Episodio II [Roy] Juego siniestro

Razón, sentimientos y pasiones. Mente, espíritu y cuerpo. El alma se divide en tres. ¿En cual reside el deseo?
Director: Avhin.
Jugadores: Figaro, Gadea, Sir Alexander, Adisabeba, SamuelVimes.
Jugadores Reserva: --
Plazas libres: --
Periodicidad de los turnos: 1 por semana.

Moderador: Avhin


Episodio II [Roy] Juego siniestro

Notapor Avhin » Lun, 03 Nov 2008 22:18

No era una habitación tan grande y espaciosa como la de Dagmar, pero podría al menos descansar y estar cerca de ella a no más de tres habitaciones. Se recostó como pudo, asegurándose de que la pistola estaba bajo la chaqueta, a mano por si tenía que hacer uso de ella, aunque en el fondo tenia la esperanza de no tener que necesitarla. Una enfermera le trajo una manta, aquella noche hacía bastante frio, normal a principios de Diciembre y unos tímidos copos de nieve habían empezado a caer por la tarde y a esas horas de la noche ya había cubierto las calles.

Después de entrar en calor y acomodarse lo mejor que pudo, trató de dormirse. Las imagenes del accidente, de cómo estaría Allison, de Dagmar llorando hasta quedarse dormida, de las fotos que habían colado en la revista, la cara de imbécil del imbécil de su ex y su estúpida acción de la mañana, todo empezó a mezclarse en su cabeza sin un órden y perdió las ganas de dormir rápidamente. Completamente desvelado trató de pensar en el caso, con las pistas que tenía y las que desconocía, sabía que no podía investigar la muerte de Cordei ni el asalto a la casa de Dagmar y no poder saberlo empezaba a frustrarlo. Además de eso, Anderson lo reclamaría el lunes para ponerlo a trabajar en cualquier otra investigacíón y podría pasar demasiado tiempo fuera sin poder ver o cuidar de Dagmar y sabía que ella, aunque no quisiera, podría deprimirse más si él faltaba. Pero lo peor de todo era que hubieran intentado matar a Allison y a Sanguino. Si realmente no había sido un accidente, tal vez él sería el siguiente. Tal vez intentarían alejarlo del hospital para atacar a Dagmar mientras él estaba visitando a Allison o tal vez, si se encerraba en el hospital con la chica, intentarían matarlos a los dos. Estaba el cerco de seguridad, claro, los agentes vigilaban horas y horas para evitar un ataque, pero no podía dejar de sentirse inseguro.

Y, a pesar de pensar en tantas cosas a la vez, el sueño venció. Estaba agotado, física y mentalmente, Dagmar había despertado esa mañana y había estado con ella todo el tiempo, incluso después de recibir la mala noticia del presunto accidente. Necesitaba desconectar o se volvería loco y por eso acabó durmiéndose dos horas después de haberse acostado.

Lo despertó un timbre. El sonido del mismo le resultó familiar, pero no sabía de dónde provenia. No sabía, en aquel momento, si estaba soñando o se había despertado allí, pero reconoció la casa, la habitación: de Dagmar. Fue por el pasillo hasta llegar al salón, el timbre sonó por segunda vez y vio pasar una melena morena por delante, para luego ver el resto, a una jovencita Dagmar en camisón corto corriendo hacia la puerta. Se le ocurrió mirar por la cristalera de su apartamento, hacia un sol de justica, luz clara, como de verano. La muchacha abrió la puerta con emoción y al otro lado estaba Adrian con cara preocupada.

- ¿Estás bien? ¿Ha pasado algo? Tu mensaje decía que era importante- dijo él entrando y agarrándola de los brazos, tocándola para comprobar que estuviese bien. Pero ella ignoró el gesto y retrocedió hacia el salón, de un empujón lo tiró contra su sofá y mientras él intentaba comprender que le pasaba a su novia ella se subió sobre sus rodillas a horcajadas. El muchacho tragó saliva y antes de poder hablar, Dagmar apoyó ambas manos en sus mejillas y fundió sus labios a los de el en un beso largo y apasionado, tanto, que el chico aún estaba en shock y ni siquiera fue capaz de abrazarla cuando ella se separó. - ¿Qué...? - balbuceó confuso, encontrándose con una sonrisa de ella como respuesta.

- No pasa nada - susurró, con un movimiento se quedó desnuda frente a él, dejando caer el camisón que llevaba a un lado. Desde dónde estaba, Roy pudo ver toda su espalda y su trasero, no había llevado nada debajo. Adrian tragó saliva mientras se le iban los ojos por todo el cuerpo de la muchacha. Ella parecía emocionada y volvió a besarlo con ternura. - No sé por qué tenía tanto miedo, pero ahora ya estoy lista... - confesó con un pequeño temblor. Adrian le devolvió el beso y la rodeó con sus manos, acercándola a su cuerpo. Dagmar apretó las piernas contra las caderas del chico y se fundió en un abrazo con él, besándolo con ansiedad y tratando de quitarle la camiseta para llegar a su cuerpo. Cuando estaba a punto de hacerlo, Adrian apoyó las manos en sus hombros y la separó suavemente.

- Perdona - dijo con voz entrecortada. Ahora era Dagmar la que estaba confusa, Adrian cogió su camisón y se lo puso sobre el pecho para taparla. - Eres genial, princesa, pero tengo que irme - le dio un beso en los labios y la bajó de encima de él para depositarla en el sofá. - Te quiero, nena, pero me has inspirado y no puedo dejarlo pasar, prometo volver - con un último beso, Adrian se levantó con una evidente ansiedad y salió de la casa de Dagmar, dejándola a ella con cara de no comprender aún qué había pasado y el camisón sostenido por sus pechos.
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Re: Episodio II [Roy] Juego siniestro

Notapor SirAlexander » Sab, 08 Nov 2008 13:50

Roy se quitó la chaqueta y a apoyó sobre los hombros de Dagmar, para cubrir su desnudez en caso de que ella pudiera verlo. No sabía hasta que punto podía Dagmar saber cuándo él estaba en sus sueños.

- Ah - dijo sorprendida cuando sintió el contacto de la chaqueta. - Estabas ahí... - susurró y agachó la cabeza mientras se ocultaba hasta las piernas con la prenda.

- Si, ¿qué pasó después de eso?, ¿para qué lo inspiraste? - preguntó Roy como si fuera lo más natural del mundo mientras se ponía a su lado y pasaba el brazo sobre sus hombros.

- ¿Pasar? - sonrió con ironía. - Nada, después de eso no volvió - gimió y se dejó caer sobre el costado de Roy. - Quizás tardé demasiado en decidirme... ¿no crees?

- ¿Cuantos años tenías?

- 18...

- No creo que hayas tardado demasiado, cada persona tiene su tiempo. - acarició su cabello y le sonrió - Lo que no entiendo es eso de que lo inspiraste, ¿Para qué?

- No lo he inspirado... - se levantó un poco y lo miró. Sus rasgos eran más jóvenes que los que había visto, más infantiles. - No controlo lo que sueño, ¿y tú?

- Tampoco, pero te repito sus palabras: "Eres genial, princesa, pero tengo que irme. Te quiero, nena, pero me has inspirado y no puedo dejarlo pasar, prometo volver " le acarició el rostro y trató de ver si sus ojos eran tan jóvenes como su cuerpo - ¿A qué se refería?

- A un cuadro... que pintó. Y fue todo un éxito, al parecer...

- O sea que te vio desnuda y pintó un cuadro, pero no fue capaz de volver a hacerte el amor. - Roy meneó la cabeza - Él se lo perdió, aunque entiendo que te haya dolido su actitud.

- Iba a ser mi primera vez - suspiró, mirando por la ventana de su apartamento. - Luego lo hicimos... pero tardé dos semanas en volver a atreverme...

- Si, me imagino que debe haber sido duro para ti, pero el problema es de él, no tuyo. - La miró le sonrió y besó su frente, no se acostumbraba a la apariencia aniñada de su mujer - Aunque sé que el comentario llega tarde, al menos espero que te sirva para saber que yo sí te quiero.

Se rió y se estrechó a él, compartiendo el abrigo. - Eh... - se removió debajo y sacó del cinturón un revólver. - ¿Y esto? - dijo sosteniéndolo del cañón.

Roy miró el arma, extrañado - No creí que los objetos pudieran pasar aquí - dijo tomando el arma y dejándola en el bolsillo de la chaqueta - Lo tengo cerca de la cama por si llego a necesitarlo. - Le guiñó el ojo - Ya te dije que estas saliendo con un tipo paranoico.

Ella metió la mano debajo y comprobó que el arma estuviese ahí otra vez, en el proceso lo abrazó metiendo otra mano debajo de su camiseta y ronroneó. - Mejor un tipo paranoico que uno que no me mire cuando me ofrezco...

- Me alegro que lo veas así - dijo acariciando su mejilla y sus labios - Por qué no puedo dejar de mirarte

Volvió a emitir una risita y le dio un beso en los labios. - Puedes mirarme si quieres mientras después no salgas corriendo por esa puerta - señaló la entrada de su apartamento

- No, no pienso salir corriendo - Le dijo después de responder al beso - Creo que me gustaría saber que fue lo que se perdió el tonto cuando abandonó esta habitación. - una mano recorría la espalda de la chica mientras la otra acariciaba su rostro.

- ¿Si? - tembló ella. - Y yo que dudaba si pedirte que fueses el primero - ronroneó.

- El primero y el último - dijo el llevando su mano de la espalda al nacimiento de su trasero, y acercando su boca a la de ella Dagmar jadeó y lo besó apasionadamente, mientras sus manos se aferraban a sus cabellos para que no se separase. Él la acercó poco a poco a su cuerpo, besándola con pasión y acariciando su trasero y sus piernas, la levantó en andas y mirándola con lujuria preguntó - ¿Donde?

- En la cama... - susurró con un gemido. - En el sofá... en el pasillo, en el suelo... - enumeró besándolo y haciendo pausas para hablar y respirar.

- El sofá primero - dijo entre besos - más cerca - se acercó al mismo y se dejó caer en el mismo, haciendo que ella aterrizara sobre él.

Se rió divertida y lo rodeó con los brazos, la chaqueta estaba en el suelo al lado de su camisón y su cuerpo desnudo le transmitía calor cuando se apretaba a él. – Vale

La abrazó y la pegó a su cuerpo, acariciando su espalda y pasando las manos por todo su redondo trasero hasta llegar a sus piernas - Quieres que me desvista lento o rápido? - preguntó entre jadeos, el bulto de su entrepierna evidente bajo ella

- Como tú quieras... - ronroneó. Bajó las manos por delante de su pecho y luego sus manos jugaron bajo la ropa. - Si quieres te ayudo - le mordió los labios empezando a desabrochar el cinturón.

- Puedo hacerla desaparecer si quieres, pero si quieres quitármela tú, adelante, soy todo tuyo. - besó su mejilla y lamió su oreja mientras hablaba

Después de pelearse con el cinturón siguió con el botón para terminar con la cremallera y dejar caer la mano sobre la ropa interior. Jugó con la lengua antes de mirar abajo y reírse. - ¿Rojo? - susurró en su oído.

- Tu favorito - le susurró mientras sus dedos se colaban desde atrás hacia su sexo, pasando por todo su trasero. La otra mano aferró uno de los pechos y bajó la cabeza para besar el pezón. Ella jadeó cuando sintió sus dedos y dejó hueco suficiente entre sus piernas alzándose, aprovechando al mismo tiempo para bajar un poco sus pantalones y meter la mano dentro de la prenda roja. Sus dedos ardían como nunca, incluso sobre su torso cuando tironeó de la camisa.

- Dios, me quemas - jadeó Roy mientras su mano acariciaba los labios y perdía la concentración, su ropa se esfumó, quedando ambos desnudos sobre el sofá. Dagmar emitió un pequeño jadeo, pillada por sorpresa y miró a Roy a los ojos después de levantarle la cabeza tirando de su pelo, mientras con su otra mano rodeaba su sexo por completo. Se fundió con él en un beso ansioso y sin medida, mordiendo y lamiendo sin control. Él respondió con la misma pasión, acariciando su sexo y sus pechos sin ningún tipo de ritmo, más apasionado que sabio, una vez más adolescente desenfrenado, aunque mas no fuera por un momento.

La muchacha lo acarició con torpeza mientras jugaba con los dientes y la lengua. Besó sus mejillas y su cuello, al tiempo fundió su pecho al de él, para sentir sus latidos y el calor de su piel, la pasión de su cuerpo. Poco a poco él fue calmando las caricias, acariciándola donde sabía que le gustaba, de la forma que le gustaba, y yendo un poco más lejos al jugar con su trasero y sus pechos. Con pequeños ronroneos Dagmar se recostó sobre él, acomodando sus piernas y sus brazos, dejando libre su sexo para usar las manos en otras caricias. Apretó un poco las piernas a sus caderas y se impregnó del calor de Roy, de sus manos, respirando con más calma pero más pesadamente. Besó su cuello y fue bajando despacio por su pecho con los labios.

La dejo hacer mientras el dejaba volar libre sus dedos retirándolos si notaba resistencia o incomodidad, insistiendo si veía que el placer la inundaba. La joven dio pequeños besos a su pecho, a su torso, acariciando con las manos cuando el rastro húmedo desaparecía. Regresó por el mismo camino y jugueteó con la oreja de Roy, dándole mordiscos y emitiendo pequeños gamitidos cuando las manos de él alcanzaban un lugar demasiado sensible.

La besó con pasión, sus dedos exploraban con ternura, buscando llevarla al punto en el cual nada importase, en el cual lo único que quisiera fuera acabar. Sus gemidos fueron ahora jadeos pesados, dedicados a él, para que supiera que lo mucho que ansiaba sus caricias y su cuerpo. Le acarició los labios y frotó sus piernas al cuerpo de Roy, acercando el calor de su entrepierna, invitándolo a entrar y a quemarse con ella.

La tomó de las nalgas y con cuidado la acomodó para que la punta de su lanza se acomodara en su cueva virgen, antes de empujar buscó sus ojos y la miró con intensidad, besándola con ternura y pasión al tiempo que empujaba poco a poco. Los dedos de Dagmar se clavaron en sus hombros, apretó las manos y el cuerpo como si realmente sintiera que era su primera vez, gimió primero de dolor pero se ahogó en un jadeo placentero. Roy fue recibido con calor y humedad, con la suavidad de su interior y ella fundió su piel ardiente a la del hombre para quedarse muy quieta cuando entró por completo.

Esperó, con paciencia, a que se sintiera más cómoda, antes de empezar a moverse, besándola con ternura y acariciando su cuerpo. Cuando ella fue capaz, siguió los movimientos de Roy, primero despacio, respondiendo con distracción a sus besos y apretándose a él lo más que podía, queriendo llegar más lejos y que él fuera más allá, que la quemara por completo llegando dónde nunca antes nadie había llegado. Se frotó una vez contra su pecho y se levantó, arqueando la espalda para que sus cuerpos quedasen más apretados, sosteniéndose únicamente con las manos en los hombros de Roy.

Él lamio sus pechos antes de tomarlos con sus manos y comenzó a embestirla profunda y lentamente, acelerando poco a poco sus movimientos. Dagmar se puso más derecha y apoyó las manos en las manos de Roy, para que sus embestidas llegasen más lejos todavía, todo lo profundo que ella necesitaba. Sus jadeos, ahogados y profundos aumentaban con los movimientos, sus ojos buscaban los de Roy, sin poder contenerse, se tumbó sobre él y ahogó sus gemidos en sus labios, apretándose con más fuerza cada vez.

El ritmo se volvió frenético, el ruido de sus pieles chocando y sus jadeos y gemidos era lo único que se oía, la tomo de las nalgas y acompañó el ritmo apretándola al cada vez que se juntaban
Ella lo rodeó con sus brazos y se fundió con él, se apretó tan fuerte que no quiso separarse y cuando se quedó quieto su cuerpo tembló intensamente mientras descargaba en los labios de Roy un largo suspiro, atrapándolo en su interior en un latido que pareció interminable. Roy se dejó ir dentro de ella, en largos espasmos, inundándola de calor y apretándola contra sí mismo.

La joven tardó en recuperarse, quedándose de nuevo muy quieta recostada encima de él, llenándose de calor. Se removió un poco, como si quisiera asegurarse de que él aún estaba con ella y apoyó la cabeza en su hombro, dándole pequeños besos mientras su respiración se relajaba. El acaricio su cuerpo, largamente, disfrutando de su piel tersa y besando sus labios con ternura

El tiempo pasó despacio, Dagmar se separó de él para tumbarse a su lado, apretados los dos en el estrecho sillón. - Cuando salga del hospital, lo primero que haremos será estrenar mi sillón... - dijo con emoción.

- Me parece un buen plan, - dijo el acariciándola - debes recuperarte pronto entonces.

- Sí, eso lo sé... - le dio un beso largo y le acarició los labios y el cuerpo. - ¿Por qué siempre soñamos con mi casa?

- Supongo que será porque soy yo quien te visita en tus sueños - dijo él encogiéndose de hombros - Quizá sea porque tú eres la primera en dormirte.

- O tal vez porque es un lugar que los dos conocemos... Yo no sé cómo es tu casa - se apretó a él para entrar en calor.

- Quizá, si quieres te puedo traer fotos, y cuando salgas te puedo hacer una visita guiada. - le acarició el rostro

Se rió divertida. - ¿Una visita guiada haciendo parada en todas las habitaciones? – ronroneó

- Y en todos los muebles y alfombras, con opción de escuchar la historia o crear una nueva. - rió con ella

Compartió la risa y subió sobre él, tumbándose todo lo larga que era. - Ya estoy deseando ir... - le dio un beso tierno y largo, y cuando el ánimo de la joven empezaba a aumentar, la puerta de la casa se abrió con un golpe seco y por la puerta entró un hombre que no tardaron en reconocer.

- Tu estas soñando con él? - fue lo primero que atinó a preguntar Roy, uno de los dos debía haber pensado en él para que apareciera en el sueño. Al menos ese era el razonamiento del detective. - ¿O he sido yo?

- No lo sé - fue lo único que pudo decir, se estaba poniendo pálida por momentos, además de roja de vergüenza.

- Serás puta - gritó Adrian cruzando el salón en dos zancadas para llegar hasta dónde ellos con los puños cerrados y alargó la mano para agarrar a Dagmar del pelo.

Roy estiró la mano para frenarlo, pero a último momento la cerró en un puño que dirigió hacia su mandíbula mientras se interponía entre ellos. Adrian recibió el golpe, frenó y retrocedió, tropezando con una mesita que había delante del sofá y cayó al otro lado con los pies por encima. Dagmar lo observó todo con atención con aspecto de encontrarse mal y se escudó tras Roy. El joven volvió a la carga, se levantó y se lanzó a por Roy.

Roy calculó la embestida y se paró en el último momento, lanzando al tiempo un gancho a la boca el estómago del chico. No quería hacerle más daño del necesario, aunque estando en un sueño no significase nada. El joven se dobló por falta de respiración, Dagmar chilló detrás de Roy y se movió para levantarse y cubrirse con algo mientras el joven recuperaba aliento.

Roy tomó a adrian del cabello y, aprovechando su incapacidad se lo llevo lejos del sillón. - Vamos a ver Adrián, ¿Qué demonios haces aquí?

- Eso debería preguntártelo yo, hijo de puta - masculló cuando pudo respirar con lágrimas en los ojos. - ¿Desde cuándo te la estás tirando? ¡¿Y tú?! ¿Desde cuándo me engañas con este gilipollas, eh? - preguntó a Dagmar.

- La perdiste hace años, cuando la cambiaste por esa chica negra - dijo Roy masticando sus palabras - Aún no entiendo porque vuelves si nunca la respetaste ni la comprendiste.

- ¿De qué chica negra hablas, pedazo de mierda? - se revolvió con una fiera para que Roy le soltar del pelo y lo miró dolido y confuso, a él y luego a Dagmar.

- Roy... - musitó la chica, con la voz tomada. - Mírale... es más joven...

Lo miró, en efecto era un crio y lo soltó - No sé si seas tú soñando esto o que mierda pase, este es un sueño de Dagmar y mío. Tampoco sé si te sirva de algo, han pasado más de cinco años desde que Dagmar se te ofreció y elegiste pintar tu cuadro. La dejaste luego por una chica porque no supiste entender que su hermana la necesitaba. Un consejo, vuelve a dormirte.

A Adrian le temblaba el labio de pura rabia, los ojos estaba llenos de lágrimas, se sentía verdaderamente traicionado por la, en teoría, infidelidad de Dagmar y para colmo, aquel hombre se estaba burlando de él. No comprendía nada de lo que Roy le estaba diciendo pero la ira crecía en su interior haciéndose presente en la habitación. Dagmar gimió y luego chilló, cuando Roy sintió que algo afilado atravesaba su costado izquierdo. - Esta me la vais a pagar... - dijo el joven mientras retorcía la navaja que, aparecida de la nada, había clavado entre las costillas de Roy

- Cachorrito, te has metido con el león equivocado. Lamento que sea así - Dijo Roy Ignorando el dolor y tomando a Adrian del cuello - He dicho fuera, tu tiempo ha pasado - dijo llevándolo hacia la puerta. Ahora se hacía evidente que el chico no era parte del sueño sino un soñador. - No eres el único que sabe jugar de este lado del espejo Alicia - dijo al tiempo que materializaba un arma en su mano y la apuntaba al chico.

Adrian arrancó la navaja del costado y con una pericia que Roy no esperaba le clavó la hoja en la muñeca, alejando así el cañón de su cuerpo El chico lo estaba sacando de sus casillas, además de convertirlo en alfiletero, sólo había una forma de terminar esto y lamentaba el dolor de cabeza que tendría el chico al día siguiente. - Nos vemos Adrián - dijo al tiempo que materializaba una escopeta de dos caños bajo su barbilla con la otra mano y apretaba ambos gatillos.

Roy se levantó mareado y con un dolor punzante en el costado, llevó la mano allí pero no encontró una herida sino el percutor del arma presionando sobre sus riñones. Estaba desorientado, debía saber cómo se encontraba Dagmar y en un estado de semi vigilia salió de la habitación y se dirigió hacia la de ella.
Al salir al pasillo la luz que había taladró sus ojos y el ruido de las enfermeras y personal yendo y viniendo fue peor todavía para el dolor de cabeza que tenía. - Capitán, ¿se encuentra bien? - preguntó Simmons nada más verle.

- No, mala pesadilla, necesito ver a Dagmar - dijo cubriéndose los ojos con la mano y luchando con su cuerpo para no tambalear.

El agente hizo que se sostuviera en la pared cercana. - Aún no es hora para las visitas, capitán, no puedo dejarlo entrar, está durmiendo todavía.

Trató de pensar, de que el pánico que sentía le permitiera reaccionar normalmente. Aferró a Simmons de la solapa - Necesito saber que está bien. ¿Lo entiendes? - preguntó con una desesperación que él mismo reconoció como irracional.

La mirada del agente se volvió de piedra, se estaba burlando de él, no quería dejarlo entrar en la habitación, seguro que estaba con el enemigo. - Lo siento... - comenzó a decir

Roy miró a Simmons con suspicacia, no querían decirle lo que sucedía, algo debía haber pasado - No me mientas, algo le pasó a la chica y no quieres decírmelo. - Sentía como el calor subía por su espalda, su corazón latía demasiado rápido y le costaba controlar el temblor de su cuerpo.

Simmons lo miró sin comprender, como si estuviese compadeciendo de él. - No, capitán... - empezó a decir. En ese momento un grito agudo se escuchó desde la habitación de Dagmar.

Roy soltó a Simmons e intentó correr hacia la habitación, sabía que algo no andaba bien. Simmons corrió con él, aunque intentando adelantarlo, dos enfermeras más se unieron a la carrera. Roy entró como una bala en la habitación, Dagmar estaba erguida en la cama, totalmente despierta, la mirada desenfocada, la respiración agitada y el corazón alterado. Como si hubiese despertado de golpe.

- Fue una pesadilla amor - fue lo primero que salió de sus labios, aún antes de llegar hasta ella y abrazarla. Ella se deshizo en lloros cuando él llegó a sus brazos y se apretó fuerte para saber que estaba ahí, que estaba bien, que lo había soñado. Simmons y las enfermeras los observaron algo confusos, una de ella se acercó a la cama para comprobar las constantes mientras la otra buscaba a Perry. Poco a poco fue calmándose, a medida que comprobaba que estaba bien, asustada pero bien. - Por favor, dime que no te duele la cabeza. - susurró en su oído

"No" susurró muy bajo, el grito había agravado cualquier mejora en su voz y ni siquiera podía hablar más alto, solo llorar. "Ha sido peor..."

- Estoy aquí, cuéntame que pasó

Controló la respiración y lo miró sollozando sin control. Cuando se disponía a hablar, el doctor entró en la habitación y una enfermera le pidió a Roy que se alejara de la cama de la mujer. - ¿Qué ha sucedido? - dijo intentando que ella volviera a tumbarse en la cama.

- Una pesadilla - dijo Roy, se resistía a decir que la habían compartido, lo único que faltaba era que lo encerrasen en un loquero. Sin embargo le preocupaba Dagmar, necesitaba saber que había pasado luego de que había despertado. Perry empezó a preguntarle a Dagmar cosas cotidianas, qué día era, como se llamaba, mientras comprobaba que todo estuviese bien, incluidas sus cuerdas vocales. Pidió al agente y a Roy que salieran un momento mientras se aseguraban de que su situación no se hubiera agravado. Fuera, Simmons miró a Roy con algo de preocupación.

Roy, más calmado, se encogió de hombros en un gesto entre el abatimiento y la ignorancia. - Soñamos lo mismo, o al menos eso creo, no sé cómo. - hizo un gesto vago - O al menos creemos eso.

Simmons lo miró esta vez con escepticismo levantando las cejas. - No soy quién para juzgarle, capitán, pero... ¿cómo sabía que a la señorita le iba a pasar algo?

- Te lo acabo de decir, soñamos lo mismo y yo tuve una pesadilla, puedes creerme o no. - no le dijo que lo que le preocupaba era que ella hubiera seguido soñando y que él se hubiera despertado antes.

- Vale, sí, pero... ¿cómo sabía antes de entrar que ella iba a tener una pesadilla?

- Porque en el sueño apareció el ex y me apuñaló antes de que le volara la cabeza. Lo que no sé es si me desperté porque el muerto en el sueño fui yo.

La explicación dejó a Simmons más confuso que antes, pero como Roy hablaba en serio, la mirada del agente se volvió preocupada. - Jefe, si quiere tomarse unas vacaciones puedo recomendarle un buen lugar para descansar...

- Sabía que dirías algo así, no tengo una explicación racional par lo que pasó, si eso es lo que buscas. - se palmeo los bolsillos buscando algo - Y te acepto ese cigarrillo. - dijo a modo de pedido

Los ojos de Simmons se entrecerraron. - No estará fumando hierba, ¿no, jefe? No es que me importe, pero podría mirar por su salud un poco más...

- No Jack, no fumo cosas raras desde la prepa, aunque si me están pasando cosas bastante raras últimamente. - le palmeó el brazo - ahora, si por favor me convidas un cilindro de tabaco para calmar mis nervios, te lo agradecería.

Suspiró y sacó una caja que guardaba dentro del chaleco. - Estoy dejando de fumar, debería hacerlo usted también, jefe - y le tendió uno

- Yo también trato de dejarlo, pero ahora necesito uno. Es esto o liarme a golpes con alguien, y dudo que tengas tiempo para ponerte los guantes.

- Puedo prestarle los míos y un saco - añadió después de pasarle un mechero para que encendiera el cigarrillo.

- No sé, si el saco responde los golpes te lo acepto. - dijo sonriendo - Si me llaman avísame, estaré en el pasillo de fumadores

- A sus órdenes

Roy se fue a fumar y a pensar en lo que podía haber pasado. Quizá Adrian había sido tan rápido que le había hecho volarse la cabeza y luego se había quedado a solas con Dagmar, o no, pero como fuera ella se había quedado sola en el sueño. Trató de quitarse de la cabeza las posibles consecuencias de sus acciones, después de todo eran sólo sueños, y esperar hasta hablar con ella. Cuando estaba a punto de terminar el cigarrillo, recibió un aviso de Simmons, y cuando volvió, Perry estaba en la puerta apuntando algo en el historial de Dagmar

- Buenas noches Doc., ¿Cómo se encuentra? - dijo más calmado

- Bastante alterada, pero ya se ha tranquilizado y quiere verle

- Gracias, ¿alguna recomendación?

- Que la tranquilice más y se coma su desayuno, entero - remarcó con énfasis

- La cena la comió casi completa, a menos que quiera descontar un bocado de la carne. - dijo con una sonrisa antes de entrar

Perry hizo una mueca y se marchó. Dagmar tenía otra vez el semblante pálido y tembloroso, los ojos llenos de lágrimas y suspiros de horror la rodeaban.

- Vamos pequeña, tranquila, ya estoy aquí - dijo mientras se acercaba y se sentaba a su lado. La abrazó y la dejó llorar, acariciándole el cabello y besando su frente y sus mejillas.

Ella tembló entre sus brazos y lloró, tocándolo para asegurarse otra vez que estaban despiertos. Buscó sus labios para comprobar que fuesen reales y volvió a llorar un rato más. Él la besó con ternura, dejándola desahogarse por completo antes de preguntarle nada. Cuando dejó de temblar, se relajó y volvió a besarlo con más calma. Luego lo miró fijamente a los ojos, buscando quizás que fuese real.
Le sonrió y le devolvió la mirada, - ten cuidado que me hundo en esos ojos hermosos. - le dijo tocándole la punta de la nariz con los labios

Sonrió con los ojos húmedos y lo besó hasta que perdió el aliento, acariciándole el rostro y el cabello. Cuando quiso hablar, recordó algo horrible y volvió a abrazarlo. "Me quedé sola"

- Desperté después de disparar - dijo Roy acariciándola - Perdóname, no era mi intención dejarte sola.

"El que disparó ya no eras tu... Cuando te diste la vuelta..." tosió con la voz tomada, se esforzaba por hablar "... el que tenia la escopeta en la mano no eras tú, era otro hombre, que no conozco de nada... luego ese hombre se puso la cara de Adrian y me apuntó con ella y..."

- ¿Te disparó?

"No... me amenazó" gimió y lloró "Estaba desnuda y él también... y luego quiso usar la navaja que tenía clavada en el brazo, se la quitó y me amenazó con ella también..."

Roy se uso pálido sólo de pensarlo - Tranquila pequeña, fue un sueño, una mala pesadilla. Tu estas bien, y yo estoy contigo ahora.

Volvió a llorar con más intensidad. "Me he despertado cuando... cuando me ha matado" agarró la ropa de Roy con rabia y frustración "No he podido despertar antes... ha sido lo peor"

La abrazó con fuerza y la acarició, meciéndola - Tranquila amor, fue sólo un sueño, ya pasó - la besó con ternura y acarició su cabello y espalda. - Te prometo que no volveré a dejarte sola.

Se protegió entre los brazos del detective y se tranquilizó a medida que sus caricias y sus besos hacían efecto. Cuando estuvo completamente serena, se tumbó en la cama y le acarició el rostro y el pelo, enjuagándose las últimas lágrimas. - En cualquier momento nos traerán el desayuno, entre tanto si quieres puedo darte algunos consejos para los sueños. - le dijo Roy sonriéndole Ella asintió limpiándose la nariz con un pañuelo, mirándolo todavía asustada.

- Por empezar, debes saber que nada de lo que pase en un sueño puede dañarte a menos que lo dejes. Y debes aprender a controlar lo más posible de lo que sucede. Por ejemplo las ropas, en un sueño uno puede estar vestido en un principio y desnudo al siguiente, y eso depende de cómo te veas. Lo mismo aplica para objetos, si necesitas algo y realmente quieres tenerlo, bastará con imaginarlo. - Le sonrió - Al menos así me ha funcionado desde pequeño, aunque no siempre lo hace y no siempre tal cual lo deseamos.

Escuchó anotando mentalmente sus consejos y finalmente acabó sonriendo con los ojos llenos de chispas. Levantó su camisa y lo acarició por dentro. "Así que sabías como quitarte la ropa..."

Asintió - ¿Recuerdas que desapareció?

Volvió a asentir con la cabeza, le sonrió, pero luego volvió a sentir un escalofrío. "Fue bonito..." se le ocurrió decir tras un largo silencio.

La besó largamente - Lo fue - la miró apreciativamente - Los años te sientan muy bien - le dijo guiñándole un ojo

Sonrió y se sonrojó. "¿Me harás una visita guiada por tu casa?"

Le sonrió - Esta noche intentaré dormirme antes, y si eso no funciona siempre podemos viajar en sueños.

Se levantó para besarlo con fuerza y le acarició el costado en el que Adrian le había clavado la navaja en el sueño, paseando los dedos entre las costillas buscando tal vez la herida.

Rió mientras la besaba - No está ahí, como te dije es un sueño, no puede dañarte si no lo dejas.

Suspiró "Necesitaba estar segura..."

- Ahora estas segura - le dijo con una sonrisa.
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Re: Episodio II [Roy] Juego siniestro

Notapor Avhin » Lun, 10 Nov 2008 19:53

Domingo 9 de Diciembre - Mañana

El desayuno se sirvió pronto. Aunque Dagmar apenas podía tragar, Roy insistió en que debía comer bien por la mañana, ya que necesitaba fuerzas para recuperarse pronto, de lo contrario, la promesa de la visita a las habitaciones de su casa no podrían cumplirse. Dejó de lado el zumo, estaba demasiado ácido para las heridas de su garganta y en su lugar, Roy le trajo una taza de leche con chocolate y unos bollos para remojarlos bien. Volvieron a mancharse un poco de chocolate y a degustarse entre besos, hasta que Simmons llamó a la puerta. Roy se limpió las mejillas de chocolate cuando el agente se asomó.

- Anderson acaba de llegar, capitán - informó con seriedad.

- Mi jefa - le explicó a Dagmar. Le dio un beso y le regaló una caricia. - No tardaré, dejame algo, no te lo comas todo ¿eh? - con un guiño se arregló un poco la ropa arrugada del día anterior y se acicaló lo mejor que pudo en el cuarto de baño de la habitación y antes de salir volvió a besar a Dagmar.

Iba a preguntarle a Simmons cual era el motivo de la visita de Anderson cuando la vio al final del pasillo, cerca del ascensor, con su gabardina larga llena de copos de nieve. Hablaba con un hombre alto, protegido con un abrigo negro de corte perfecto, apoyado en un bastón de madera oscura, de espaldas a él. La mujer reparó en Roy y el hombre del abrigó se giró. Al mirarle a la cara lo reconoció.

En su rostro quedaban las huellas del accidente. Tenía varios apósitos en el lado derecho, diminutas cicatrices, quizás de los cristales que habían saltado tras el impacto, algunos cortes y una fea magulladura en el pómulo. Lo que más llamó la atención de Roy fue el bastón en el que apoyaba su lado derecho.

- Me alegro de verte, Roy - dijo Sanguino tendiéndole la mano a modo de saludo. - ¿Cómo estás?
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Re: Episodio II [Roy] Juego siniestro

Notapor SirAlexander » Dom, 23 Nov 2008 15:31

Roy estrechó su mano y le dedicó una sonrisa - Por una vez, mejor que tu. Te preguntaría si te pasó un auto por encima pero... - Le guiñó el ojo y luego se puso más serio - ¿Accidente o atentado? - La pregunta quedó flotando en el aire mientras Roy miraba a la mujer y le hacía una respetuosa inclinación de cabeza - Capitana Anderson, un placer verla por aquí.

- Parece que te has recuperado bien, O'Connor - contestó su jefa a modo de saludo. - Te espero en recepción, me gustaría hablar contigo. Caballeros - se despidió de ambos y se marchó.

Sanguino sonrió a Roy. - Ya estaba bien de que tú y Dagmar acaparaseis el dolor, esto siempre me hace recordar que aún estoy vivo. Por cierto, Allison ha despertado y está bien.

- Me alegro de escuchar eso, y me morderé los labios para no comenzar con mis teorías de conspiración. - le indicó unos bancos para sentarse - Pero no evitaras que pregunte cómo es posible que chocaseis al mediodía y nosotros no supiéramos nada hasta la noche.

- Vi tus llamadas... - explicó el sacerdote. - Cuando conseguí encender mi móvil, vi que me habías llamado, cuando quise contestarte chocamos. O algo chocó con nosotros. Yo me desperté bastante tarde, tenía un buen dolor de cabeza. No encontraron nuestras identificaciones en el coche y por eso nadie lo supo.

- Llamé temprano, pero no quiero cansarte, ¿cómo te sientes?

- Bastante mareado, para que te voy a mentir. Me duele la cabeza desde que he abierto los ojos - se frotó los ojos con la mano libre y se sentó, dejándose caer pesadamente y apoyó la cabeza en la pared. - ¿Cómo está Dagmar?

- Despierta, y seguramente querrá verte - le dijo Roy mientras se sentaba a su lado - De hecho si quieres quedarte haciéndole compañía aprovecharé para visitar a Allison una vez haya hablado con Anderson.

- Será lo mejor - sonrió y lo miró de reojo. - Por tu ropa se diría que has dormido aquí, ¿qué te preocupaba?

Se encogió de hombros y sonrió - Ayer se hizo detener el ex de Dagmar, Adrian, llegó hasta aquí y casi llega a ella. Como dijo Roy, intentan destruirla emocionalmente, vino a decirle que se arrepentía y que ahora lo llevaban preso por ella. - el pulgar de Roy se abrió, era evidente que tenía una lista y ese era el primer ítem - En una de las cajas había una revista Vanitiy Fair, el reportaje central había sido reemplazado por unas fotos que debe haber tomado el asesino. Envié la revista al laboratorio, al menos las fotos servirán como evidencia a favor de Dagmar, es imposible que ella haya sacado la foto, es anterior a que le cortaran el cuello a Cordei. - con el índice marco el segundo ítem - Vuestro accidente, demasiado oportuno, estuve todo el día sin poder contactaros y sin que nadie supiera donde estabais. - el dedo medio acompañó una sonrisa - Y por último soy un paranoico sin remedio, ah, por cierto, compartimos los sueños, y ambos lo recordamos todo al día siguiente.

Sanguino escuchó. - Anderson me ha contado lo de Adrian. No sé si ese chico está implicado realmente... Lo de las fotografías veré que hay de eso en cuanto salga. - Suspiró. - Nosotros fuimos a los laboratorios en los que Cordei trabajaba. Nos hicieron pasar a algunas salas de investigación y tuvimos que apagar los teléfonos. Vimos solo lo que el director quiso enseñarnos y además, el grupo de estudiantes que Cordei tenía a su cargo y a los que supervisaba. Todos eran nuevos y ninguno había trabajado con ella directamente, pero ya tuvo otro grupo de estudiantes a su cargo hace cinco años, ahora ocupan buenos puestos dentro de la jerarquía del laboratorio de investigación. No hemos podido acceder a los trabajos ni a los experimentos de hace cinco años pero Anderson está intentado conseguir los más recientes... – pensó unos instantes, como si temiera meterse en terreno prohibido - ¿Qué soñasteis? Si puedo saberlo, claro...

- Cosas inconfesables... - la sonrisa de Roy era juguetona - pero si debes saberlo, anoche llegue al sueño en el momento en que ella adolescente era rechazada por un Adrián adolescente en su oferta de estrenarse en el amor. - pareció buscar las palabras - Sé que eso pasó realmente, no es la primera vez que veo alguna escena de su pasado a través de sus sueños. Pero esta vez pude entrar en contacto con ella, hicimos el amor y estábamos en eso cuando entro Adrian, peleamos, lo maté y me desperté. Pero ella no despertó, por lo que me contó yo me convertí en Adrian la amenazó y la violó, y no pudo despertarse hasta que terminó - meneó la cabeza - Como sea, despertó en un grito y costó calmarla, y yo también estaba fuera de mi.

Sanguino hizo amago de santiguarse, pero el gesto quedó a medias mientra profería un juramento. - No sé muy bien como interpretar lo que cuentas, pero ha debido ser un sueño difícil para los dos y más para ella. ¿Estaba bien? ¿No has visto que estuviese herida, verdad?

- No, de todos modos Perry la revisó antes así que supongo que la debe haber revisado. De hecho a mi me apuñalaron en el sueño y no tengo marcas. - pensó un momento - ¿Crees que debería preguntarle?

- Si Perry la ha revisado no debió ver nada, ya que seguramente su examen fue rutinario, no creo que buscase pruebas de lo que le pasó en el sueño... Y ella tampoco creo que lo sepa - se encogió de hombros. - Inténtalo, no sé lo que puede pasar. Por cierto, Anderson tenía prisa

- Vale, me despediré de ella, no tardo.

- Pero no le preguntes todavía sobre eso, ¿de acuerdo? - avisó Sanguino antes de que Roy entrase. Encontró a Dagmar mordisqueando una chocolatina, la chica se sonrojó cuando vio que Roy la había "pillado"

- ¿Así que comiendo a escondidas eh? - le dijo en un falso tono reprobatorio. Se acercó a ella y la besó - Voy a ver a Allison, no tardo, entretanto hay alguien que quiere verte.

- Ya ves, te echo de menos y tengo que echar mano de esto - volvió a darle un mordisco y le sonrió. - Así me acuerdo de cómo sabes cuando te beso. ¿Quién quiere verme? No será otro amigo tuyo para interrogarme... - gimió.

- Si, una colección de ellos - le dijo con tono jocoso mientras iba hacia la puerta - Pasa Pedro - le dijo al padre, y luego se acercó a ella y le dio un beso de despedida - Vuelvo en un rato, siempre y cuando Anderson no quiera arrestarme.

Sanguino se levantó costosamente y llegó a la puerta. Dagmar compuso su mejor cara para evitar que se notase el espanto de ver al sacerdote con ese aspecto. - Oh, por dios...

- Sí, por dios estoy aquí, querida - dijo él riendo. - Yo la cuidaré en tu ausencia - prometió Sanguino.

- Te quiero - se despidió Dagmar

- Y yo a ti - se dirigió a la puerta y antes de salir se giró - Pedro, si te vuelve demasiado loco, llámame. - y les guiñó el ojo a ambos mientras cerraba la puerta con una sonrisa.

- Jefe - lo llamó Simmons cuando ya se iba.

- ¿Sí?

- El paquete de tabaco - pidió. - Alguien tiene que cuidar de usted

Le entregó los cigarrillos y le guiñó un ojo - Gracias, y perdona por lo de hace un rato.

- De nada, por si me encuentro en alguna situación parecida - levantó el pulgar a modo de saludo y volvió a su ronda. Roy llegó al ascensor y bajó hasta el vestíbulo. Anderson esperaba en medio del pasillo con su maletín en la mano, los guantes preparados y la gabardina ajustada.

- Negocios, supongo - dijo mientras se acercaba con una sonrisa, ajustándose el abrigo - ¿La acompaño al auto?

- No, O'Connor, tu conduces - le pasó las llaves y dio media vuelta para salir mientras llegaba al coche negro aparcado al lado de la cafetería. - No puedo permitirme el lujo de dejar a mis hombres descansando, el crimen no descansa y tú ya estás operativo, así que tengo un caso para ti. De hecho, ya que Allison está en el hospital, investigarás conmigo.

- A sus órdenes - dijo mientas le abría la puerta, esperaba a que se sentara y la cerraba. Luego se dirigió al asiento del conductor y cuando se sentó frente al volante tenía puesta su cara profesional, era nuevamente un detective en funciones del FBI. - Supongo que me informará verbalmente, dígame a donde vamos. - El sonido del motor sobre potenciado del sedan trajo una sonrisa a sus labios.

Le dio una dirección y sacó una carpeta de su cartera mientras el coche se ponía en marcha. - Tu maletín está en la parte de atrás, me he tomado la molestia de traerlo desde las oficinas dónde lo dejaste la última vez. Tenemos tres victimas, una mujer y dos hombres, ciudadanos estadounidenses y con residencia en Broklyn. Uno de los hombres es pareja actual de la victima y el otro una ex-pareja, los tres están muertos y no hay indicio de que ninguno se suicidara...

- ¿Heridas?

- La pareja actual tiene heridas de arma blanca, la ex-pareja un tiro en la cabeza y unas contusiones, la chica tiene varios golpes, pero murió desangrada por un corte en el cuello... - cerró un momento la carpeta y miró a Roy. - ¿Sabías que el chico al que has detenido esta mañana en el hospital es el hijo del fiscal general?

- Si, pero no tenía permiso para invadir un área restringida, y por si fuera poco se resistió a ser retirado. Si quiere entrar que consiga un permiso. - Le sonrió sin quitar la vista de la calle - No le vendrá mal bajar los humos, y al fiscal no le conviene que se sepa que su hijo violó tres leyes que él mismo se encarga de hacer cumplir.

- Estoy intentando retenerlo en las oficinas y que pase la noche en una celda, pero el fiscal me lo está poniendo difícil y lo cierto es que me encantaría dejarlo dónde está por lo menos hasta el lunes... - volvió a abrir la carpeta y siguió revisando. - La victima femenina tenía 23 años, los hombres uno era de 25 y el otro de 28, los hombres no se conocían de nada y el único punto común es la chica. Según el policía que entró en la escena cuando la casera lo descubrió, la puerta no estaba forzada y la chica tenía signos de abusos. Ni puertas ni ventanas por la que una cuarta persona hubiese entrado o salido y en la casa solo vivía ella.

- Un fantasma. - bromeó Roy antes de ponerse serio nuevamente - ¿Cuando sucedió?

- Esta mañana, entre las 5 y las 7, pero no lo sabremos con certeza hasta que el forense determine la hora de la muerte. Vas a tener que encontrar pruebas de que había una cuarta persona allí, como he dicho, los tres están muertos y ninguno se suicidó. ¿Uno de ellos tuvo un accidente involuntario?

- Debería ver la escena, se me ocurren mil cosas que podrían haber provocado un "accidente" con una de las armas, incluso que la chica haya disparado antes de morir desangrada. - se encogió de hombros - Lo sabre cuando vea las heridas, supongo que habrá fotos de la escena, espero no encontrarme unos cadáveres de cinco horas por muy invierno que sea.

- Aunque sea invierno los cadáveres siguen en la escena, el aviso se recibió hace una hora. La casera los oyó discutir de madrugada y no le dio importancia, dice que ya los oyó discutir una vez. No llamó a la policía hasta que se dio cuenta de que su inquilina no salía como de costumbre temprano para ir a comprar el desayuno a la tienda de la esquina. Y no oyó ningún disparo.

- Mejor así ¿Tenemos las armas?

- Están todas allí: una pistola, una navaja y una escopeta. La navaja pertenecía al ex, la pistola era del novio actual y la escopeta no era de ninguno de los tres.

- ¿Silenciador?

- No

- ¿El tiro es de la pistola, o de escopeta?

- De escopeta

Roy no pudo evitar mirarla - Hay que decirle a la vecina que se haga ver los oídos

- Coincido contigo. Un tiro así se debió haber escuchado en todo el edificio, o al menos en la misma planta.

- Bien, entonces primero quiero ver la escena, si el tiro fue disparado dentro del departamento alguna pared va a tener plomo y material orgánico

- Yo iré a interrogar a los testigos y a buscar a alguien que oyese el disparo. Resulta extraño que los oyera discutir, pero no disparar... - el trayecto siguió en silencio unos momentos mientras Anderson revisaba los historiales de las victimas. - Los tres tienen estudios universitarios, los dos hombres son de buena familia, un par de multas de tráfico, el ex tiene una denuncia por agresión de cuando estuvo en el campus. La chica no tiene familia y vivía sola, historial delictivo limpio. El novio actual estaba en tratamiento por depresión...

- Hermoso cuadro, la pregunta es como llegaron los tres al mismo tiempo y lugar, y que fue lo que desencadenó la pelea.

- Yo apuesto a que el ex se presentó en el apartamento de ella y los encontró juntos - respondió enseguida.

Roy palideció, recordando de golpe lo que había soñado - Los cuchillazos, son en el costado izquierdo y la muñeca derecha. - comenzó a temblar y aparcó, hablaba mecánicamente. - La pistola es un 38 corto, mate, no fue disparada, la escopeta es una recortada de dos caños - Se bajó del auto, o mejor dicho abrió la puerta y se inclinó para vomitar, cuando terminó siguió hablando - El disparo fue hecho desde abajo de la mandíbula, la cabeza del ex debe estar esparcida por el techo cerca de la puerta. - La miró a los ojos, las manos le temblaban - Mierda Capitana, soñé con eso, desperté cuando disparé la escopeta, éramos Adrian Dagmar y yo en el sueño. - meneó la cabeza - Dagmar soñó lo mismo pero desde la chica, siguió en el sueño hasta que la violaron... - Se tomó la cabeza con las manos - Debo estar volviéndome loco, dígame por favor que me equivoco

Anderson se tomó un tiempo en contestar y le devolvió una mirada seria. - No, O'Connor - negó. - No te has equivocado... - cerró la carpeta despacio, ella también había perdido algo de su color natural.

- No se cómo murió el tercero ya que ni Dagmar ni yo estábamos soñando para ese momento. ¿Donde está su cadáver? - meneó la cabeza - No, mejor lo veo, dios, que está pasando.

- Dado el giro de los acontecimientos... - comenzó Anderson - ... no sé si deberías verlo - dudó mirando a Roy. - No tienes relación con las victimas, pero no puedes negar que sí que puede haber una implicación emocional - mientras hablaba se fijaba en Roy, como si estuviese evaluándolo.

- Desde ya que va a haberla, pero no con las víctimas sino con los hechos, era consciente en el sueño, consciente de que era un sueño y actué con la premisa de que nadie saldría herido. Dagmar me dijo que después de volarle la cabeza a Adrián, mi cara se transformó en la de él, antes de amenazarla y abusar de ella. - respiró profundo - Va a ser duro, pero le prometo que mantendré un nivel profesional - una sonrisa triste e irónica se formó en sus labios - Cuantas veces se da que una de las victimas nos cuente lo que pasó. Además, necesito saber si hay diferencias, el departamento del sueño era el de Dagmar. La Dagmar y el Adrian del sueño eran adolescentes. Las diferencias me dirán mucho acerca de lo que realmente pasó.

- Está bien - decidió. - Pero si no puedes seguir, si veo que te está afectando más de lo que has prometido, te apartaré.

- Si veo que no puedo razonar como corresponde, si no puedo armar el rompecabezas porque me afecta, yo mismo me retiraré. - La miró con calma - Cuando me contrató en el equipo me dijo que una de las cosas que la había decidido era mi mente abierta a aceptar lo inexplicable y encontrar la forma de hacerlo, déjeme demostrarle que no se equivocó.
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Re: Episodio II [Roy] Juego siniestro

Notapor Avhin » Mar, 25 Nov 2008 19:54

Domingo 9 de Diciembre - Mañana

El coche volvió a ponerse en marcha. Anderson decidió callar y Roy se sumió en profundas reflexiones acerca de lo que acababa de pasar. Seguía sintiendo un nudo en el estómago si pensaba en el sueño y en los hechos que su jefa le había relatado. Tres personas habían muerto, tres personas que dentro de su sueño fueron Dagmar, Adrian y él mismo. Tres personas muertas y tal vez había sido por su culpa. Era escalofriante pensar en las similitudes.

Se acercaban a la dirección dada y a cada paso que daba se sentía peor, necesitaba ver las diferencias, pero cualquier parecido con su sueño podría ser fatal. Dos coches de policía, una cinta bordeando la manzana y curiosos agolpándose delante mientras la policía intentaba mantenerlos al otro lado. Roy llevó el coche por la calle cuando enseñaron sus identificaciones (identificación que Anderson le devolvió a Roy después de su pequeña suspensión) y el policia que custodiaba le dejó pasar. La primera similitud: un edificio antiguo lleno de apartamentos; claro que todo Nueva York estaba lleno de edifcios antiguos de apartamentos.

Anderson guardó las carpetas en su maletín y bajó del coche cuando Roy todavía trataba de reaccionar. Dejó atrás el torrente de emociones que le causaba la situación y bajó del coche, no sin antes llevar en la mano su maletin de pruebas hasta las escaleras de entrada. Allí, su jefa y él enseñaron sus identificaciones y pasaron al hall. Papel antiguo en las paredes, como el edificio de Dagmar.

- Por aquí, agentes - los guió un joven policia de uniforme. - Nos avisaron hace dos horas, la mujer estaba... "preocupada" - pareció buscar la palabra. - Porque su inquilina no había salido de casa y por la noche, de madrugada, oyó que discutía con dos hombres. Dice que todo volvió a la calma cuando golpeó el techo con su escoba, pero que le daba mala espina. Mi compañero y yo recibimos el aviso y nos pasamos a mirar. Es un décimo piso, por cierto - dijo el muchacho, para maritirio de Roy, ya que Dagmar vivía en una décima planta. - Cuando llegamos la puerta estaba abierta, no había signos de que hubiese sido forzada, mi compañero se quedó en la puerta y yo entré en la escena, pisé un charco de sangre en la puerta, pueden tomar las huellas de mis zapatos para descartarlo si lo desean... El caso es que... bueno, será mejor que vean ustedes mismos...

Al llegar a la puerta varias cintas restringían el acceso. El agente los dejó pasar y luego entró detrás de él. El primer cuerpo trajo a la mente de Roy la imagen de Adrian. Estaba tumbado de espaldas, con la cabeza en dirección a la puerta, si cabeza se podía llamar a lo que quedaba de ella. La escopeta le había destrozado el cráneo y salpicado la mesita del salón. Miró al techo, buscando la salpicadura que inevitablemente debería haber aparecido. Las postas de la escopeta deberían estar incrustadas en el cielorraso junto con fragmentos de hueso. Buscaba algo que estuviera fuera de lugar, algo que desafiara las leyes de la física, o que las confirmase rotundamente. Las machas iban desde la altura de la cabeza hacia el techo, pero no habían restos en el techo. Una primera diferencia, pues en el sueño él había disparado hacia arriba y la física decía que aquí se había diparado de frente ligeramente hacia arriba.

Apartó la vista y contempló la casa, buscando que se pareciese al apartamento de Dagmar. Este carecía de las estanterías llenas de libros, los cuadros de pintura y las fotos. Solo había una foto en la casa, sobre la misma mesa salpicada de sangre, hueso y restos del fallecido, una foto de la que debía ser la victima. Pero apenas podía distinguir su rostro. Solo pudo deducir que era una mujer morena. Tampoco tenía el ventanal que sí había en casa de Dagmar, que daba a la calle, sino una ventana grande y estrecha delante de la cual había un televisor de pantalla plana y debajo algunos aparatos electrónicos, incluida una videoconsola conectada con dos mandos tirados en el suelo. La luz verde indicaba que estaba encendida.

Definitivamente las cosas eran similares en cuanto a los hechos, pero el escenario no era el mismo. Se acercó a la consola antes de acercarse a los otros cuerpos, y poniendose un guante de latex encendió el televisor para ver que mostraba la pantalla. Al encenderla, la pantala le daba un mensaje en el que ofrecía la oportunidad de seguir jugando, ya que el personaje había muerto. Carecía de importancia por lo que siguió buscando.

Otra imagen le vino a la mente, la de ellos dos en el sofá haciendo el amor, lo obligó a desviar la vista hacia el mueble del salón. Se notaba removido, un par de cojines fuera de su sitio, la tela que lo cubría arrugada y el hueco de un cuerpo sobre esta. Un camisón tirado sobre un brazo, pantalones tirados sobre una mesita de té, camisa arrugada en un rincón y una chaqueta, en la que Roy llevaba su arma, tirada a los pies. La diferencia más sustancial era que el sofá daba la espalda a la puerta, mientras que en el sueño el sofá estaba situado de frente. Ropas similares, edades diferentes, dudaba que la muerta hubiera entregado su virginidad esa noche. Definitivamente había habido una conexión entre el sueño y lo sucedido, pero las cosas no habían ocurrido necesariamente de la misma forma. Resultaba dificil saber si lo que el había hecho había influido en el sueño, o si lo que había pasado aqui había definido el sueño.

- Los dos cuerpos están en la habitación... - informó el agente. Roy se adelantó, como si conociese la casa, mientras su jefa empezaba a interrogar al agente, sin perder de vista las reacciones de Roy. Cocina a la derecha, balcón en el cual Dagmar fue alcanzada, a la izquierda un baño, a la derecha un cuarto dónde ella tenía su laboratorio de fotos, pero que allí solo tenía ropa y armarios, enfrente una habitación. La habitación la revisó una vez, cuando fue a buscar ropa para Dagmar, había visto su armario y como vivía y recordaba que su primer sueño con ella había sido en esa habitación, en esa cama. ¿También tenía algo que ver? Debía preguntarle a Dagmar si en el sueño la habían llevado al dormitorio, o si había sucedido en el sofá, ese era un detalle que no conocía del sueño. La disposición del departamento era similar, probablemente el mismo arquitecto, no vendría mál averiguarlo. Despues de todo había muchas viviendas construidas con un mismo plano.

Unas huellas de sangre de un pie descalzo caminaba hasta esa habitación. Roy llevo cuidado de no pisarlas, necesitaba ver los cuerpos y comprobar las diferencias. Miró las huellas, tratando de definir si venían desde el cuerpo, o si por el contrario era el sangrado del tipo acuchillado, y de ser así cuanta sangre había perdido antes de llegar allí. Las huellas eran del pie izquierdo, iban hacia la habitación, no eran huellas de pisada, habían salpicaduras alrededor de ellas. Cuando llego al final, se destuvo y se asomó con cautela, la disposición de la habitación era muy similar y cuando miró hacia la cama los pudo encontrar.

El cuerpo de la mujer estaba situado con la cabeza a los pies de la cama y sus piernas en dirección a la cabecera. Miraba a la puerta con los ojos vacíos, la tez blanca y el cabello oscuro sobre el rostro, pegado a la herida con la sangre. El corte era visible, incluida la sangre que se deslizaba por la sábana y formaba un charco bajo ella que llegaba hasta la puerta. Las sábanas blancas estaban revueltas y salpicadas de sangre, la navaja, el arma del crimen, estaba a los pies de la chica. Ella estaba desnuda, los brazos separados del cuerpo, las piernas ligeramente dobladas, pero juntas, sobre su piel empezaban a marcarse unas contusiones, en la cintura y en las caderas.

Roy la examinó, tratando de ver si el corte había sido limpio, la similitud con Dagmar era relativamente perturbadora, pero sabía que no era ella y de similitudes y diferencias iba el tema. Buscó el cuerpo del hombre - Este es el ex o el actual - preguntó a quien quisiera responderle.

El hombre estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la pared. El costado estaba ensangrentado, tenía la mano sobre la herida y la sangre se había deslizado por la pierna. La planta de su pie estaba manchada de rojo. El antebrazo derecho descansaba a un lado, formando un pequeño charco bajo el puño cerrado.

Se acercó al cuerpo y presionó con cuidado en los lugares donde la sangre debería acumularse, eso le diría si le había quedado suficiete o si se había ido desangrando poco a poco hasta quedar demasiado débil para moverse. Luego, con cuidado, intentó abrir el puño despues de llamar de testigo a la Capitana y al agente. Anderson se situó detrás de Roy y el otro agente volvió a quedarse absorto mirando los cuerpos. Cuando Roy abrió el puño encontró tres cápsulas de algún tipo de medicamento.

- Que analicen la droga y los niveles de la misma en el cuerpo de este tipo. Yo diría que no necesitamos un cuarto hombre, si este tipo no se suicidó, al menos se dejó morir o murió por no cuidar sus heridas. - miró su cuerpo, calculó su peso y su estado físico. - Aunque personalmente me inclino por la primera opción, se tommó las pastillas para dormirse y no despertar.

- ¿Cual es entonces, tu versión de lo sucedido?
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Re: Episodio II [Roy] Juego siniestro

Notapor SirAlexander » Mar, 02 Dic 2008 18:40

Roy hizo una seña a la capitana, necesitaba concentrarse - Un momento - Examinó al novio actual, sus manos, sus heridas, miró la navaja y fue hacia la sala. Miró de cerca el cadáver del ex y frunció el ceño, miró con lupa la camisa cerca del cuello y aun con el ceño fruncido volvió a la habitación. Con un hisopo tomó muestras de las manos del hombre, y luego de guardarlas tomó una muestra de sangre de la escopeta, tras haber tomado debida nota de su ubicación.

Recorrió la sala, buscando algo, y finalmente se metió en la cocina y volvió con una bolsa de la que sacó unas prendas, las comparó con el muerto de la sala y sonrío. La revisó, tomó muestras de fibra y de sangre, y volvió a la habitación luego de catalogar las pruebas. En silencio examinó a la chica, sus manos, la posición, miro al joven muerto y sonrió tristemente. - Creo que he resuelto el rompecabezas, aunque quedaría por saber si realmente no se escuchó un escopetazo y si la pelea fue real. Creo que a la vecina habrá que hacerle una prueba de sordera, y no bromeo.

Anderson abrió la pequeña libreta que tenía y comenzó a enumerar. - Nadie en la planta ha escuchado un disparo. La vecina oye bastante bien, dice que mientras oía la discusión, se subió a una silla y comenzó a golpear el techo - la capitana golpeó el suelo con el pie - con el palo de su escoba pidiendo que se callaran. Enfrente no vivía nadie, en la casa de al lado vivía un vecino que usa tapones para los oídos y tiene el sueño profundo y al otro lado la mujer que vive trabaja de noche, por lo que no estaba en casa. ¿A qué pelea te refieres?

- Bien, llamémosla discusión - Roy meneó la cabeza - Sigue preocupándome el escopetazo. - dijo con cara de preocupación. - Como sea, creo que la chica y su novio hicieron el amor en el sillón, después de lo cual se quedaron dormidos. Si él está con tratamiento por depresión quizá algo del medicamento que toma le vuelva el sueño pesado. El ex debe tener un juego de llaves, probablemente obtenido de manera ilegal. Llega, ella esta jugando a la consola aún desnuda y cuando lo ve al otro en el sofá monta en cólera. La golpea, y amenazándola con la navaja la lleva hasta la habitación. Probablemente le haya tapado la boca con algo, hay una fibra blanca dentro de la boca por lo que algún trapo o media hizo las veces de mordaza. La domina y la viola, ella se resiste provocando los arañazos en la ropa de él, el le rompe un par de dedos de la mano, y cuando se cansa la degüella. Descubre que su ropa esta manchada y sabe que no puede salir a la calle así. Se pone ropa del novio y tira la suya en una bolsa. Probablemente en este ínterin el novio despierta, comienza a buscarla y la encuentra en la cama. El otro seguramente al escucharlo intenta escabullirse, es alcanzado, pelean, el ex lo apuñala y el novio le vuela la cabeza de un escopetazo. La escopeta quizá estuviera en casa de la chica por protección. Luego el vuelve a la habitación, debilitado, perdido, sabe que no podrá hacer nada por ella. Le cierra las piernas, le saca la mordaza, y es entonces que decide suicidarse. Toma las pastillas, sabe que no lo matarán, pero calmaran su dolor y la pérdida de sangre hará el trabajo.

Iba enumerando a medida que se movía por la habitación, marcando los hechos donde creía que habían sucedido - Sé que hay huecos, blancos, ¿de donde sale la escopeta? ¿Por que nadie la escucha? ¿Y como se junta la explicación lógica de esto con los hechos? ¿Por que el novio no se despertó? ¿Lo golpeó el ex y lo dejó inconsciente? - Meneó la cabeza

Anderson lo siguió y lo escuchó con atención, apuntando los hechos mentalmente. - ¿El ex vino con la escopeta por que sabía lo que iba a encontrarse y venia ya dispuesto a matarla? ¿Tan fuerte es el medicamento que no escucha el forcejeo ni los gritos? ¿Has encontrado la posible mordaza? ¿Y si cuando llegó forcejearon nada más el ex cruzó la puerta? Lo apuñaló y luego amenazó a la chica, la mató, se cambió de ropa y cuando fue a marcharse quiso rematar al novio pero este se defendió... ¿Dónde entra en juego la pistola de debajo del sofá?

- No me parece descabellado, quizá el ex tiene la escopeta, pero no preparada, el otro le apunta con el arma y la tiene que dejar cerca de la puerta. Se acerca, forcejean, el ex saca una navaja y cuando le hiere la mano el otro pierde la pistola. Lo apuñala en el costado y el novio cae, ella grita, lo dan por muerto. El ex la amenaza con la navaja, la lleva a la pieza, la viola, la mata, y se cambia. Escucha ruido en el living y va a ver que sucede, no lleva la navaja, el novio espera a tenerlo al lado, se levanta y dispara casi a quemarropa. Tira la escopeta, y va a ver a la chica, la encuentra muerta y después de cerrar sus piernas se suicida. - Roy asintió - Suena más creíble

- ¿Algo que difiera o se asemeje mucho a tu sueño? - preguntó mirándole detenidamente.

- Pocas cosas coinciden, En el sueño Dagmar tenía 18 años y estaba por entregarle la virginidad a Adrián, el la rechazó, es algo que ocurrió realmente, ella me lo confirmó luego. Yo estaba allí, hicimos el amor en el sillón, el sillón miraba hacia la puerta. Luego apareció Adrian, forcejeamos, lo amenace con el arma, me apuñalo, la primera al costado, la segunda a la muñeca, perdí el arma hice aparecer una escopeta en mis manos y disparé desde debajo de la mandíbula. En ese momento me desperté. - Pensó unos instantes - Dagmar me dijo que después de que Adrián cayera yo me transformé en adrián, la amenazó, y la violó, y luego despertó. No se si eso fue en el dormitorio o en el sofá, pero hasta ahora creí que había sido en el sillón. - Roy se encogió de hombros - Como verá hay elementos persistentes, pero también cosas que solo pueden pasar en sueños, como la aparición de objetos y el cambio de caras.

- Puede que la escopeta no viniese de fuera, sino que estuviese ya en la casa. El ex entra y los encuentra juntos, el novio intenta tirarlo fuera y el ex le clava el cuchillo en el costado. Él utiliza la pistola que había sobre la mesa para apuntarle y como respuesta le clava el cuchillo en el antebrazo, pierde el arma... el ex la recoge y amenaza a la chica, se la lleva, el otro no puede moverse por la herida y se desmaya. Cuando despierta ve que el ex va a salir, ve una escopeta que el mismo ex ha encontrado y la utiliza para matarlo, luego regresa a ver a su novia y se deja morir... Lo cierto es que teorías hay muchas, y me parece que nunca sabremos lo que ocurrió de verdad...

- No, pero al menos coincidimos con quien hizo que, la chica debería tener semen de ambos, las fibras bajo sus uñas, y probablemente en las manos de el deberían ser de la chaqueta del ex. La pólvora de la escopeta en las manos del novio y el cuerpo del ex. Las heridas de cuchillo deberían coincidir en ejecución con las posibles ejecutadas por un tipo de la altura del Ex

- Para eso deberemos esperar a los resultados de las pruebas. ¿Estás seguro de que no hubo nadie más? ¿Nadie que trajera esa escopeta y disparase?

- No puedo estar seguro de nada, pero lo sabremos cuando tengamos las huellas del gatillo

- Entonces sigue buscando en la escena, yo investigaré el origen de la pistola y de la escopeta y cómo pudieron llegar aquí.

- Bien, buscaré la mordaza, e intentaré determinar cuanta sangre corresponde al ex de la que está en la puerta. Al menos no hay alfombra que la absorba. –

Tomó medidas, volúmenes, hizo cálculos. Revisó los cuerpos, busco fibras y tomó muestras, y luego hizo lo mismo con la casa, a consciencia. Poco a poco la hipótesis de Anderson se consolidaba, la cantidad de sangre bajo el cuerpo, la forma del charco, fibras, hematomas y asta quebraduras en los cuerpos, marcas en la ropa, sangre lavada en el baño y las manos del ex. Incluso las marcas de sangre en la cara de la chica y sus piernas parecían confirmar una última caricia del novio antes de suicidarse.

Roy frunció el ceño, había una remota posibilidad de que la chica hubiera estado viva y golpeada después de que el Ex la violara, la presencia de la navaja en la cama, y no en el cuerpo del ex, podía significar que el que la había matado había sido el novio, como un enfermo acto de piedad o venganza.

Luego comenzó a buscar cosas personales, libros, fotos, algo que le diera una pista acerca del tipo de vida que llevaba. Estudiante de bioquímica, una vida sexual activa y variada por la elección de ropa interior y juguetes que tenía, lectora asidua y clienta de la misma librería donde Dagmar trabajaba. Las cartas estaban firmadas por Dagmar, el tono era amistoso, pero no comprometido, quizá se conocieran y se hizo la nota menta de no mencionarle a su novia lo que había investigad hoy. Demasiadas coincidencias, afortunadamente no todas directas, pero suficiente para preocuparla.

La portátil, las cartas, los apuntes, notas... Todo terminó en una bolsa de evidencia con destino al laboratorio, y sus notas pidiendo investigar esto o lo otro. Para saber quien pagaba sus cuentas tendrían que recurrir al banco donde le depositaban el dinero, pero eso requeriría una orden judicial y debería esperar al día siguiente.

Eran poco más de las seis cuando dio por concluida la investigación de campo, se juntó con Anderson para comparar notas, le informó de la nueva teoría y los puntos clave que la soportaban, y esperó pacientemente a que su jefa diera el día por terminado. Tenía mucha gente con la cual hablar, Sanguino, Dagmar, Allison, sus padres. El día había sido terrible, y a pesar de ello la investigación lo hacía sentirse vivo nuevamente.
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Re: Episodio II [Roy] Juego siniestro

Notapor Avhin » Jue, 04 Dic 2008 1:09

Domingo 9 de Diciembre - Tarde

Anderson solo había podido rastrear el origen de la pistola, el arma era de la chica, el padre fue inspector de homicidios que murió hacía ya 8 años y le había pedido a su hija que tuviera siempre protección en casa. La navaja debía ser del ex-novio, no parecía un arma que ni la chica ni el ex-novio tuviera. El ex-novio era deportista, de ahí la bolsa de deporte, tenía un pequeño apartamento al otro del barrio y parecía que poco a poco se iba instalando en casa de ella.

La escopeta seguía siendo un misterio para los dos.

Anderson salió de la escena con Roy, comentándole un poco acerca del vecindario y las costumbres de los novios. Ella llegaba por la tarde de la universidad y siempre venía con él. Pasaban la noche y por la mañana ella bajaba a por el desayuno a una tienda situada en la esquina. Los fines de semana nunca salían y una vez a la semana cenaban fuera. Al ex era la primera vez que lo veían por allí.

Accediendo a sus súplicas internas, Anderson lo llevó a las oficinas para que dejara parte de las pruebas y luego dio por terminada la jornada. Desde allí, Roy empezó a pensar sobre con quien hablaría primero, y decidió pasarse por el hospital en el que Allison estaba convaleciente. Antes de eso llamó a sus padres para saber si podrían acompañarlo a cenar mientras volvía a ver a Dagmar y quedaron en verse todos allí.

Nada más llegar a la planta en la que Allison estaba, las niñas correteaban por el pasillo, a cargo de Ariel, la hija mayor. Las dos pequeñas se lanzaron sobre Roy que de no haber estado en plena forma habría perdido el equilibrio y caído al suelo y tras los besos y los abrazos, pudo pasar a ver a su amiga. Harry le agradeció la visita y se retiró para que los compañeros pudiesen estar a solas. Allison confesó que se sentía como si la hubese atropellado un coche, tenía buen aspecto a pesar de presentar unas laceraciones en el rostro y un golpe en su lado izquierdo. Aunque estaba algo drogada por los calmantes tras la operación, pudieron charlar un poco y Roy le contó que volvía a trabajar y que Dagmar había despertado por fin. Allison lo felicitó y tras un abrazo, se despidió de ella, alegando que tenía más trabajo visitando hospitales que interrogando sospechosos.

Ya era noche cerrada cuando llegó al Monte Sinaí. Estaba cansado, no había pasado por casa todavía. Sus padres no estaban aún en el hospital, así que subió directamente a la planta dónde Dagmar estaba. Cuando llegó, Sanguino estaba fuera hablando con el agente del turno de noche.

- Roy - saludó Sanguino. - Te han tenido muy ocupado, por lo que veo. Dagmar tenía ganas de verte, no me lo ha preguntado directamente pero quería saber porque la habías abandonado - comentó sonriendo.

- Trabajo - dijo roy con una sonrisa - Iré a verla

- Te lo agradecerá. Por cierto... ¿te habló alguna vez de una persona llamada Brian?
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Re: Episodio II [Roy] Juego siniestro

Notapor SirAlexander » Mie, 10 Dic 2008 15:40

Roy miró a Sanguino extrañado, no recordaba que ella le hubiera mencionado a alguien de ese nombre. - No que recuerde,¿Por que preguntas?

- Hoy ha llamado preguntando por ella. Primero a Anderson, luego a mí. Dice que es, o era, tutor de Dagmar. Y que le gustaría saber cómo estaba.

- ¿Le preguntaste a ella?

- Has llegado tú para hacerlo. He colgado justo antes de que aparecieras. El hombre parece conocerla bien, y no me refiero a conocerla como la conocerían unos comandos contratados...

- Bien, lo haré - le guiñó el ojo - y te haré saber lo que piensa ella del tipo. De todos modos no olvides que la historia de las chicas con la Helige se remonta hasta su infancia. Sus padres estaban metidos en esto desde antes de que nacieran.

- Lo sé, pero él no tenía acento alemán. Creo que no la conocía por esa vía. Pregúntale de qué lo conoce, no vaya a ser que tengamos que ir a hacerle una visita.

- Espero que no, en fin, veremos lo que dice la damita, espero que no te moleste que te deje con mis padres un rato –

- Será un placer hablar con ellos

Dentro, Dagmar trasteaba con su cámara, sobre la cama y con una mano, intentando hacer algo que no conseguía. El libro que le habían regalado, sobre la mesita auxiliar, tenía una marca de lectura, bastante avanzada para haberlo hecho en una tarde.

- Hola amor, espero que no te hayas olvidado de mi - dijo acercándose a la cama

Levantó la vista al escucharlo y le sonrió, aliviada, con los ojos brillantes, como si hubiesen estado años sin verse. "Hola" articulo sin voz, alargando la mano libre para tocarlo.

Tomó su mano y le sonrió - Espero que Sanguino te haya dicho que tenía trabajo. ¿Como pasaste la tarde?

La joven lo atrajo hacia ella y le dio un beso, suave y largo, por el simple hecho de poder saborear sus labios otra vez. "Te he echado de menos..." lo miró con tristeza, acariciándole el rostro. "Me había acostumbrado a tenerte aquí conmigo"

- Bueno, parece que ahora tendremos que vernos menos seguido, yo también me había acostumbrado a estar aquí. - Le acarició el cabello y volvió a besarla - Me han devuelto la placa y nuevamente estoy investigando cosas, pero vendré a visitarte siempre que pueda y te llamaré.

Parpadeó para evitar las lágrimas y lo abrazó con fuerza. "Te quiero" susurró, temblando entre sus brazos y se quedó así durante un largo rato.

La estrechó contra si y le susurró un te quiero mientras acariciaba su espalda. - Bueno, tampoco es para llorar.

Lo apretó una vez más antes de separarse, con el dedo se secó una lágrima y lo miró tratando de sonreír. "Lo siento" le acarició los labios y el rostro, sin dejar de mirarlo. "Quiero salir de aquí..."

- Ya podrás hacerlo una vez que te mejores - le acarició el rostro y le sonrió, para que ella pudiera espejar su gesto

"Se me hace tan largo" sonrió. "Y ahora que te vas también se me hará más largo"

- No pienses en ello, Sanguino estará aquí y habrá muchos regalos, y antes de que lo pienses podrás salir a la calle tomada de mi brazo.

Volvió a sonreír. "¿Y podré ir a tu casa?"

- Lo primero que hare será llevarte a mi casa - dijo inclinándose para susurrar en su oído - y hacerte el amor como nunca nadie. - besó su cuello y le sonrió inocente

Dagmar se estremeció y rió por las cosquillas de su beso. "No te olvides de que estoy aquí... " pidió. Luego sonrió traviesa y le enseñó el oso "Roy es muy cariñoso, ¿sabes?"

- Has estado haciendo travesuras con él?- preguntó con un falso tono de preocupación en su voz y una sonrisa
- No - dijo en voz alta riéndose. "Pero él me da abrazos cuando tú no estás"

- Vale, se lo permitiré mientras no estoy - dijo mirando al oso de reojo

Dagmar empezó a reírse de manera contagiosa. "¿Qué has hecho hoy?" le preguntó cuando se calmó. Tras una pausa, volvió a hablar "Si puedo saberlo, claro..."

- Estuve investigando un crimen - dijo dándole poca importancia - Por cierto, ¿conoces a un tal Brian? y no, no tiene que ver con el crimen.

"Un crimen..." hundió los hombros. Pero la pregunta volvió a ponerla en alerta. "¿Brian? No sé... ¿Brian qué más...?"

- Si me esperas te averiguo el apellido, dice que te conoce de pequeña

"¿Brian?" repitió confusa. "¿De pequeña...?" pensó un rato, murmurando para si el nombre tratando de recordar si lo conocía. "Mmm... no tuve ningún compañero ni amigo llamado Brian cuando era pequeña"

- ¿Tutor, un amigo de tus padres, algún profesor?

"Ah" pareció recordar. "¿Brian Wells?... Él me enseñó todo lo que sé" acarició su cámara.

- ¿Todo? - preguntó Roy con evidente doble sentido y una sonrisa en el rostro.

Volvió a reírse poniéndose roja. "Noo, eso no me lo enseñó. Me refería a hacer fotos, tonto" sin darle tiempo su cámara se disparó dejando a Roy ciego durante unos segundo por culpa del flash. "Te pillé"

Él rió con ganas. - ¿Entonces no es de los que te hizo cosas malas?

Dagmar siguió riéndose. "No, fue... un gran amigo. Lo vi durante un tiempo después de dejar la Universidad. Me animó a seguir fotografiando. Él era, o había sido, reportero de guerra. Sabía mucho..."

- Cuando murió? - preguntó mientras tomaba su mano.

Suspiró. "No lo sé. No sé si ha muerto... Hace tres años reunió todas sus pertenencias y se marchó a Iraq. Dijo que iba a volver al frente, que volvería a fotografiar una guerra y que volvería para enseñarme las fotos. Hace dos años que no sé nada de él"

- ¿Entonces por que hablas de él como si hubiera muerto? - le acarició el rostro y le sonrió - Ahora recuerdo que lo mencionaste antes, por eso me hacía ruido en la cabeza ese nombre.

Se encogió de hombros "Hace más de dos años que desapareció... y no recuerdo haber hablado de él... ¿Lo he hecho?" preguntó confusa.

- Si, cuando me contaste de tu afición, el primer día que nos conocimos, el es tu héroe fotográfico.

Se encogió de hombros otra vez. "No me acuerdo de eso... cuando yo lo conocí se había retirado del periodismo, por eso creía que ya no volvería a la guerra a hacer fotos. Y aunque tengo la esperanza de que sigue vivo, no sé nada de él ni si él se acuerda de mi... o se acordará"

- Perdona que te haya hecho acordar de él. ¿Qué has hecho hoy?

"No mucho. He leído, he interrogado a Sanguino y te he echado de menos" le sonrió, acariciando su mano. "¿Tu?"

- He investigado, no he interrogado a nadie, y te he extrañado - le dijo con una sonrisa - y he invitado a mis padres para que te saluden, siempre y cuando estés de acuerdo.

Dagmar se sonrojó un poco "Bueno... me da un poco de corte estando aquí postrada... "

- Como tu quieras, si prefieres cuando lleguen les digo que duermes.

"No... si no me importa... Pero ya sabes, tengo que causar buena impresión y no puedo dar todo de mi ahora" sonrió un poco nerviosa. "Y son tus padres"

- No te preocupes, me han preguntado por ti y creo que mi madre ya te quiere un poco.

"¿Un poco solo?" fingió cara de pena "Eso es que no quiere que su hijo salga con una enferma..."

- Piensa que no te conoce bien, cuando lo haga te adorará, como yo te amo.

"Espero que cuando me conozca... no me tenga celos por acaparar a su niño" le acarició el rostro y le dio un largo beso.

- No te preocupes por eso, me fui de casa de mis padres hace muchos años.

"Ya bueno... no esperaba encontrarme en tu casa con tus padres" comentó riéndose. "Hazlos pasar... pero no me dejes sola con ellos" dijo algo espantada.

- No lo haré, no te preocupes, y sólo pasaran a saludarte, es tarde y debes dormir.

"Vale, si solo es saludar no me creará trauma..." rió. En ese momento se escucharon unos golpes en la puerta. "¿Se puede?"

- Adelante - dijo Roy mientras abría la puerta - La víctima ya está en el altar. - intentó sonar macabro pero la risa lo traicionó.

"Roy" suplicó Dagmar. Sus padres estaban con Sanguino, su madre le dio un beso y un abrazo nada más verlo.

- Bueno, vale, no te sacrificaremos hoy - dijo después de dar un beso a su madre y un abrazo a su padre. Luego se acercó a ella y se sentó a su lado en la cama, tomándole la mano.

- Buenas noches Dagmar - dijo el padre, - Me alegro de ver que te encuentras mejor - se acercó a ella y le ofreció la mano.

- Buenas noches, señor O'Connor - dijo ella esforzándose por hablar y luego intentó alcanzar su mano, una mano que a ella le temblaba un poco. - Buenas noches, señora...

- No te esfuerces amor - le dijo Roy.

La madre se acercó y le tomó la otra mano - Hola Dagmar, me alegro de verte despierta, gracias por hacer sonreír a este zopenco.

- De nada - respondió ella amablemente, volviendo a forzar un poco la voz y sonriendo. Quiso decir algo más, pero el esfuerzo de verse rodeada por toda la familia parecía intimidarla.

- Ya la asustamos bastante, te dije que te peinaras padre.

Ella tuvo que reír, pero luego se cortó un poco. - Lo cierto es que me cuesta hablar... y... - en ese momento llegó una enfermera, que se espantó al ver a tanta gente en la habitación y a esas horas.

- Por favor, la señorita tiene que dormir. Si son tan amables... - pidió.

- No se, quizá no seamos taaan amables - dijo papá O' Connor

- Vamos ya - dijo la madre - deja de bromear, ya podrás interrogar a tu nuera a gusto cuando venga a cenar a casa,

- Si se lo adviertes no irá - respondió él mientras salían - Que duermas bien Dagmar, y no te preocupes, no somos peores que Roy.

- Oh dios, ahora si la espantarás. No le hagas caso cariño, Roy salió bien a pesar del cabezota de su padre. Que descanses- La puerta se cerró tras de ellos, Roy le dio un beso a Dagmar en los labios y se despidió con un - Abrumadores ¿Verdad? volveré mañana a visitarte. - Luego se dirigió a la puerta - Pedro, ¿nos acompañas a comer?

- Sí, pero por poco tiempo - aceptó el sacerdote. - Buenas noches, Dagmar, que descanses.
Ella se despidió con la mano, todavía recuperándose de la impresión. Antes de salir Roy vio en sus ojos una mirada de abandono más abrumadora todavía que la presencia de sus padres.

Roy le lanzó un beso antes de cerrar la puerta y mantuvo la sonrisa mientras caminaban por el pasillo. - Supongo que comeremos en la cafetería, menos que Pedro prefiera salir afuera.

- No me importa salir, iré dónde todos vayamos a ir - contestó el sacerdote.

- Vayamos a comer al bar de enfrente entonces, es bastante decente y podras volver rápido si te necesitan.

Bajaron por el ascensor, hablando de nimiedades, poniendose al día. Comieron sin tocar ningún tema álgido y recien con el café frente a ellos Roy decidió contarles el sueño y la relación con la investigación que realizaba. Sus padres se mostraron interesados por el hecho de que compartiera los sueños con Dagmar, y su padre comentó que sería una excelente herramienta de investigación.

- ¿Qué interpretas tu que fue ese sueño, Roy, comparado con lo que ha pasado en realidad? Me explico, ¿cual es tu punto de vista? - Preguntó Sanguino

- La verdad no lo se, no puedo negar que ha habido algún tipo de conexión, negarlo sería aún peor que decir que nuestras acciones determinaron el resultado de esa pelea. Afortunadamente hay suficientes elementos que los separan, no lo se, algún tipo de conexión psíquica. Ya el hecho de que tanto Dagmar como yo soñemos lo mismo es extraño. ¿Qué tan descabellado sería pensar que además de conectarnos entre nosotros lo hacemos con alguna especie de red mental. - Sonrió irónicamente - Lo se, cada vez sueno mas a alguna de las series que se ven en la tele, pero últimamente me están sucediendo cosas fuera de lo común, no puedo negarlas, ni tampoco aceptarlas a priori. - Se encogió de hombros - Temo comprometer una opinión demasiado firme, quizá tu Pedro puedas decirme a quien puedo consultar por estas cosas.

- No conozco personalmente a nadie que pueda conectarse a través de lo sueños, pero aunque no lo creas he aprendido a aceptar los sucesos extraños de la naturaleza, al fin y al cabo, aunque las cosas escapen a la lógica y no puedan ser demostradas, están ahí. Desde mi punto de vista, y te hablo sobre algo que ya ha pasado, investigué un caso parecido, diría o interpretaría que lo que Dagmar y tu tuvisteis fue... una visión. No tanto una visión profética sobre lo que ha ocurrido o lo que va a ocurrir. Quizás, y digo quizás, se te ha mostrado ese sueño o una parte de él, que te ayude a resolver ese asesinato... Quizás sin esa visión no habría forma de resolver ese crimen y los dos poseéis esa capacidad, la capacidad para ver lo que otros no pueden ver.

- ¿Premonición? - Roy pareció pensar en algo muy viejo, algo enterrado en un pasado aún más antiguo que él mismo - Madre, ¿Recuerdas a Billy Roche? El chico que murió en la elemental a la que yo iba en un accidente.

Su madre asintió en silencio y su padre levantó una ceja, nunca habían hablado de ese asunto, pero había marcado un cambio en la conducta de Roy.

- No recuerdo cuanto tiempo fue, yo soñaba con algo y sucedía, el accidente de aviones, la caída del camión cisterna, creía que era yo quien los provocaba. Después de Billy me obligué a dejar de soñar, y hasta ahora no había recordado por que. Recién después de la muerte de Eileen volví a hacerlo.

- Oh Roy, era por eso que no te encontrabas bien, ahora lo recuerdo, estabas como ido y ningún terapeuta pudo resolver lo que te sucedía.

- No me atrevía a contarlo, y luego lo olvidé completamente.

- Puede que no fueses tú el culpable de esos accidentes. Tal vez se te mostraban con el fin de ayudar. - Dijo pedro

- Seguramente no era el culpable - sonrió Roy, sin pasar por alto el contenido mesiánico de la frase de Sanguino. - pero era un niño y me sentía responsable. Premonición... si lo hubiera sabido, si hubiera hablado en lugar de sentirme culpable... - Pareció perderse unos momentos en sus propiasa ideas

- ¿Sabes ya quien es Brian? - Preguntó Sanguino sacándolo de su ensimismamiento.

- Si, perdona, fue el maestro de fotografía de Dagmar, hace dos años se fué a Irak y no ha vuelto a saber de él

- Pues parece que ya ha vuelto de Irak... Lo investigaré, insistió en que quería verla.

- Habrá que ver si es realmente él - Roy meneó la cabeza - Odio no poder confiar de entrada en la gente que viene de su pasado.

- Es comprensible, lo que hemos visto hasta ahora es que la mitad de su pasado vuelve para atormentarla. Pero también es cierto que desde que intentaron matarla solamente nos ha visto a ti, a tus padres, a mí y al médico.

- Y yo casi la mato dos veces - dijo con una semi sonrisa el detective - Lo que me preocupa es la insistencia con la que intentan llegar a ella, y que la hayan vinculado con el asesinato de su hermana.

- Quizás no sea insistencia en llegar, tal vez sea un intento de mantenerla bajo control. Y sobre su amigo Brian, si como dice ha estado en Irak y acaba de volver, si ha encontrado su casa como creo que debe estar se habrá preocupado.

- Desde luego, en principio podemos hacerle saber que está bien, pero que nadie puede verla por razones federales, la verdad. Entre tanto deberiamos averiguar lo más posible sobre él

- Mañana contactaré con él para tener una charla después de descubrir todo lo que haya sobre él.

- Vale, ¿como te trata tu cuerpo?

- Me trata bien, estoy acostumbrado al dolor. Creo que de no ser porque me mantengo en buena forma no podría ni caminar. Aunque los calmantes empiezan a perder su efecto.

- Debería descansar padre - dijo la madre de Roy con una sonrisa - no se exija demasiado por ahora.

- Nosotros lo llevaremos a donde tenga que ir - intervino el padre - Roy está lo suficientemente grandecito como para ir a su casa sólo.
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Re: Episodio II [Roy] Juego siniestro

Notapor Avhin » Mie, 10 Dic 2008 16:40

Domingo 9 de Diciembre - Noche

Con un bostezo, Roy esperó en la calle la llegada del taxi. Sus padres acompañaron a Sanguino a su residencia mientras que a él le tocó el viaje de vuelta solo. El coche se detuvo delante de él y como un autómata, el detective se acomodó en el asiento trasero mientras le daba la dirección de su casa. Ya en marcha, se quedó absorto mirando las luces de la ciudad, la noche oscura hacía que las calles estuviesen vacías, tanto por lo tarde que era como por el frío que hacía. Las luces iban acompañadas por la nieve, generosos copos que al día siguiente dejarían una fina capa de hielo en las casas, los tejados y los coches. Hacía más frío cada vez, sintió un escalofrío y se abrigó bien con la gabardina.

Apoyó la cabeza en el cristal de la ventanilla, sintiendo el frío que hacía fuera. El taxista iba en silencio, ni siquiera tenía la radio encendida y el sueño comenzaba a invadirlo. Unos cuantos metros más y estaría en su cama, caliente y cómodo, más que en el hospital. Pensó en Dagmar un rato, en lo que harían cuando ella saliese, pero también en el peligro que correría fuera, además de la detención que la obligaría a pasar al menos 48 horas en prisión hasta que tuvieran pruebas de un crimen que no había cometido.

Sintió, sobresaltado, una mano aferrarse a su brazo, una mano que quemaba. Miró al lado, unos ojos castaños lo observaban. Dagmar. ¿Se había dormido en el taxi y soñaban juntos? No, no era Dagmar. La mujer que tenía al lado era morena, más adulta y con la mirada de alguien que ha sufrido un dolor terrible. Por un momento no la reconoció, ella alzó la otra mano y con los dedos, le acarició la mejilla y el pelo, Roy sintió que los dedos tenían una temperatura mayor que la del tacto de una persona normal. Bajó la mirada de sus ojos a su cuerpo, vestía un camisón corto, blanco, el borde estaba subido y podía ver casi todas sus piernas, en uno de sus muslos descubrió una cicatriz. Al mirar la mano que sujetaba su brazo descubrió otras cicatrices en sus muñecas. Ella siguió acariciando su mejilla, su cabello, sus ojos, su nariz, todo su rostro, hasta sus labios, dónde comprobó que respiraba colocando los dedos delante. Y se quedó mirándolo, sin decir nada, sin moverse, sin hablar, solamente observándolo, el color de sus ojos, el de su piel, mientras las luces de la noche arrojaban matices intermitentes al rostro de la mujer que hacía tan solo once días había sido asesinada en su casa.
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Re: Episodio II [Roy] Juego siniestro

Notapor SirAlexander » Jue, 11 Dic 2008 18:23

Roy miró a la mujer, una vez más, para cerciorarse de que era ella - ¿Que necesitas de mí Cordei?

Ella no contestó, siguió mirándolo como si no hubiera oído la pregunta, colocó ambas manos en el rostro de Roy para que la mirase fijamente y no apartase la mirada. Él la miró a los ojos, quizá la respuesta se encontrase en ellos.

En el reflejo de sus pupilas no se encontraba él, había algo en el fondo que no lograba interpretar. Se quedó atrapado en sus ojos, observando una secuencia que se repetía, oscuridad, un destello de luz mostrando la figura de una mujer y luego sangre que se extendía por los iris castaños de Cordei. Poco a poco, a medida que se repetía, los ojos de la mujer se iban cerrando, cansados.

Intentó atrapar la imagen, la secuencia de imágenes, no pretendía interpretarla ahora y era evidente que no obtendría respuesta de ella. Al principio todo era oscuro, un destello de luz mostraba a una mujer, estaba quieta, sentada en la cama, como si estuviera posando para un cuadro. Luego, el color rojo salpicaba hacia el espectador y todo se volvía del color de la sangre, que se deslizaba por el cristal transparente de sus ojos.

- Sé que te asesinaron Cordei, quisiera saber quien lo hizo. - la miró, intentando frenar la parte consciente que le decía que hablaba con una muerta. Después de todo era un sueño - ¿Puedes hablar?

Dejó de ver la sangre y la luz, y se vio a sí mismo reflejado en los cristalinos de Cordei. Ella parpadeó y cerró los ojos, perdiendo fuerza en las manos, que empezaron a volverse frías. Volvió a abrir los ojos, vidriosos a punto de llorar. - No lo sé

- No sabes quien te mató - dijo notando como las manos se enfriaban a medida que ella misma cambiaba, como si algo la abandonara - Y quieres que lo descubra.

Dejó escapar las lágrimas, su rostro se volvía pálido. - No dejes que se acerque a Dagmar... no dejes que llegue a tocarla... no dejes que llegue a ella... no dejes que me siga allí dónde estoy

- ¿Quien? - lo alarmó el pensar que Dagmar podía estar en peligro, que lo mismo que le había pasado a Cordei podía sucederle a su hermana. Roy ya sabía que Dagmar corría peligro, pero esto era algo más, debía saber.

- Él... el que me mató... el que nos robó el alma... el que nos separó... él que quiere llegar hasta ella para alcanzar la gloria...

- Yo la protegeré, pero debo saber con quien me enfrento, dime donde buscar Cordei. - algo le resonó en la cabeza - ¿A quién más le robó el alma?

- A ella... - sus manos cayeron sobre el pecho de Roy y el cuerpo de Cordei reposó sobre el asiento del taxi, agonizando pesadamente. - Pero ella no se fue sola... fue con sus dos guardianes... el del pasado y el del presente... y yo me fui sola...

- ¿A Dagmar? - sabía que no podía exigir respuestas largas, y había demasiado que preguntar - ¿Quienes son sus guardianes? ¿De donde os fuisteis?

- No... Dagmar todavía tiene su alma... pero no consientas que se la quiten... eres su guardián... debes conservar su alma

Asintió, aliviado, y recordó otro nombre - ¿Amara? ¿la del medio? ¿A ella le robaron el alma?

- Ella ya no tiene alma... eso pasó hace mucho - cerró los ojos, seguía respirando pero sus movimientos eran cada vez más pausados. - Le quitará el alma a otras... y empezó conmigo... hubo otra... con dos guardianes... sus reflejos miran a Dagmar siempre que ella las mira...

- ¿Cómo lo detengo? - recordó el asesinato de la joven, sus dos guardianes, el ex y el novio, entonces el asesinato de la chica estaba relacionado. - ¿Quien es él?

- Él... es el traidor... un antiguo guardián...

- ¿Chris?

Negó con la cabeza. - Él ya estaba aquí cuando yo llegué... pero aún no he podido encontrarlo

- ¿Donde estás? He visto a un hombre igual a Chris, se hace llamar Patrick

Ocultó su rostro entre las manos por las que escaparon lágrimas. - No puede haberme engañado... no aquí... no después...

- ¿Después de muerto?

- Después... yo aquí... él allí... no puede ser...

- Ojalá pudiera darte una respuesta Cordei, pero creo que quien murió esa noche en tu casa no era Chris, y mucho me temo que los que idearon todo esto son peores de lo que crees.

- Entonces... mátales... solo así acabará esto - tras decirlo, sus manos cayeron sobre el asiento y dejó de respirar.

Roy se quedó mirando el cadáver de Cordei, tenía mucho de que hablar con Pedro, demasiadas cosas hacían al Helige Mission mas importante e imponente de lo que parecía.

Despertó sobresaltado, segundos antes de que el tai se frenase frente al edificio donde vivía. Pagó la tarifa y subió a su departamento, antes de acostarse se dio una ducha y luego anotó la conversación que había tenido con Cordei. Mas tarde seguramente podría relacionar las cosas.
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Re: Episodio II [Roy] Juego siniestro

Notapor Avhin » Lun, 15 Dic 2008 20:33

Domingo 9 de Diciembre - Noche

La cama se le presentó más blanda y cálida de lo normal, el día anterior había dormido en el hospital con el percutor clavado entre las costillas. Aquella vez dormiría con almohada blanda y sábanas limpias. Durante un instantes, antes de dormirse, se imaginó a Dagmar a su lado, debajo de las mantas, desnuda y acurrucada en sus brazos. Dentro de poco, pensó, eso podría cumplirse. Siempre y cuando aquellos que querían matarla, que querían robarle el alma, lo permitían. Pero para eso estaba él; como su guardián, como el caballero, debía impedir que la reina muriese.

La reina estaba allí, con él, delante de él. No había rey, el lugar estaba vacío de figura real. Él premanecia erguido frente a ella, el caballero destinado a protegerla. En aquella habitación, en la habitación de su majestad, de la reina, de la mujer que amaba, su misión cobraba un nuevo sentido. Ella lo estaba esperando, no llevaba ese traje con el que se había presentado por la mañana al consejo real, sino un camisón mucho más sencillo, tan sencillo que podía ver cada curva de su cuerpo con solo mirarlo fijamente. No tenía adornos, no tenía hilos de oro ni de plata, no estaba ceñido a su cuerpo ni estaba compuesto por telas de tres países diferentes, lleno de tintes exóticos. Él tampoco ceñía su armadura, tan solo una camisa, un pantalón y las botas. Casi desnudo, se diría, había salido de su habitación en los cuarteles para llegar hasta la habitación de la reina, aguantando el frío de la noche estoicamente, como buen soldado.

La reina le sonrió, acercándose hasta él, desde la ventana hasta la puerta de la habitación. La hoguera estaba encendida, pero no llegaba a dar calor a toda la habitación y ella parecía tener algo de frío cuando llegó a su posición y lo abrazó. Sus brazos estaban frios, su cuerpo no entró en calor hasta que él no se lo transmitió con otro abrazo. Esa noche era para ellos, los asesinos de nobles no llegarían hasta el pequeño reino, no podrían atravesar las defensas de la ciudad y matar a la última de la familia para llegar al poder. El caballero estaba ahí para protegerla.
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Re: Episodio II [Roy] Juego siniestro

Notapor SirAlexander » Vie, 02 Ene 2009 19:39

Roy

Roy se sabía en un sueño, pero también sabía que soñar era mucho más para él y Dagmar, por lo que eligió seguirlo hasta las últimas consecuencias. Además, la parte del sueño que venía ahora era siempre gratificante y se dedicó a ser el caballero sabiendo que Dagmar esra su reina en el hospital..

El tacto de su piel, el calor de su aliento, lo trémulo de sus caricias y lo salvaje de su entrega hacían que las noches pasadas junto a la reina fueran tremendamente excitantes. Pero por sobre todo estaba el amor que había ido surgiendo tras la partida del Rey, la mutua entrega sin reparos. Aún así no carecía de peligro lo que hacían, y el secreto agregaba un factor exótico al placer que se entregaban.

Después de haber consumado lo que cada noche se volvía más necesario para ambos, descansaban desnudos bajo las sábanas del lecho real. Acariciaban sus cuerpos con deleite, ya habían satisfecho la urgencia inicial, y luego habían recorrido la habitación entregándose a una lujuria más calmada pero no menos profunda. E apetito estaba saciado por el momento y ahora disfrutaban de un relajamiento casi soporífero.

Sin embargo la calma duró poco, unos golpes se dejaron oír en la puerta, apremiantes, urgentes. El caballero miró a la reina, levantó una ceja y se apresuró a juntar la ropa, escondiéndose detrás de la cama. La reina se apresuró a ponerse el camisón y una bata, y la voz al otro lado sonó apremiante. - Majestad, abrid, es importante – era el consejero y sacerdote real, el único que conocía y aprobaba la relación. - Corréis un grave peligro, abrid la puerta – la reina no se hizo esperar y mientras el caballero se vestía obedeció al hombre. El sacerdote entró y buscó con la mirada al caballero, Roy no pudo evitar la sonrisa cuando reconoció a Sanguino. - Rápido, debéis huir

- ¿Que ha sucedido? - dice el caballero incorporándose vestido y armado desde el otro lado del lecho.

- Los enemigos están en las puertas, dispuestos a presentar batalla, por vuestra seguridad, mi reina, debéis huir - luego miró al caballero. - Y tú debes protegerla con tu vida. Rápido, el camino por las mazmorras está asegurado, al otro lado os espera un carro para abandonar la ciudad

El capitán de la guardia asintió y buscó en el vestuario de la reina algo que le facilite el movimiento y la abrigase a un tiempo, alcanzándoselo mientras él terminaba de prepararse. - ¿Tu que harás? - preguntó al consejero

- Yo protegeré cuanto pueda este reino y evitaré que los enemigos puedan seguiros la pista. Rápido, no hay tiempo que perder.

- Pero no puedo abandonar así a los guerreros que protegen este lugar - insistió ella, reticente a marcharse.

- Ellos han jurado lealtad al reino, y juraron dar su vida por la vuestra, si el enemigo os mata aquí entonces dará lo mismo para ellos estar vivos.

Suspiró abatida y asintió, dejándose guiar por el sacerdote y el caballero. El sacerdote se despidió al llegar al primero de los pasadizos. - No sé cual será vuestro destino, pero una vez estéis a salvo no intentéis poneros en contacto, nosotros lo haremos cuando todo esté seguro. Creemos que hay traidores entre nosotros

- Siempre hay serpientes en el nido del águila, os lo advertí cuando llegué, vamos. Buena suerte, cuidad de mis muchachos.

Largas escaleras los guiaron al nivel inferior de la fortaleza, terreno virgen para la reina. La humedad y el frío reinantes provocan escalofríos en la reina, la cual busca refugio en el cuerpo de su amado caballero. - Tranquila mi reina, no os apartéis de mí, pero dejad libre el brazo de mi arma. - sacó un mapa de sus ropas, lo había ido completando a medida que exploraba las mazmorras. - Por aquí, debemos ser rápidos y silenciosos

Ella asintió y reclamó un beso para poder continuar. Llegaron hasta una habitación sin salida, allí esperaban cuatro soldados custodiando la entrada. Le entregaron la caballero una antorcha con la que poder ver al otro lado y se despidieron de ellos, la reina les dio su bendición antes de que la puerta secreta se cerrara tras ellos. Una rata correteó entre sus pies y la reina se estremeció gimiendo de horror.

- Hay cosas peores adelante, pero vuestra vida es más importante que vuestros temores, yo os protegeré.

- De acuerdo. Confío en ti - susurró apretándose fuerte al caballero. Avanzaron un buen trecho, las ratas seguían corriendo bajo sus pies, el suelo comenzaba a ser húmedo, el olor de agua estancada se hacía más fuerte y recordando cual era el camino, dieron varias vueltas, giraron varios recodos hasta que por fin encontraron unas escaleras que llevaban a la superficie. Él le hizo una seña de que hiciera silencio y subió poco a poco, tratando de no hacer ruido. El aire se iba volviendo menos pesado, más fresco hasta que finalmente, la salida, oculta entre varios matorrales, los ocultaron de cualquiera que pudiera estar vigilando. Delante pudieron ver un carro tirado por dos caballos, el cochero esperaba nervioso abajo, iluminado tan solo por la luz de la luna.

El caballero se acercó en silencio al carro y reviso que todo estuviera en calma antes de hacer una seña a la reina de que lo siguiera. Ella intentó ser silenciosa, nada parecía fuera de lo normal, ni siquiera los espasmos del conductor, que parecía a punto de sufrir un ataque, no sabía por dónde vendrían. El ruido de la batalla empezaba a escucharse, incluso por encima de la muralla se podía ver el fuego que lanzaban los enemigos contra las murallas.

Ayudó a la reina a subir y se colocó a su lado. - Arranca- dijo en un susurro. El hombre espoleó las monturas y el carro comenzó a avanzar adentrándose en la espesura del bosque neblinoso. La reina abrazó al caballero con lágrimas en los ojos. - Tranquila amor mío, aún no estamos a salvo, no podemos bajar la guardia

Ella se apretó fuerte a su protector. - ¿Quién quiere matarme? - quiso saber. El carro seguía avanzando por el camino del bosque, hacia la espesura, alejándose del castillo y también de la ciudad más cercana.

- No lo sabemos, pero es el mismo que mato a vuestra hermana, ella me envió.

Ella sollozó buscando consuelo en su amado. El carro traqueteaba, el silencio de la noche solamente estaba roto por los cascos de los caballos sobre el pasto. Tras un buen trecho de camino, el carro comenzó a frenar y la reina se estremeció. - ¿Por qué paramos? Todavía se escucha la batalla.

Él le hizo una seña a la reina de que se mantuviera en silencio y golpeó brevemente el techo del carruaje en una sucesión preacordada, si el chofer seguía vivo respondería con una contraclave, si no deberían salir corriendo. No hubo respuesta, sin embargo, el carro se detuvo completamente. De una patada abrió la puerta derecha, mientras que discretamente abría la izquierda y bajaba por ella con la reina, cubiertos con una tela negra

Al poner los pies en el suelo, el claro en el que se habían detenido estaba iluminado por varias antorchas. Varias figuras rodeaban el claro, y las dos posibles salidas. - Lo siento - gimió el cochero desde su pedestal, intentando excusarse. Correr parecía poco efectivo, contó las figuras fingiendo estar paralizado

Había al menos ocho personas situadas en círculo cercando el carro. La reina se apretó al caballero ahogando las lágrimas, no quería que la viesen llorar de terror. - No soltéis mi mano - Susurró al tiempo que lanzaba el paño negro hacia las antorchas más cercanas y lanzaba una estocada feroz para abrirse paso a través de uno de los enemigos. Con suerte el incendio del paño le daría tiempo de internarse en el bosque

Nadie se interpuso en el camino del caballero, el fuego alcanzó unos arbustos y comenzó a extenderse, con el estoque mantuvo a raya a una de las figuras que recibió un tajo en el brazo y empezó a correr a través de la espesura, seguido a duras penas por la reina, cuya ropa hacía difícil sus movimientos. La falda se enganchaba en cualquier rama baja mientras que la capa que la protegía del frío lo hacía con las ramas más altas hasta que fueron dos ramas las que la dejaron atrapada

El caballero se giró y volvió hacia la reina, intentando liberarla, cortando tela donde fuera necesario. Una vez libre, volvieron a correr, las sombras corrían por detrás de ellos, no muy lejos, las antorchas que llevaban eran visibles, los estaban alcanzando. La reina ponía todo su empeño en correr todo lo deprisa que podía, pero apenas podía respirar. El caballero recordaba la herida casi mortal en el pecho que recibió hacía tiempo, el esfuerzo al que estaba sometida podría poner más en peligro su vida

Buscó un árbol grueso, le hizo una seña y la ayudó a encaramase no sin antes pedirle su capa y dejarle la suya, le hizo señas de que guardara silencio y se lanzó a correr con la capa en una rama. Debía distraerlos, después daría un rodeo para volver a buscarla

Ella asintió y se afianzó sobre las ramas, le dio un beso antes de que se marchara y le pidió que tuviera cuidado. Empezó a correr, las luces pasaron de largo por el árbol en el que había dejado a la mujer y lo siguieron, quiso perderlos de vista pero llegó a un nuevo claro. Una nueva figura esperaba allí, ataviado con una capa oscura y capucha.

Roy sabía que no podía darse el lujo de pelear, pero no tenía otra opción aparentemente, fingió una finta por la izquierda, haciendo ver que correría hacia el bosque e intentando atraer al de negro hacia allí, luego giró hacia la derecha, pivotando sobre el pie izquierdo y describiendo un círculo de acero con la punta del estoque. La figura esquivó con increíble precisión el golpe, a su vez, volviendo a hacer frente al caballero, esta vez sacando de debajo de su capote una extraña arma en forma de guadaña

El caballero no conocía a su oponente, o mejor dicho no quería reconocerlo como lo que representaba. La guadaña es un arma larga, de alcance limitado cuando se está muy cerca, similar a lo que sucedía con las lanzas. Arrojó la capa de la reina a la figura mientras la embestía, sacando de su vaina el main gauche con la mano correspondiente, y utilizándola como punta de lanza de su cuerpo mientras el estoque buscaba las manos de su oponente

Su contrincante cortó en dos la capa haciendo girar el arma en sus manos mientras se movía hacia atrás para evitar los golpes, a una velocidad imposible para alguien humano. A sus espaldas, las figuras llegaron al claro y comenzaron a rodear a los dos luchadores para evitar una posible huida

Esperó a que el círculo se formase, y como esperaba quedaban espacios entre los que lo formaban, sin embargo buscaba algo más, y cuando lo encontró se lanzó a por ello. Fingió un ataque en carga, y a último momento y aprovechando el impulso, se giró y se lanzó hacia fuera del círculo entre las piernas de un lancero. Si lo lograba habría ganado unos segundos, si no, de todos modos perdería la vida

Su distracción sirvió para que sus contrincantes, demasiado confiados, no pudiesen detenerlo. Logró salir del círculo intacto, se puso en pie y empezó a correr. O lo intentó, un arma se clavó a su espalda en el costado, no era una lanza, ni la guadaña, sino el virote de una ballesta. Maldijo, sabía que algo así pasaría, de todos modos no podía detenerse, no podía permitirse ese lujo, Comenzó a correr buscando la protección de los árboles para evitar otro disparo mientras aguantaba el dolor. Sabía que no llegaría lejos, pero por cada metro que ganase habría un metro más de esperanza para la reina. Trató de tocar el virote, para saber si había dado en algún punto vital

Sentía la sangre correr por el costado, por la cadera, iba perdiéndola con cada paso que daba y salpicaba incluso la hierba. Las figuras detrás de él lo perseguían, las luces andaban cerca, oía silbar el filo del enemigo muy cerca. El virote no había tocado ningún punto crítico, aún así el pinchazo se volvía cada vez más insoportable. Y más insoportable se volvió cuando escuchó un grito de horror de la reina y las risas de los enemigos, seguido de sus llamadas de socorro.

Con un juramento se dirigió hacia donde escuchaba el grito, ya nada le importaba, atravesaría a quien se le cruzase y moriría a los pies de su dama, pero se llevaría a cuantos pudiera. Por primera vez en años elevó una plegaria, pidiendo por la vida de la reina. Dos hombres prendían fuego a las ramas del árbol en el que estaba la reina, mientras otro trataba de alcanzarla con la lanza. Ella se movía como podía, evitando el filo y huyendo del fuego que comenzaba a extenderse.

- Si hace falta quemaremos el bosque entero - dijo uno de ellos tirando la antorcha hacia las hojas secas de las raíces.

Se lanzó hacia el del arma, tenía que matarle antes de que lo viera venir, o al menos llegar lo suficientemente cerca como para que la lanza le resultase inútil, luego se encargaría de la antorcha y del otro, y si podía de su herida El asesino cazador estaba demasiado concentrando en su posible víctima, igual que los otros dos. El arma del caballero lo atravesó de lado a lado sin que este se diera cuenta y murió en el acto. Uno de los hombres lanzó la antorcha que portaba hacia el caballero mientras el otro sacaba su arma de la vaina y se disponía a hacerle frente. La reina se movió sobre el árbol para evitar el humo y el fuego, aunque podía escucharla toser con fuerza.

Con la mano mala tomó el astil de la lanza que caía y trazó un arco, no esperaba golpear a nadie, pero si mantenerlos a distancia mientras paleaba la antorcha hacia ellos. La antorcha cayó entre los pies de ellos, la lanza golpeó en la cabeza al que acababa de sacar el arma y se llevó las manos a la herida y al golpe, el otro decidió desenvainar el arma y hacerle frente. Cuando dio dos pasos hacia el caballero, la reina se dejó caer encima de él golpeándole la espalda con los pies y ambos acabaron en el suelo enzarzados.

El caballero fue hacia la reina, buscando con la punta del estoque al enemigo, no podía arriesgarse a matar a su dama. Algo era seguro, debería sacarse el virote si quería seguir corriendo. Le clavó el arma en el cuello a su enemigo cuando éste trataba de levantar el arma hacia la reina, la sangre salpicó a la mujer que gimió asustada y luego miró al caballero. El fuego empezaba a extenderse por el árbol como un faro en mitad de la noche y pudo ver que estaba herido. Acercó sus manos a la herida, temblando de preocupación.

Sin pensar, sin darse tiempo a sentir, concentrándose en los ojos de la mujer que amaba, aferró el virote y tiró de el aflojando los músculos de la zona, solo esperaba que el dolor no lo inutilizara. Éste fue intenso, tanto que sus piernas se aflojaron. La reina lo abrazó con el corazón desbocado, sus rodillas tocaron el suelo, la mujer se aferró a él para que el dolor no lo paralizase intentando transmitirle sus fuerzas, pero él no podía moverse.

Respiro profundo, obligándose a mantenerse consciente, sacando fuerzas de la urgencia que los impulsaba. Se obligó a pararse, se abrazó a la reina y sacó el estoque de la garganta del enemigo. - Vamos - dijo más como una expresión de deseo que otra cosa, tratando de convencer a su cuerpo de moverse

- Mantente sobre mí - le pidió ella, sirviéndole de apoyo. Lo más rápido que pudieron, se alejaron del fuego y de los enemigos. Todo iba a salir bien, podrían escapar, ellos vivirían y nada malo pasaría. Pero la muerte los perseguía con la forma de una figura encapuchada y un arma con la forma de una guadaña unos metros más adelante.

El caballero maldijo internamente, no había forma de escapar de ese tipo, ni de pelear en la condición que traía, Pero no podía fallarle a su reina, para peor podía escuchar a los demás cazadores dando vueltas. - ¿Que quieres maldito? - dijo conociendo la respuesta, pero tratando de ganar tiempo para recuperarse un poco más

- Su alma - contestó señalando a la reina. Ella se abrazó fuerte al caballero, intentando mantenerse alejada del enemigo, pero en vez de eso, parecía que se situaba entre en el enemigo y su amado. La herida lo tenía paralizado por ese lado, podía mover el brazo, pero él no podía moverse del sitio.

- No la tendrás - su aseveración era más un deseo que otra cosa, - Por más que nos mates no la tendrás porque estamos atados, y te aseguro que me la llevaré lejos de ti.

La figura se encogió de hombros. - Entonces si me llevo la tuya también me llevaré la de ella. Es cuestión de tiempo y de cuál de los dos me la entregará primero - empezó a caminar hacia ellos con la hoja de su arma apuntando al suelo, preparándose para atacar en cuanto estuviesen dentro de su alcance.

No te llevarás ninguna, ya estas vencido - Roy se irguió cuanto pudo - Nuestras almas ya no te pertenecen - Tenía una sola oportunidad, empujaría a la reina tan pronto como el enemigo iniciara su ataque, y luego se lanzaría sobre él. Sabía de alguna manera que no debía odiarlo o se convertiría en su instrumento

La figura se lanzó hacia la pareja, el caballero empujó a la dama y se lanzó contra el enemigo. Oyó el grito de ella cuando su arma atravesó el cuerpo del asesino y su guadaña caía. Esperó el golpe, sin embargo, este no llegó, la hoja falló, abriéndole un corte en el brazo y después clavándose en la tierra. Él estaba vivo y su enemigo agonizaba, podía sentir su sangre en las manos y como su cuerpo se abandonaba y se volvía más pesado.

Lo empujó lejos de si, limpió sus manos en la ropa oscura del tipo y le sonrió. - Lamento que haya llegado a esto, ve con dios, ojalá el te reciba con los brazos abiertos - dijo al tiempo que ponía sobre su frente la cruz que su madre le había dado, un amuleto inútil hasta hacía unas semanas, pero que ahora se convertía en el depositario de su fe. Confiaba en que Dios sabría retener a ese ser ávido de dolor

Dos enemigos llegaron detrás del hombre, pero se detuvieron cuando vieron que estaba muerto, miraron al caballero y soltaron sus armas, retrocediendo. Eran las dos últimas figuras que había contado cuando llegaron al claro, no quedaban más enemigos. La reina se lanzó sobre él y lo abrazo con fuerza, causándole sin querer un pinchazo de dolor en la herida.

Sonrió - Estamos a salvo amor mío, al menos por ahora, salgamos de aquí - La abrazó y retrocedió - Quisiera que el padre estuviera aquí para brindarle una oración más adecuada. - Se alejó del lugar, dirigiendo sus pasos hacia el camino, ya encontrarían el carro

Se alejaron del fuego, el viento lo llevaba hacia los árboles cercanos, ya había tres árboles ardiendo y el humo se elevaba hacia el cielo nocturno. Encontraron el camino y lo siguieron. La reina no se daba cuenta, pero la herida seguía sangrando y el dolor se volvía insoportable. - Con vuestro permiso - dijo el caballero apartándola un poco - debo vendar esta herida - hizo tiras de las mangas de su camisa - Sostened esto. - Como pudo se vendó el torso, tratando de cubrir la herida - El carruaje debe estar en esta dirección, una vez allí podre descansar.

Ella asintió y observó el proceso con atención, observando también algo espantada la herida del caballero. Lo ayudó cuando él lo necesitó y le devolvió las fuerzas con un beso. Después volvieron a ponerse en marcha, siguiendo la senda hasta dar con el carruaje rodeado por antorchas en el claro. El cuerpo del conductor estaba tirado a un lado, muerto, los caballos pastaban con tranquilidad, ajenos a todo. Sonrió resignado, parecía que no sería tan fácil descansar. - Subid a la cabina, dijo después de revisarla. - yo llevaré las riendas hasta el próximo pueblo

- Quiero hacerlo yo, necesitas descansar - pidió intentando que le diera el mando del carro. - ¿Y si nos quedamos aquí hasta el amanecer? - sugirió. - Así descansarías, tengo la intuición de que con la muerte de ese hombre todo ha terminado, los enemigos han huido y seguramente el conductor haya muerto por traidor... - se acercó a él, aún sabiendo que el tiempo no sobraba.

- Suena tentador, supongo que no me hará mal descansar, y es cierto que los bellacos huyeron cuando vieron a su jefe muerto. Confiaré en ti, si quieres llevar el carruaje hazlo, y si no descansa conmigo en la cabina

Ella sonrió y le dio un abrazo, ayudándolo a instalarse en el carruaje. Cerró la puerta y lo ayudó a acomodarse como mejor pudo, para evitar que la herida le doliese. Unos minutos después, el silencio se instaló en el claro, buscaron el calor de sus cuerpos para sobrevivir al frío de la noche. Ella le acariciaba la cabeza y le susurraba dulces palabras para que olvidara el dolor de la herida. - Viviremos eternamente, ¿verdad? - preguntó feliz. - Mi valiente caballero, mi rey...

El despertador lo sacó del mundo de ensueño, no sentía dolor, no había heridas, pero había transpirado como si hubiera corrido y eso tenía fácil solución. Se fué al baño y puso a correr el agua de la ducha mientras se afeitaba, luego se baño para terminar de despertarse y se preparó un desayuno. Su mente no dejaba de tratar de poner en perspectiva el sueño, y no pudo evitar pensar en l que Sanguino le había dicho. Miró el reloj, era temprano para llamar al padre, por lo que terminó su desayuno y se vistió, traje oscuro, camisa blanca, la pistola en la sobaquera y el 32 en la funda de tobillo. Con el portatil y los papeles en el maletín bajó por el ascensor y llamó a un taxi.

En el trayecto llamó a Sanguino, y escuetamente le comentó de su sueño, y que si le daba algún crédito a su teoría de las premoniciones, sería bueno que se preparasen para un asalto en regla. El taxi lo dejó fuera de la explanada del edificio, y tras pagar la carrera se encaminó a las puertas donde un portero le cedió el paso a un vestíbulo límpio y poco poblado. Su credencial, debidamente magnetizada, le abrió el ascensor que lo llevaría hasta la oficina de Anderson.
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Re: Episodio II [Roy] Juego siniestro

Notapor Avhin » Dom, 04 Ene 2009 21:15

Lunes 10 de Diciembre - Mañana

- Buenos días, O'Connor - saludó su jefa en cuanto lo vio aparecer por el despacho. Terminó de leer un informe y lo cerró mientras se levantaba y se lo tendía a Roy. - La mujer estudiaba biología química en la Universidad Rockefeller, en el departamento de investigación, estaba a punto de comenzar su tésis, pero nadie sabe a qué iba a dedicarla. No trabajaba, investigaba, y la universidad le pagaba por ello mensualmente, pero no lo suficiente para pagarse el alquiler. En su cuenta bancaria hay otros ingresos, pero no sabemos de dónde proceden - Roy echó un vistazo al informe, los estudios de la victima, sus publicaciones de la universidad. - Ella se llamaba Agatha Slavicsek, su madre murió hace diez años, su padre, inspector de policia, hace ocho, desde hace cinco vivñia en el apartamento dónde murió. El primer año de universidad estuvo saliendo con John Foster, un alumno de enfermería de buena familia, sus padres tienen un restaurante en Central Park. La relación acabó hace año y medio cuando Foster fue detenido por atacarla. Hace un año conoció a Robert Glenn en un grupo de terapia, asistían al mismo terapeuta y empezaron a salir juntos. Él tenía pensado trasladarse a vivir con ella, no tiene estudios, se ganaba la vida descargando mercancía en los muelles y había dejado el trabajo porque había encontrado otro como vigilante en un restaurante cercano a su casa. Seguía un tratamiento con antidepresivos, pero lo estaba dejando, su última visita al psiquiatra fue hace más de dos meses y estaba mejorando.

El órden del día era visitar al doctor Mathews, recién incorporado al trabajo tras su catarro, para escuchar el informe de las autopsias. Después, el banco de la señorita Slavicsek, con la órden pertinente, para averiguar la procedencia de sus ingresos. Así pues, Anderson se puso el abrigo, le pidió a Roy que dejase su maleta en la oficina y le ofreció un café mientras salían del edificio. Durante el camino hasta la morgue apenas intercambiaron información, no tenían más de la que ya habían obtenido el día anterior.

El viejo forense saludó efusivamente a Roy estrechándole la mano como si nunca lo hubiera visto. Habían más de tres cuerpos en la sala, Roy pudo contar hasta cinco, tal vez otras autopsias aún si realizar.

- Roy, me alegra verte por aquí y no en mi mesa, como creía que iba a encontrate cuando me enteré del tiroteo - comentó el anciano con una sonrisa. - Espero que la señorita Stephanie haya hecho bien su trabajo, fue alumna mía...

- Doctor, ¿las causas de la muerte? - insistió rápidamente Anderson, evitando las posibles distracciones.

- ¿Eh?

- Las causas de la muerte
- señaló los cuerpos. Aunque el resfriado del doctor se hubiese curado su sordera seguía igual.

- Ah sí, cierto - se dirigió hacia el primero de los cuerpos y lo destapó. El impacto de la escopeta en el rostro se veía con más perfección que el día anterior. Mathews había tratado de recomponer el rostro, sin éxito. Les pasó el informe de la autopsia mientras hablaba. - Foster, evidentemente, murió a causa del disparo en la cabeza, es dificil concretar si murió desangrado o por qué esparcieron su masa gris por el apartamento, así que no creo que haga falta entretenerse con él - lo cubrió y pasó al siguiente, descubriendo la sábana hasta el corte del costado, limpio. - Este... - se colocó las gafas de cerca y leyó el nombre. - Glenn... tiene un poco más de miga que el otro sujeto. Murió desangrado, en su organismo hay restos de un relajante muscular - le pasó a Roy el informe con la lista de medicamentos hallados. - El corte en el costado no fue mortal en principio, no llegó a tocar el corazón pero le causó una laceración en el pulmón. El corte en el antebrazo tampoco fue mortal, de haber sido atendido rápidamente hubiera sobrevivido, pero el relajante lo dejó durmiendo hasta que perdió toda la sangre. La herida se corresponde con la hoja de la navaja hallada en la escena. En los dedos tiene restos de pólvora, disparó una de las armas - de nuevo cubrió el cuerpo y pasó al tercero. - La señorita Slavicsek... - suspiró y le pasó el informe a Anderson. - He enviado los restos bajo las uñas para analizar, antes de morir mantuvo relaciones sexuales, pero no fueron forzadas y no estaba drogada.

- ¿Causa de la muerte? - preguntó Anderson.

- Asfixia. Fue estrangulada y posteriormente, degollada. Y antes de que digáis nada, sí. Igual que Cordei Odins - se acercó hasta una de las mesas y descubrió el rostro de Cordei. - Pero también, igual que la señorita Nancy Friedman... - descubrió la quinta victima. - ¿Tenéis un asesino en serie y no me lo habiais dicho? - comentó el viejo forense con entusiasmo.
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Re: Episodio II [Roy] Juego siniestro

Notapor SirAlexander » Mie, 28 Ene 2009 0:57

Roy miró a la capitana y levantó una ceja, luego miró al forense - Un chiste de mal gusto, pero parece acertado.

- No es un chiste, es lo que hay - dice encogiendose de hombros. - Las tres murieron asfixiadas y luego se les seccionó la yugular, el corte es el mismo en los tres casos, pero con tres armas diferentes. La primera fue la señorita Odins.

Roy no podía sacarse los sueños de la cabeza, tres asesinatos, y Odins le había hablado de dos. - ¿Cuándo fué el de la señorita Friedman?

- Cinco días después de la muerte de la señorita Odins. Igual el detalle es irrelevante, pero era una... señorita de compañía - dijo tras pensar bien la palabra. - Creyeron que se trataba de un ajuste de cuentas y archivaron el caso...

- ¿Dama de compañía o prostituta de lujo?

- Lo segundo - dijo tras un carraspeo. - Era la más jóven de las tres, 19 años.

- ¿Y desde la muerte de Cordei pasaron...? Hasta ahora

- Diez días

- Entonces cada cinco dias una mujer muere estrangulada y luego le cortan la garganta. Puede ser un copión o el mismo asesino. Lo que no me queda claro es si realmente es un asesino en serie o si es una forma de encubrir algo más turbio detras del asesinato de Cordei. - pensó por unos momentos - No estaría de más averiguar si la señorita Friedman conocía a las hermanas de algo.

- Bueno... a la señorita Dagmar Odins no parecían ir a matarla como a estas otras dos mujeres - habló Anderson. - Pero si es un imitador no podemos saberlo, lo único que relaciona los casos es la forma de matar, ni siquiera las mujeres se parecen, dos son morenas y Friedman...

- También es morena. Se tintó el cabello de rubio, desde hace bastante, diría yo... - apunto el forense.

- Si tenemos que creerle a Stallion, el que yo la encontrase antes alteró sus planes. La esperaban en casa de Cordei esa tarde, ignorante del asesinato, quien sabe lo que hubiera pasado si no le hubieramos avisado. Sin embargo algo no cierra, por un lado la incriminan a ella, y por otro aparece una serie de asesinatos similares que invalidan la culpabilidad de Dagmar si creemos que fué la misma persona.

Anderson se quedó pensando un momento, mientras el forense seguía entusiasmado con la idea del asesino en serie.

- Quizás al ver que su plan de matar a la otra Odins había fallado y sabiendo que las pruebas de las que disponían no eran suficientes para incriminarlas decidieran cometer dos asesinatos aislados para despistar.

- En ese caso son unos asesinos bastante idiotas, si me permiten añadir...

- Eso quedó claro cuando entraron a saco al departamento de Dagmar, quizá no se trate de un sólo grupo sino de varios descoordinados.

- Si vamos más lejos, quizá el asesino de la chica anoche usó a los novios de la chica para encubrirse.

- Estaba pensando lo mismo, explicaría la súbita aparición de la escopeta y el que el novio se tomara el calmante. Habrá que buscar rastros de un cuarto integrante.

- Entonces tu regresa a la escena y busca más pruebas. Voy a tener que pedir un equipo al FBI, con cuatro personas no podemos resolver un caso así.

- Supongo que participar al CSI está fuera de discusión. - dijo medio en broma esperando la reacción del forense - Veré si se me pasó algo por alto, pero lo mas probable es que la pista ya esté en el laboratorio. - Se encaminó a la puerta y se giró a último momento - Por cierto doc, ¿quien de los tres tenía cerveza en el estómago?

- Los tres tenían cerveza en el estómago, ¿te interesa saber también qué cenaron?

- Si cenaron lo mismo, si

- No, no fue lo mismo. Bueno, los dos novios sí. El de la escopeta no tenía nada, salvo la misma cerveza que los otros dos.

- Eso confirma que llegó tarde y sin invitación, supongo que encontraremos sus huellas en alguna de las latas. En fin, voy a ver si se me pasó añguna señal por alto, si hubo un cuarto debe ser un fantasma.

- Yo voy a hacer esa lista y si me llega algún caso parecido, os avisaré. Suerte - el viejo forense empezó a meter los cuerpos en los fríos armarios con bastante ánimo.

- Cuando termines, pasate por la oficina y reúne las pruebas que ya hayan identificado. Te llamaré cuando consiga un despacho y un equipo - empezó a decir Anderson, mientras salían de la morgue. - ¿Recuerdas que te dije que te dejaba fuera del caso de Odins? - preguntó de repente.

- Si, perfectamente, y tambien las razones por las que lo hizo.

- Y existen indicios de que este caso, uno que te implica emocionalmente, podría estar relacionado con ese mismo caso del que te aparté...

- Bueno, son dos casos que me implican emocionalmente, y será mejor que no le cuente con lo que esoñado anoche porque me internan seguro. - sonrió pícaro - A Friedman no la conozco de nada.

- Ten por seguro que si acabas soñando con ella te aparto del caso definitivamente. Lo que quiero decirte es que no vuelvas a cagarla como hiciste con Stellion. Conoces los datos mejor que nadie, los motivos y a los posibles implicados, así que no quiero que me des motivos para retirarte la placa durante un año o más.

- No se preocupe capitana, la proxima vez que alguien me diga que violó a mi novia me la aguantaré como un hombrecito hasta que esté tras las rejas. - Le guiñó el ojo - Anoche Cordei me dijo en un sueño que le habían robado el alma al matarla, que a la chica de ayer también y que fué el mismo ser, y que ahora iba tras Dagmar. No mencionó a otra, por lo que muy probablemente sea mi propia mente tratando de atar cabos. También soñe que intentarían matar a Dagmar en el hospital, pero ese sueño fué mucho más raro. Desde luego el asesino quería el alma de la chica, creo que debería ir a ver a un sacerdote. - Con una sonrisa se despidió de Anderson - No se preocupe, si la deja más tranquila, nunca estuve totalmente cuerdo, quizá por eso soy tan bueno en lo mío.

El detective se alejó con una sonrisa, lo cierto era que estar en actividad lo ponía de buen humor, por macabro que fuera el cuadro que se les presentaba. Llegó a la escena del crimen en poco tiempo y se dedicó a recorrerla metódicamente, buscando algo que se le hubiera pasado por alto y que pudiera demostrar la presencia de una cuarta persona. La ausencia de los cadáveres y su misma actividad del día anterior hacían más difícil la tarea, y por momentos se sintió frustrado. Finalmente, luego de dos horas en las cuales se perdió entre sus notas, encontró en el cajón de la cocina un pañuelo, idéntico al usado para matar a Cordei. Lo puso en una bolsa de pruebas y con el aviso de su estómago volvió a salir del departamento.

Camino al laboratorio llamó a Sanguino, esperaba encontrar a Dagmar despierta para conversar un rato con ella.
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Re: Episodio II [Roy] Juego siniestro

Notapor Avhin » Sab, 07 Feb 2009 14:36

Lunes 10 de Diciembre - Tarde

El sacerdote tardó en contestar, pero finalmente descolgó el teléfono, al tiempo que llegaba a la calle.

- Buenos días, Roy. De saber que Anderson te tendría tan ocupado le hubiese dicho que todavía no estabas preparado para llevar un nuevo caso - rió.

- Es mejor así, al menos tengo la cabeza ocupada. ¿Cómo está Dagmar?

- Intenta disimularlo, pero está desesperada por saber de ti
- explicó. Roy no pudo evitar un suspiro.

- Lo imagino. ¿Está despierta?

- Sí, dame un momento
- sin esperar explicación alguna, Sanguino entró en la habitación de la chica y le pasó el teléfono. Al poco, Roy pudo escuchar el murmullo de la respiración suave de la chica.

- ¿Si? - preguntó ella, con su voz, ahora recuperada.

- Buenos días, amor

- Hola...
- susurró ella, perdiendo fuelle, como si la voz de Roy le hubiese robado el aliento. Pudo imaginarla con los ojos entornados y la mirada prendida de cariño. - ¿Cómo estás?

- Bien, muy bien ahora que he oído tu voz. Llevo toda la mañana ocupado con un caso, me gustaría estar ahí contigo que aquí fuera, pero tengo que ganarme la vida para que cuando salgas pueda llevarte a dónde tu quieras
- sus palabras no provocaron en Dagmar el efecto deseado, ya que la escuchó sollozar. - Vamos, tranquila, no llores. Esta noche iré a verte...

- ¿Está noche?
- preguntó con un timbre de pánico en la voz, súbitamente preocupada. Roy traslado su paranoia a otro momento, preguntándose por la súbita tensión en la voz de su novia.

- ¿Es que no quieres que vaya? - preguntó un tanto sorprendido.

- No, no... - habló - No es eso... Me encantará verte, te echo tanto de menos... - volvió a sollozar.

- Yo también te echo de menos. ¿Cómo estás?

- Bien, me duele menos y ya puedo hablar

- Eso es estupendo, ya no pareces una mafiosa. Ya no me da miedo hablar contigo
- ella rió sin poder evitarlo. - Te quiero

- Y yo también te quiero.

- Nos vemos esta noche, cuidate preciosa y no llores, que te puedes llegar a deshidratar
- volvió a escuchar su risa y un sollozo cuando le pasó el teléfono a Sanguino después de darle un beso. Roy colgó y esperó unos minutos antes de volver a llamar. - ¿Puede oirte?

- Ya no
- contestó el sacerdote tras unos segundos.

- ¿Le ha pasado algo en mi ausencia? La he notado nerviosa.

- Bueno... no ha ocurrido nada durante toda la mañana. Las enfermeras me han dicho que no ha probado nada de su desayuno y ha vuelto a perder el apetito. Está más pálida de lo normal. Y sí, estaba nerviosa.


Roy volvió a suspirar con pesadumbre. - Bueno, esta noche le traeré algunos dulces, espero que coma algo antes de que yo vaya.

- Intentaré convencerla. ¿Qué tal tu caso?
- el sacerdote desvió la conversación a otro terreno. Roy le explicó con todo detalle el sueño en el que Cordei le hablaba de tres victimas y como esa misma mañana habían encontrado a tres mujeres muertas de la misma forma que ella. Le comentó que Anderson pretendía reunir un equipo de agentes para resolver los crímines. También le contó el segundo sueño.

- No sé si estoy en lo cierto, pero reforzar la seguridad no estaría de más. Tengo la impresión de que intentarán asaltar el hospital - pidió.

- Estaré atento, Roy. Por cierto, tengo noticias de nuestro amigo Brian Wells, el que fue tutor de Dagmar. Esta tarde nos reuniremos en el café que hay frente al hospital, seguramente querrás venir.

- Por supuesto. El único problema es que Anderson me deje salir temprano para reunirme con vosotros. Si puedo, te lo confirmaré, quiero estar presente.

- Bien, llamame cuando sepas algo.

- Por descontado

Tras la despedida, Roy se detuvo en el puesto de hot dogs al que solía ir. El olor a salsa picante evocó el primer encuentro que tuvo con Dagmar en aquel sitio y una sonrisa triste y a la vez melancólica cruzó su semblante, acordándose de lo que habían hablado y el dolor que había en sus gestos y su mirada. Una victima inocente que había sobrevivido a las maquinaciones de uno o varios locos que habrían matado a otras chicas para desviar la atención y que ahora pretendía matarla estando indefensa en el hospital, sin contar con que casi la asesinan desprevenida en su casa. Sintió un escalofrío y pidió lo de siempre, el sabor picante desvió su atención al caso, tras pensar que aquel sería el primer sitio al que llevaría a Dagmar a comer juntos.

Fue al laboratorio, como Anderson le había pedido, para dejar las nuevas pruebas y recopilar las que ya estuviesen. Dedicó parte de la tarde a analizar las armas, su especialidad, y a la sangre de todas ellas. Después de cuatro horas esperando los análisis, sin encontrar nuevos resultados, Anderson lo llamó para que dejara lo que estuviera haciendo, que el laboratorio se encargaría de hacer llegar las pruebas, ya que había conseguido el permiso para organizar un equipo. Roy dejó las muestras analizándose y dejó al cargo a uno de los chicos del laboratorio mientras salía para llamar a Sanguino, con un poco de suerte podría reunirse con él.

El sacerdote le informó que aún no había llegado, por lo que Roy se dio prisa en pedir un taxi y llegar hasta el Monte Sinaí, para cruzar la calle y llegar hasta el café. De pasada vio a una mujer morena que le resultaba familiar, pero en aquel momento no logró identificar hasta que cruzó el umbral de la cafetería. Era la mujer a la que había plantado la mañana en la que el idiota de Adrian cruzó el cerco de seguridad para intentar ver a Dagmar. Sin embargo, la figura de Sanguino hablando con el supuesto Brian atrajo su atención. Era un hombre de mediana edad, el cabello moreno y corto, extremadamente delgado. Sobre la mesa había una cámara. La misma que Dagmar, solo que la del hombre estaba llena de arañazos y muescas, pero en buenas condiciones.

- Hola Roy - saludó Sanguino, sin poder levantarse, el bastón descansaba a su lado. - Este es Brian Wells. Él es Roy O'Connor - comentó. Roy dio por hecho que Sanguino lo habría puesto al corriente sobre su relación con Dagmar.

- Un placer, agente O'Connor - le estrechó la mano con fuerza a pesar de su delgadez. Cuando se puso en pie, el hombre era más alto de lo que parecía sentado.
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