido tan rápido que le había hecho volarse la cabeza y luego se había quedado a solas con Dagmar, o no, pero como fuera ella se había quedado sola en el sueño. Trató de quitarse de la cabeza las posibles consecuencias de sus acciones, después de todo eran sólo sueños, y esperar hasta hablar con ella. Cuando estaba a punto de terminar el cigarrillo, recibió un aviso de Simmons, y cuando volvió, Perry estaba en la puerta apuntando algo en el historial de Dagmar
- Buenas noches Doc., ¿Cómo se encuentra? - dijo más calmado
- Bastante alterada, pero ya se ha tranquilizado y quiere verle
- Gracias, ¿alguna recomendación?
- Que la tranquilice más y se coma su desayuno, entero - remarcó con énfasis
- La cena la comió casi completa, a menos que quiera descontar un bocado de la carne. - dijo con una sonrisa antes de entrar
Perry hizo una mueca y se marchó. Dagmar tenía otra vez el semblante pálido y tembloroso, los ojos llenos de lágrimas y suspiros de horror la rodeaban.
- Vamos pequeña, tranquila, ya estoy aquí - dijo mientras se acercaba y se sentaba a su lado. La abrazó y la dejó llorar, acariciándole el cabello y besando su frente y sus mejillas.
Ella tembló entre sus brazos y lloró, tocándolo para asegurarse otra vez que estaban despiertos. Buscó sus labios para comprobar que fuesen reales y volvió a llorar un rato más. Él la besó con ternura, dejándola desahogarse por completo antes de preguntarle nada. Cuando dejó de temblar, se relajó y volvió a besarlo con más calma. Luego lo miró fijamente a los ojos, buscando quizás que fuese real.
Le sonrió y le devolvió la mirada, - ten cuidado que me hundo en esos ojos hermosos. - le dijo tocándole la punta de la nariz con los labios
Sonrió con los ojos húmedos y lo besó hasta que perdió el aliento, acariciándole el rostro y el cabello. Cuando quiso hablar, recordó algo horrible y volvió a abrazarlo. "Me quedé sola"
- Desperté después de disparar - dijo Roy acariciándola - Perdóname, no era mi intención dejarte sola.
"El que disparó ya no eras tu... Cuando te diste la vuelta..." tosió con la voz tomada, se esforzaba por hablar "... el que tenia la escopeta en la mano no eras tú, era otro hombre, que no conozco de nada... luego ese hombre se puso la cara de Adrian y me apuntó con ella y..."
- ¿Te disparó?
"No... me amenazó" gimió y lloró "Estaba desnuda y él también... y luego quiso usar la navaja que tenía clavada en el brazo, se la quitó y me amenazó con ella también..."
Roy se uso pálido sólo de pensarlo - Tranquila pequeña, fue un sueño, una mala pesadilla. Tu estas bien, y yo estoy contigo ahora.
Volvió a llorar con más intensidad. "Me he despertado cuando... cuando me ha matado" agarró la ropa de Roy con rabia y frustración "No he podido despertar antes... ha sido lo peor"
La abrazó con fuerza y la acarició, meciéndola - Tranquila amor, fue sólo un sueño, ya pasó - la besó con ternura y acarició su cabello y espalda. - Te prometo que no volveré a dejarte sola.
Se protegió entre los brazos del detective y se tranquilizó a medida que sus caricias y sus besos hacían efecto. Cuando estuvo completamente serena, se tumbó en la cama y le acarició el rostro y el pelo, enjuagándose las últimas lágrimas. - En cualquier momento nos traerán el desayuno, entre tanto si quieres puedo darte algunos consejos para los sueños. - le dijo Roy sonriéndole Ella asintió limpiándose la nariz con un pañuelo, mirándolo todavía asustada.
- Por empezar, debes saber que nada de lo que pase en un sueño puede dañarte a menos que lo dejes. Y debes aprender a controlar lo más posible de lo que sucede. Por ejemplo las ropas, en un sueño uno puede estar vestido en un principio y desnudo al siguiente, y eso depende de cómo te veas. Lo mismo aplica para objetos, si necesitas algo y realmente quieres tenerlo, bastará con imaginarlo. - Le sonrió - Al menos así me ha funcionado desde pequeño, aunque no siempre lo hace y no siempre tal cual lo deseamos.
Escuchó anotando mentalmente sus consejos y finalmente acabó sonriendo con los ojos llenos de chispas. Levantó su camisa y lo acarició por dentro. "Así que sabías como quitarte la ropa..."
Asintió - ¿Recuerdas que desapareció?
Volvió a asentir con la cabeza, le sonrió, pero luego volvió a sentir un escalofrío. "Fue bonito..." se le ocurrió decir tras un largo silencio.
La besó largamente - Lo fue - la miró apreciativamente - Los años te sientan muy bien - le dijo guiñándole un ojo
Sonrió y se sonrojó. "¿Me harás una visita guiada por tu casa?"
Le sonrió - Esta noche intentaré dormirme antes, y si eso no funciona siempre podemos viajar en sueños.
Se levantó para besarlo con fuerza y le acarició el costado en el que Adrian le había clavado la navaja en el sueño, paseando los dedos entre las costillas buscando tal vez la herida.
Rió mientras la besaba - No está ahí, como te dije es un sueño, no puede dañarte si no lo dejas.
Suspiró "Necesitaba estar segura..."
- Ahora estas segura - le dijo con una sonrisa.