El ombligo del mundo [Creación de Personajes]

Razón, sentimientos y pasiones. Mente, espíritu y cuerpo. El alma se divide en tres. ¿En cual reside el deseo?
Director: Avhin.
Jugadores: Figaro, Gadea, Sir Alexander, Adisabeba, SamuelVimes.
Jugadores Reserva: --
Plazas libres: --
Periodicidad de los turnos: 1 por semana.

Moderador: Avhin


El ombligo del mundo [Creación de Personajes]

Notapor Avhin » Mie, 14 Nov 2007 20:28

Este apartado estará dedicado exclusivamente a la creación de los personajes. De aquí en adelante daré unas pautas a seguir para crear la ficha y el trasfondo de los personajes que se interpretarán en la partida.
Ultima edición por Avhin el Jue, 15 Nov 2007 21:44, editado 1 vez en total.
Avatar de usuario
Avhin
 
Mensajes: 5691
Registrado: Mar, 17 Abr 2007 9:51

Trasfondos

Notapor Avhin » Mie, 14 Nov 2007 20:43

Primero hay que crear un trasfondo para el personaje, esto es, su historia. Con tres sencillas preguntas podremos configurar una breve reseña de cómo será nuestros personaje (PR).

1. ¿De dónde viene?

"...El entorno en el que hemos crecido, desde la más tierna infancia hasta hoy..."

Dependiendo de la profundidad que queráis darle, podéis optar por exponer más detalles.

  • El lugar de nacimiento, el mes, el horóscopo, las condiciones climáticas, sociales y económicas de la zona, su realidad política...
  • Los padres, hermanos y demás familiares directos que nos vieron dar nuestros primeros
    pasos, el ambiente que se respiraba en casa...
  • Los abuelos, los tíos, los amigos de la familia y todas aquellas personas periféricas
    que nos hicieron descubrir que más allá de nuestro hogar existían otras gentes y otros mundos...
  • El trabajo de papá y mamá, su relación, sus respectivos trabajos...
  • El primer día de escuela, los primeros amigos, las primeras vacaciones, las primeras gamberradas, la primera gran tristeza y alegría, el primer amor, el primer beso... en definitiva, todas esas primeras veces que consiguieron que las cosas se convirtieran en recuerdos más o menos agradables e imborrables.
  • El primer trabajo, la primera novia, el primer coche, la universidad, el sexo... todo lo importante que vamos descubriendo y atesorando según avanzamos por el sendero
    adulto...

2. ¿Cuál es situación actual?

Básico, cuantos años tienes, dónde vive, a qué se dedica. También sería interesante exponer su comportamiento y cuantos detalles más se quieran añadir para dar profundidad al personaje. Quizás esta sea la parte más extensa del trasfondo, ya que se debe describir cual es el estado del personaje en el momento en el que empieza a jugar.

3. ¿A dónde se dirige?

"...Exceptuando algún iluminado de la Nueva Era que dice vivir sólo el presente, el resto de los humildes mortales que caminamos por el mundo nos alimentamos de sueños por cumplir y esperanzas que satisfacer. Sin ilusiones no hay energía que guíe nuestros pasos..."

¿Qué tiene pensado hacer? ¿Qué es lo próximo que hará? ¿Cuales son sus objetivos básicos? ¿Cuales son sus sueños?


Tras estas tres preguntas, se debe tener un trasfondo del PR.

"... Para que la normativa de Líbido funcione con naturalidad y sin conflictos es necesario que todos los PR que juegan a una sesión tengan su Trasfondo desarrollado, de manera más o menos extensa, pero contestando a todas las preguntas básicas que dan estructura al pasado, presente y aspiraciones futuras del PR..."
Ultima edición por Avhin el Mie, 14 Nov 2007 21:08, editado 1 vez en total.
Avatar de usuario
Avhin
 
Mensajes: 5691
Registrado: Mar, 17 Abr 2007 9:51

Los pequeños - grandes detalles

Notapor Avhin » Mie, 14 Nov 2007 21:06

Dos puntos importantes a tener en cuenta a la hora de hacer el personaje.

1. Estética

"... Una cosa es lo que somos y otra (a menudo diferente) lo que mostramos. La estética de un personaje sirve tanto para evidenciar ciertos rasgos de su personalidad como para ocultar otros. En realidad la estética suele ser una máscara que utilizamos para presentarnos constantemente en sociedad. Algunas veces las apariencias son lo que parecen pero otras... descubrimos que juzgar a primera vista puede resultar una mala idea..."

Cuando tengamos el trasfondo, el siguiente paso es encontrar una imagen o una descripción física sobre cómo será el personaje que vamos a jugar.

2. Ascendente Erótica

Aah... punto importante

"... Uno de los aspectos fundamentales de este juego es que no deja de lado cierto impulso primario del ser humano: su sensualidad. Sin entrar en aspectos vulgares, que son de sobras conocidos, sí cabe afrontar la idea de que el ser humano se debate durante su vida entre dos extremos: el terror a la muerte y la exaltación de la vida, manifestada de manera literal por el sexo..."

La Ascendente erótica determina el comportamiento erótico del personaje, nada que ver con su tendencia sexual. Para empezar, se debe elegir primero cual será su orientación:

- Heterosexual
- Homosexual
- Bisexual

No creo que haga falta entrar en detalles sobre cual es cada una...

Existen cuatro Ascendentes que el jugador puede elegir en base al trasfondo de su personaje.

  • Ascendente Romántica

"... No lo pueden evitar; si no te aman, en el sentido literal de la palabra, no pueden acostarse contigo. Debes ser objeto de su devoción, haberte convertido en el centro de su universo y entonces las puertas del cielo se abrirán de par en par..."

  • Ascendente Fogosa

"... Seres ardientes. Les basta con sentir un asomo de deseo para que piensen en intentarlo contigo. Quizá debido a una filosofía general sobre lo corta que es la vida, o por motivos menos profundos y más fisiológicos, los fogosos intentan no perder nunca el tren hacia el placer carnal. Eso no quiere decir que se acuesten con todo lo que se les ponga por delante pero si les gustas es posible que ya tengas un pie en su cama... "

  • Ascendente Bizarra

"... El sexo, al principio, es un frondoso jardín de placeres por descubrir pero para los bizarros se puede convertir pronto en un aburrido páramo desierto y monótono. En cuanto han practicado el sexo algunas veces se dan cuenta de que puede convertirse en algo tan vulgar como comer o respirar. Para evitarlo buscan maneras siempre nuevas y coloristas de practicar el acto; lo adornan con sus fetichismos y sorpresas, atribuyéndole la magia suficiente para mantenerlo alejado de la rutina. Son raritos, vaya. Gente especial..."

  • Ascendente Depravada

"... Hablaré de ellos sin florituras: enfermos. Todos sabemos que están ahí, al otro lado, y que representan el reflejo oscuro de todo esto. Las más graves psicosociopatías se han acabado relacionando, tarde o temprano, con deseos sexuales insatisfechos o reprimidos. Nada recomendable para un PR con dignidad, desde luego, pero algo que aparecerá tarde o temprano en alguna historia, como lo hace en la vida real..."


No quiere decir que el personaje se limite a una sola Ascendente Erótica, pueden haber combinaciones de ambas. En el trasfondo se pueden añadir pequeños detalles sobre esto.
Ultima edición por Avhin el Mie, 14 Nov 2007 21:09, editado 1 vez en total.
Avatar de usuario
Avhin
 
Mensajes: 5691
Registrado: Mar, 17 Abr 2007 9:51

Aptitudes

Notapor Avhin » Jue, 15 Nov 2007 12:58

"... Las Aptitudes son las características numéricas más primarias del personaje, tres conceptos básicos que representan su estructura principal, basados en la consabida separación entre cuerpo (CUE), mente (MEN) y eso que llamamos alma, corazón o espíritu... (ESP). Son las tres Aptitudes Principales del PR..."

  • Cuerpo

En contra de lo que pensáis, la carácteristica de CUERPO no hace referencia a la hermosura del personaje. Este parámetro determina la salud y la fortaleza de un personaje. Abarca la fuerza, la destreza y la resistencia de nuestro personaje.

"... Las tiradas de CUE se realizan cuando el personaje deba enfrentarse a retos físicos, atléticos, de destreza, de aguante, de fortaleza, etc..."

  • Mente

Este parámetro determina la inteligencia del personaje. Nada que ver con su cultura o sus conocimientos sobre temas en general, ni si ha tenido estudios o no.

"... un número que el personaje puede utilizar cuando se enfrenta a retos en los que debe utilizar la parte analítica y racional de su cerebro..."

Vamos, cuando hay que resolver un puzzle, un caso o cualquier otro crucigrama (vete a saber, resolver incluso un Sudoku) se debe usar este parámetro.

  • Espíritu

Lo emocional y los sentimientos del personaje, como se enfrenta a diferentes situaciones en las que se ven comprometidas sus emociones. La muerte de alguien cercano, la mirada del chico que te gusta...

"...El ESP se utiliza para determinar las reacciones anímicas de los personajes
y sirve de base para su estructura emocional..."


  • Sentidos y Reflejos

Basicamente es la percepción del personaje ante estímulos externos. Por estímulos externos nos referimos a una aparición fugaz o incluso la verdad oculta tras una frase, saber leer entre líneas.

"... Podría considerarse que, a mayor puntuación, más despierto está el personaje de cara al mundo..."

  • Sociabilidad

La capacidad social de los personajes; su capacidad para interactuar con el medio que los rodea.

"... permite valorar su capacidad de relacionarse, más o menos satisfactoriamente, en un entorno social. Resume factores conscientes e inconscientes de la persona, como sus gestos, sus miradas, sus palabras, la tensión de sus facciones... todo aquello que saca a relucir su personalidad. Una puntuación elevada nos está definiendo a un personaje altamente sociable, con facilidad para relacionarse con otras personas, expresar claramente sus ideas, mostrar su atractivo, etc. Un PR con un valor bajo debería ser interpretado como antisocial o con problemas de comunicación, quizá introspectivo..."

Generando Aptitudes

A la hora de generar estas aptitudes debemos hacer uso de los dados. Aquí viene la parte fácil y dificil.

Para generar las tres aptitudes principales (Cuerpo, Mente y Espíritu) se deben lanzar 4d10. De los cuatro valores obtenidos, se descarta el número más bajo, y el jugador se queda con los tres valores más altos. Estos tres valores se reparten entre las tres aptitudes principales y la puntuación viene determinada por la siguiente tabla:

Resultado de la tirada --> Puntuación a la Aptitud
1 --> 3
2-3 --> 4
4-5-6 --> 5
7-8 --> 6
9 --> 7
10 --> 8



Por otro lado, las Aptitudes de Sentidos y Reflejos y Sociabilidad, se calculan teniendo en cuenta las tres aptitudes principales.

:arrow: Sentidos y Reflejos se calcula como la media de la puntuación de Cuerpo y Mente.

:arrow: Sociabilidad se calcula haciendo media con los valores de Espíritu y Mente.

Por puntuación me refiero a los puntos y no al valor de la tirada del dado. En caso de sacar decimales, el redondeo se hará al alza.


Veamos un ejemplo de Creación de Aptitudes

La jugadora lanza 4d10, sacando los valores siguientes: 3,7,4 y 8
Descartamos el más bajo, en este caso el 3, guardando los valores 4, 7 y 8

Dado que el personaje que se desea crear es de mente despierta y espíritu cálido, la jugadora asigna los valores más altos a esas aptitudes, 7 y 8. Escoge el valor más bajo, el 4, para el cuerpo, puesto que no es un personaje muy resistente ni fuerte. En la tabla, el 4 tiene la asignación del valor 5, y el 7 tiene asignado el número 6, al igual que el 8. Por tanto el personaje tendrá:

Cuerpo: 5
Mente: 6
Espíritu: 6

Sentidos y Reflejos es la media entre la mente y el cuerpo: 6+5 = 11; 11/2 = 5.5,
Sociabilidad es la media entre espíritu y mente: 6+6=12; 12/2 = 6,

Por tanto, las aptitudes de este personaje serán:

Cuerpo: 5
Mente: 6
Espíritu: 6

Sentidos y Reflejos: 6
Sociabilidad: 6
Ultima edición por Avhin el Jue, 15 Nov 2007 13:13, editado 1 vez en total.
Avatar de usuario
Avhin
 
Mensajes: 5691
Registrado: Mar, 17 Abr 2007 9:51

Salud y Ánimo

Notapor Avhin » Jue, 15 Nov 2007 13:33

Salud

Determina, como su propio nombre indica, la salud del personaje.

"... Estos puntos determinan lo sano y funcional que está el personaje. Con las heridas, las enfermedades y otros factores atenuantes, la Salud disminuye y aumenta el riesgo de sufrir lesiones graves o incluso morir..."

Para determinar la salud del personaje, debemos observar la puntuación en cuerpo y asignar el valor de la siguiente tabla...

Puntuación en Cuerpo --> Salud
3 --> 5
4 --> 6
5 --> 7
6 --> 8
7 --> 9
8 --> 10


La salud del personaje decae cuando recibe daño y se recupera con el tiempo.

Ánimo

Determina el estado de ánimo del personaje.

"... el Ánimo es un factor fundamental para valorar el efecto dramático que tienen los sucesos de la historia sobre los personajes. Podríamos definirlo como el lazo emocional que une al personaje con lo que le rodea, sean otros personajes, los entornos o los sucesos de la historia..."

El valor de ánimo se calcula mediante la puntuación de Espíritu...

Puntuación en Espíritu --> Ánimo
3 --> 4
4-5 --> 5
6-7 --> 6
8 --> 7


"... Los sucesos de la historia hacen subir o bajar el Ánimo, pero siempre debemos recordar el Ánimo Base, para cuando el PR recupere la calma y vuelva a su humor habitual..."

Nuestro personaje tiene una puntuación de 5 al cuerpo; además, tiene una puntuación de 6 al espíritu, por tanto:

Salud: 7
Ánimo: 6

Avatar de usuario
Avhin
 
Mensajes: 5691
Registrado: Mar, 17 Abr 2007 9:51

Rasgos de la Personalidad, Acentos y Experiencia

Notapor Avhin » Jue, 15 Nov 2007 13:55

Rasgos de la Personalidad

Toda persona tiene su lado bueno y su lado malo, y a través del trasfondo podemos definir la verdadera personalidad del personaje que vamos a manejar. Todos los personajes tienen rasgos positivos y negativos y dependen de la puntuación en Ánimo.

:arrow: Con un 3 al ánimo, se tienen 2 Rasgos Negativos y 1 Positivos
:arrow: Con un 4 o un 5, se tienen 1 Rasgo Negativo y 1 Positivo
:arrow: Con un 6, se tienen 2 Rasgos Positivos y 1 Negativo
:arrow: Con un 7, se pueden escoger 3 Rasgos Positivos y 1 Negativo

Acentos

"... un Acento es una habilidad o talento del PR, cosas que sabe hacer notablemente bien y en las que destaca por encima del resto de sus capacidades. Los Acentos también definen defectos que le marcan y le impiden resolver favorablemente ciertos aspectos cotidianos..."

Se pueden tener tres tipos de acentos, y dependiendo de su puntuación se pueden aumentar o disminuir el valor de dificultad de la tirada a superar.

  • Destacados: otorgan un +1 o un -1
  • Muy Destacados: otorgan un +2 o un -2
  • Excepcionales: otorgan un +3 o un -3

Por tanto, existen tres niveles de acentos a la hora de escogerse, de 1 a 3, tanto si son positivos como si son negativos. Los niveles negativos no otorgan niveles extra a los positivos, como ocurre con WoD.

Para saber cuantos acentos dispone nuestro personaje, se tendrá en cuenta la puntuación de Ánimo.

:arrow: Con un Ánimo de 4, se tienen 5 puntos de Nivel para Acentos Positivos y 3 para Negativos
:arrow: Con un Ánimo de 5 ó 6, se tienen 8 Puntos de Nivel para Acentos Positivos y 2 para Negativos
:arrow: Con un Ánimo de 7 ó 8, se tienen 10 puntos de Nivel para Acentos Positivos y 1 para Negativos

Nuestro personaje tiene una puntuación de Ánimo = 6

Le corresponden 2 Rasgos Positivos y 1 Negativo; además, tiene 8 Puntos de Nivel para Acentos Positivos y 2 Para Negativos.



Experiencia

"... Las personas que han acumulado experiencia en la vida tienen a su favor el haberse encontrado anteriormente con ciertos problemas que resolver. Esa perspectiva les otorga una mayor seguridad y, por lo tanto, una capacidad para conseguir lo que se proponen con mayores garantías de éxito. En cambio, la juventud o la inactividad son malas consejeras y suelen ocasionar que cometamos errores..."

Todos los personajes empiezan con una puntuación en experiencia igual a la de su edad actual. Cada 20 puntos de experiencia, se obtiene una tirada extra por capítulo, que se puede guardar en caso de necesitarla en un momento crucial de la historia. Se pueden acumular puntos de experiencia para luego aumentar los atributos o disminuir los acentos negativos del personaje.

Nuestro personaje tiene 23 años, por tanto, su puntuación es de 23, y dispone de una tirada extra
Ultima edición por Avhin el Jue, 15 Nov 2007 14:31, editado 1 vez en total.
Avatar de usuario
Avhin
 
Mensajes: 5691
Registrado: Mar, 17 Abr 2007 9:51

Fichas

Notapor Avhin » Jue, 15 Nov 2007 14:14

El esquema de las fichas será el siguiente:

Nombre:
Apellidos:
Edad:
Ocupación:
Nacionalidad:
Lugar de Residencia:
Ojos:
Cabello:
Altura:
Peso:


Imagen

Pareja: sí, no, casado, divorciado, etc...
Ascendente Erótica: romántica, fogosa, bizarra, depravada.
Orientación Sexual: heterosexual, homosexual, bisexual.

Atributos
Mente -
Espíritu -
Cuerpo -
Sentidos y Reflejos -
Sociabilidad -


Salud =
Ánimo =

Experiencia -
Tiradas Extra -


Lo mejor de ti:
Lo peor de ti:


Acentos
Positivos:
Negativos:


Nombre: Dagmar
Apellidos: Wittmar
Edad: 23
Ocupación: Dependienta en una librería
Nacionalidad: Alemana
Lugar de Residencia: Nueva York
Ojos: Ámbar
Cabello: Castaño
Altura: 1,72
Peso: 58

Pareja: ...
Ascendente Erótica: fogosa
Orientación Sexual: heterosexual

Atributos
Mente - 6
Espíritu - 6
Cuerpo - 5
Sentidos y Reflejos - 6
Sociabilidad - 6

Salud = 7
Ánimo = 6

Experiencia – 23
Tiradas Extra - 1

Lo mejor: Sincera y generosa; Lo peor: Vulnerable

Acentos
Positivos
Destacados: Literatura +1
Culturilla general +1
Primeros auxilios +1
Afición (Fotografía) +1
Muy destacados: Empatía +2
Documentarse/Investigar +2

Negativos:
Muy Destacados: Puntería horrible (+2)

Ultima edición por Avhin el Jue, 15 Nov 2007 14:28, editado 1 vez en total.
Avatar de usuario
Avhin
 
Mensajes: 5691
Registrado: Mar, 17 Abr 2007 9:51

Re: El ombligo del mundo [Creación de Personajes]

Notapor Figaro » Vie, 16 Nov 2007 12:30

Brian E. Baker

Mi madre me puso Brian por un actor secundario de series de televisión de los años setenta; Brian Dennehy, el de The Real American Hero, ¿lo recuerdan? Yo tampoco… pero con el tiempo consiguió hacer algún papel más ó menos importante, incluido el del padre de Leo Di Caprio en la versión videoclipera de Romeo + Juliet. Hoy es sólo un gordo seboso que aparece cada año en la cartelera doblando dibujos animados ó haciendo un nuevo episódico para la industria Bruckheimer. En realidad no se si mi madre quiso vaticinar una vida mediocre dándome ese nombre pero de ser así se equivocó. Lo que vengo a decir es que mi madre definía su existencia a través de la televisión; no había programa que no conociera, canal que no dominase ó serie de la que no pudiera hacerte un análisis exhaustivo de todas las líneas argumentales que puedan existir. Pero si tenemos en cuenta que la vida en Knoxville, Tennessee, tampoco daba para mucho más, en absoluto es reprochable que la pobre Lula (procedente de Verula, el nombre de pila de mi madre… jamás la llamé “mamá” por mucho que se empeñó) dedicara sus energías a tal menester mientras lavaba, zurcía y planchaba la ropa de medio vecindario para sacar un sobresueldo.

Ernest, mi segundo nombre (esa “E.” tan cosmopolita detrás del Brian en mis tarjetas de visita) por el contrario, fue en honor a mi padre; bombero… murió cuando yo tenía 4 años en un accidente laboral. Aquel año terminaron la jodida Esfera Solar que coronaría el skyline de la ciudad como si de un paisaje extraído de Star Trek se tratase. A mi madre le quedó un subsidio aceptable y para mí, mi padre se convirtió en una fotografía en blanco y negro en la cabecera de la cama de mi madre.

Yo había de ser el primero de cuatro retoños que el matrimonio Baker se disponía a traer al mundo pero la que habría de ser mi hermanita menor no llegó a nacer en la primavera de 1981. Así, al morir mi padre al año siguiente, el 8 de septiembre de 1978 fue la única vez que mi madre pasaría por un paritorio; para darme a luz a mí. Nací virgo… como Elvis Costello y la Madre Teresa de Calcuta. El caso es que lo que debería haber sido un hogar lleno de chiquillos ruidosos se convirtió en espacio de pocos meses en una casa donde la paz y la tranquilidad reinaban por doquier. Yo nunca fui un niño excesivamente ruidoso ó hiperactivo, más bien todo lo contrario y mi madre, pese a que siempre la podías ver con una sonrisa en los labios, atesoraba una tristeza amarga al ver sus planes truncados. Pobre Lula…

Así que comencé a descubrir el mundo en la más absoluta de las soledades. El colegio y mi amigo Nicky, el vecino de al lado, se convirtieron en mi alfa y mi omega, de modo que mi niñez y el comienzo de mi adolescencia pasaron como los de cualquier niño normal y corriente; viendo la tele, leyendo tebeos, jugando en la calle y soñando con ser mayor. Hasta que me hice mayor…

La pubertad trajo algunos problemas inesperados. Es habitual que los homosexuales tengamos alguna buena historia que contar respecto a nuestro “despertar sexual”. La mía es más bien patética. Sucedió en el verano de 1994, a los 15 años. Los padres de Nicky se compraron una de esas horribles caravanas y se fueron a pasar el verano a Ashtabula, cerca de Cleveland, Ohio… a uno de esos campings de “amantes del autocaravaning” y para que la estancia fuera algo más soportable para el pobre Nicky decidieron invitarme a pasar el verano entero subido en una casa de diez metros cuadrados y con ruedas. Pero sí… mi despertar sexual fue en Ashtabula.

Recuerdo que Linn, la hermana pequeña de Nicky, se puso mala por haber comido “nosequé” en mal estado (aquella niña se llevaba cualquier cosa a la boca) y su madre, histérica a morir, movilizó a media familia para llevarla a un ambulatorio a que le hicieran un lavado de estómago, un chequeo y probablemente una lobotomía. Nicky y yo nos quedamos “vigilando” el campamento… si movías la autocaravana de la plaza venía un “listo” y te la quitaba, y el nuestro era un lugar de privilegio absoluto en primera línea del camping. Así de duro y despiadado era el mundo del autocaravaning. Eran las siete pasadas y los padres de Nicky no regresaban… era presumible pensar que los servicios de urgencia estarían sobresaturados pero a Nicky y a mí nos gustaba fantasear con que a su hermana le habían diagnosticado un terrible virus mutante de origen extraterrestre y que le tenían que extirpar el cerebro. El calor era sofocante a pesar de que el sol tocaba ya la superficie del lago generando un reflejo dorado que iluminaba el interior de la caravana como si del interior de una mirror ball se tratase… aunque yo, por aquella época no sabía qué demonios era una mirror ball en absoluto. Nicky y yo resoplábamos sudando como pollos mientras tomábamos algo de la insulsa limonada de su madre y hablábamos de temas triviales; probablemente de comics ó videojuegos. Y de pronto le besé… y ya está, sin más. No le hablé de nada. De hecho no había nada de lo que hablar porque nunca antes me había planteado de ningún modo la posibilidad de escoger una u otra opción sexual. Pero le besé sin más. Lentamente… y con los ojos cerrados. Y nos miramos sin reproches. Estoy seguro de que entendió porqué le besé; sus ojos me lo dijeron. Pero yo era un niño de quince años y me morí de vergüenza ante aquella situación, con lo que salí de la caravana y me fui de una carrera directo al agua… mi cuerpo no soportaba ni un grado más de temperatura. Corrí sobre el agua como lo hacían en Los vigilantes de la playa hasta que esta me impedía mover las piernas y comencé a nadar frenéticamente en paralelo a la costa por donde me seguía Nicky a todo correr. Nos encontramos bajo el embarcadero. Comenzamos a pelear por que él quería que detuviese mi huída sin sentido y yo lo último que deseaba era tenerlo cerca… y el forcejeo se convirtió en una sucesión de abrazos hasta que nos volvimos a besar y jugamos a querernos; a acariciarnos, a saborearnos y por último a explorar con terror aquello que tantas veces nos habíamos visto en clase de gimnasia ó al ponernos el pijama antes de ir a dormir y que ahora quedaba mal cubierto por nuestros bañadores mojados. Apenas podíamos controlar la respiración pero sólo aquello fue suficiente para ambos. Jamás se volvió a repetir.

El verano acabó rápido y mi amigo Nicky y yo seguimos siendo tan amigos como siempre… ni más ni menos. Ambos compartimos aquel secreto desde entonces y jamás ha sido revelado. Aquel año, mi Nicky (que comenzó a hacerse llamar Nick en cuanto cumplió los dieciséis) se echó como novia una pelandusca de un curso inferior al nuestro llamada Elena que luego acabó siendo una chica genial. Pero lo que es cierto es que aquel verano en Ashtabula y, sobretodo, la vuelta a Knoxville, me enseñaron que aquel no era mi lugar.

En todo Tennessee, con todas sus letras dobles, no había lugar ya para mí; ni en casa de mi madre, ni en el cuerpo de bomberos (al cual mi madre aspiraba con que yo pudiera un día pertenecer para mayor gloria del difunto Ernest Baker sr… y que era uno de los cuerpos de bomberos más atípicos de todo el estado; ni un solo tío bueno), ni siquiera en todo lo alto de la maldita Esfera Solar. Menos mal que aquel invierno, cuando más sólo me sentía por la entendible ausencia de mi vida cotidiana de Nick (aka Nicky) que pasaba las tardes “adosado” al gloss de le pequeña Elena, apareció por mi casa un ojeador de nada menos que la Universidad de Columbia. Mis calificaciones eran lo suficientemente buenas como para llamar la atención de estos tipos pero los ingresos de mi madre lavando y planchando ropa y la expresión “media beca” empleada por el ojeador me descartaron casi de inmediato. De todos modos me sirvió para darme cuenta de que la Universidad sería la mejor vía de escape y que si conseguía una beca completa podría salir de allí en poco tiempo. Nueva York dio la respuesta… de hecho siempre he sabido que la respuesta a todas mis preguntas se hallaba en Nueva York de una u otra manera.

La Universidad de Nueva York, además de una beca más o menos aceptable, ofrecía programas de empleo en el propio Campus que junto con una mínima ayuda de mi madre me daría la posibilidad de subsistir con dignidad durante los próximos cinco años. Había mucho por planificar. Lo primero que me vino a la cabeza fue el dejar a mi madre sola en una ciudad como Knoxvile, aburrida hasta el extremo. Pero de nuevo la solución se presentó casi a la par que el problema; se llama Chester, es un viudo pre-jubilado de la industria del automóvil de Detroit que también goza una generosa paga y que es un cretino integral. Pero decidió hacer feliz a mi madre hasta el fin de sus días y ayudar a pagarme la universidad y el muy cretino lo cumple a rajatabla. De no haber sido así podría haber acabado mi madre como la de Réquiem por un sueño… ¡la fuerza de Lula! ¡la fuerza de Lula! Dios… qué horror.

Llegué a Nueva York a finales del verano del 96. Hacía pocos días que había sido mi cumpleaños y mi madre y Chester me habían comprado un montón de cosas absurdas que debían serme de gran utilidad en mi estancia en una ciudad tan inhóspita como Nueva York y de las cuales me fui deshaciendo poco a poco a lo largo de mis primeros meses como universitario. Me parecían un invento maravilloso los tablones de anuncios del Campus dónde podías comprar, vender ó cambiar casi todos los trastos que habías atesorado con mimo a lo largo de los años de pubertad por otros más prácticos, más bonitos ó simplemente diferentes. Poco a poco mi enciclopedia se transformó en un ordenador portátil que hacía un ruido espantoso, mi acuario revirtió en una gabardina marrón que me acompañó todos mis inviernos como estudiante (al final caminaba sola… agh) y mi colección de comics desapareció a cambio de una entrada para el musical Cats. ¿Os podéis creer que nunca antes había ido al teatro? Me encantó… y no se explicar muy bien si era por la partitura, las coreografías ó por estar delante de un número ingente de magníficos bailarines embutidos en mallas que retozan entre sí justo delante de ti. Una vez más existían señales evidentes de que algo no andaba bien en mis pantalones.

El primer año de universidad pasó más rápido de lo que hubiera deseado y cuando me quise dar cuenta estaba de vuelta en Knoxville con unas magníficas calificaciones y dos meses por delante sin ninguna actividad más que deambular por la ciudad y dejar que pasara el tiempo. Chester y Lula habían redecorado la casa que ahora parecía el hogar de Donna Reed en Qué bello es vivir; con encajes y cortinillas por todos lados y un aroma a bizcocho que se impregnaba en la ropa al segundo día. Nicky… er, Nick, el bueno de Nick había tenido un año movidito con ruptura y reconciliación de por medio con Elena. Entre una cosa y otra, el pequeño Nicky ya se había hecho todo un hombretón probando la fruta prohibida (la de Elena y otras dos frutas prohibidas más) lo que me hizo sentirme, además de inferior, terriblemente celoso. Me contó que fue lo más maravilloso que le había pasado jamás y no hizo mención en absoluto a nuestro verano en Ashtabula. Nuestro secreto seguía a salvo… por siempre… quizá demasiado a salvo. Lo que me hizo plantearme mi segundo año de carrera de otra manera.

Con dieciocho años recién cumplidos comencé a salir por los bares de copas de alrededor del Campus y, aunque no gozaban del ambiente más propicio para mis pretensiones me granjearon una visión global muy interesante sobre la noche neoyorquina, conocí a un grupo de gente bastante variopinta y empezó mi deambular nocturno por bares y pubs. Cervezas, fiestas temáticas en una u otra hermandad absurda, y un sinfín de emparejamientos fortuitos y esporádicos chico/chica que dejaban una terrible resaca que soportar, unas anécdotas quizá demasiados explicitas que escuchar y el convencimiento de que allí no había nada para mí. Había que lanzarse al mar para coger hombres… er, peces.

Después del primer semestre mi vida apenas había cambiado pese a mis esfuerzos. Aguantaba mucho más el alcohol y las calificaciones seguían siendo impecables pero bajo las sábanas seguía con un eterno suspenso por falta de asistencia. Pero en las vacaciones de primavera decidí que había sido bastante y me fui a un local de ambiente neoyorquino enfundado en unos vaqueros y una camiseta roja. ¿Se puede ser más evidente sin conocer el maldito lenguaje de los pañuelos? Daba igual… el cuerpo pedía guerra y eso era lo que iba a buscar. La música era ensordecedora y el ambiente invitaba a la confusión pero en absoluto me pareció peligroso ó enrarecido como se afanan en hacer entender a la población heterosexual los guionistas del cine y la televisión.

Mi primer impulso fue pedir cerveza pero el chico que había a mi lado en la barra me recomendó que probara un poco de su bebida; “vodka con tónica”, me dijo. Estaba delicioso… y la bebida tampoco estaba nada mal. Se llamaba Ben y estuvimos juntos año y medio. Era medio negrito; de padre blanco y madre afro americana que se empeñaba en dejarlo claro con todos sus abalorios, vestidos y turbantes de estilo tribal (tribal de Max Spencers… pero tribal al fin y al cabo). Fue maravilloso como amigo, confidente, novio y amante. Con él descubrí la sensación de amar y ser amado… el sexo en todas sus vertientes (ó eso pensaba yo hasta que conocí a Josh, tiempo después)… y la complicidad de alguien a tu lado. Pero jamás lo consideré “el primero”… ese fue mi Nicky. A veces aún me acuerdo de él y me siento patético… por cierto se casó años después con Elena… dos hijos; Freddy y Jack... horribles, como las siete plagas de Egipto, todas a la vez.

Cuando Ben terminó los estudios Universitarios se mudó a Sudamérica por un fabuloso trabajo que le ofrecía un futuro brillante en el campo de la biología y que le alejaba de mí irremisiblemente. La cosa acabó mal. Después de Ben (año y medio) vinieron David (dos meses), Josh (una semana… porque no sólo de sexo vive el hombre), Alex, Greg, Oscar, Terry y Christopher (de una noche cada uno) y mientras alternaba casi a la par con Charly y Mick llegó el día en que terminé mis estudios y se me acabó la buena vida como estudiante. Era el momento de enfrentarme a la realidad del mundo laboral, salir del campus y saber lo que se cocía en aquella maldita urbe. Así que me recorrí todos los despachos de la ciudad dejando mi currículum y sin ninguna otra credencial que mi sonrisa y mi único traje (regalo de Chester… cretino) conseguí empleo en una importante firma del centro de Manhattan donde llevo los últimos cinco años de mi vida dando el callo para hacerme con un nombre en el mundo del derecho. Pero eso ya os lo he contado… ¿no?
"¿No es sorprendente que un actor pueda llevar a engaño a su alma, hacer que le palidezca el rostro, le lloren los ojos, se le rompa la voz, y todo el cuerpo se le mueva al son de su imaginación?" W. Shakespeare
Avatar de usuario
Figaro
 
Mensajes: 1689
Registrado: Lun, 23 Abr 2007 10:11
Ubicación: Sobrevolando la realidad

Re: El ombligo del mundo [Creación de Personajes]

Notapor Gadea » Vie, 16 Nov 2007 18:04

[¿Quién es Andrew?)

Debió de gustarle el olor aséptico cuando nació en aquel hospital de Staten Island, el cuatro de agosto de mil novecientos setenta y uno, ya que con pocos años sus juguetes favoritos eran un termómetro y una jeringuilla sin aguja, con los que tomaba la temperatura a todos los de la casa y ponía inyecciones de agua para curar todas sus aparentes enfermedades.
La Yaya decía de él que era un niño, intrépido y despierto y que llegaría lejos, no se equivocó, con cinco años subió por primera vez y el solo, en el transbordador que lo conduciría hacia la señora de la linterna como Andrew la llamaba. Hubiera sido un gran disgusto para la familia, si a uno de los tripulantes del barco no le hubiese llamado la atención un niño que desembarcaba con los ojos fijos en los rascacielos y la cabeza tan inclinada hacía atrás, que con un poco más de esfuerzo hubiese imitado perfectamente a un contorsionista de circo.
Andrew regresó eufórico de su hazaña y juró que algún día viviría en aquella ciudad en la que por más que mirases hacía arriba, nunca llegabas a ver el cielo. Años más tarde se arrepentiría de su juramento y regresaría a su casa de Staten Island, muy a pesar de su pavor al agua y de tener que utilizar el transbordador todos los días para ir de su hogar al trabajo y viceversa.

Si algo había en aquel salón que él odiara más que nada, pero que no tuviese más remedio que aguantar, era toda aquella colección de fotografías, títulos y diplomas que adornaban las paredes. Desde el bautizo hasta su boda, pasando por la primera comunión y el día en que se doctoró, todos y cada uno de los instantes de su vida estaban plasmados y colgados en el mismo lugar que su madre los dejó antes de morir en un accidente de tráfico.

Su padre, el coronel Mathew Battler de las fuerzas aéreas de los Estados Unidos de América, jamás volvería a volar. Desde aquel día había vivido por y para su hijo. No había querido más mujer que aquella que lo había acompañado durante más de media vida y no permitía que nada de lo que Enma había colocado se cambiara de lugar.

Carola, una auxiliar de enfermería con una carrera truncada por una enfermedad de jaquecas crónicas, fue la elegida por Andrew para adornar su brazo hacía un altar al que incondicionalmente estaba condenado, tanto por las creencias de sus padres, como por las peticiones insaciables de su novia. Desde luego, haciendo honores al signo de Leo, bajo el que había nacido, siempre diría que fue él, el que insistió hasta la saciedad para que sus sueños de formar un hogar como aquel en el que se había criado, se cumpliesen. Indiscutiblemente, sus suegros, vecinos del estado de Oregón y con un nivel de vida más bien escueto, estaban siempre conformes con lo que su estirado yerno opinaba, hasta tal punto, que su hija quedó anulada en el primer año de matrimonio y poco a poco se distanciaron no solo geográficamente, hasta que la comunicación fue nula.

No tuvo que pasar mucho tiempo, para que las desavenencias de un viejo cascarrabias militar, como lo llamaba Carol, y su nuera, hicieran de la convivencia diaria una odisea, pero aún así, aguantaron doce años bajo el mismo techo, escuchando las palabras crueles de Mathew cuando hacía alegatos sobre la infertilidad de la muchacha.

Andrew no quería abandonar a su padre en aquella morada llena de recuerdos, pero no le quedó más opción que, buscar una casita próxima, de modo que aunque estuviesen cerca para verse a diario, cada uno tuviese su espacio.

Recordaba aquella época con ilusión, como si hubiesen pasado mil años, a pesar de que solo tres navidades lo separaban de la adquisición de la nueva residencia. Carola y él estaban más efusivos que nunca. La libertad de verse solos había dibujado en su mente un montón de fantasías reprimidas desde el final de la luna de miel. Habían hecho el amor, en Barcelona, Madrid, Sevilla, Lisboa, Paris y Venecia, antes de regresar nuevamente a Staten island. Trece años después lo habían repetido pero en territorios más pequeños, la cocina, el baño, la habitación principal, la de invitados y el salón. Cada parte de aquella casa tenía su recuerdo, incluso la mesa del despacho había sido desalojada con la furia del entusiasmo, alguna noche en la que Andrew se había quedado hasta tarde trabajando y Carola envuelta en un sugestivo salto de cama, corría solícita a reclamar lo que le pertenecía por derecho.

Era un hombre afortunado por esa época. Su puesto en la clínica de MT Sinai, donde había hecho su tesis, sus exitosas intervenciones quirúrgicas, con una repercusión científica notable y su esposa, la mujer más bella del mundo, la más hermosa en las reuniones postuniversitarias. Ahí donde toda la gente quiere aparecer más joven que en sus años de estudiante, con más dinero que los demás, la mejor dama, el mejor coche y un soberbio trabajo y Andrew tenía todo eso y más. Atrás quedaban los años en que era el más tímido del aula, el muchacho callado que se refugiaba en sus libros, el tipo con pintas de gay, ya que nunca se le veía cortejando a ninguna falda cuadriculada para llevársela a la parte trasera del Cadillac, como sus compañeros. Atrás quedaban los años de esfuerzos y dedicación y a cambio de eso podía estirar su orgulloso ego hasta el límite que él mismo se marcase.

Sin embargo los dos últimos años habían sido difíciles. Casi todos sus amigos tenían hijos, habían cambiado su forma de vida para adaptarse a los cambios familiares y lo que a Andrew en un principio le parecía una ventaja, ahora comenzó a parecerle un fastidio. Habló con Carola del tema y de que ambos conocían los métodos para poder tener un niño o en último recurso plantearse una adopción, pero ella no quería acoger un ser que no fuera suyo, quería agotar hasta la más mínima posibilidad de tener un embarazo natural. Las prisas y la impaciencia, la puntualidad a la hora de tener en cuenta el momento más fértil y el hacer todo con previsión y sin ningún tipo de preámbulo, habían conseguido romper la magia de las relaciones sexuales y hacía ya dos meses que ni siquiera dormía en la misma habitación que Carola. Evidentemente hacia los demás, seguían dando la imagen de pareja feliz y enamorada, pero los problemas internos cada vez iban a más.

El transbordador estaba arribando a puerto con las primeras luces del Alba y Andrew salió de su ensueño despidiéndose del personal de abordo y deseándoles un buen día.
No importa lo que haga, cada persona en la tierra está siempre representando el papel principal de la historia del mundo. Y normalmente no lo sabe.
Avatar de usuario
Gadea
 
Mensajes: 398
Registrado: Dom, 15 Abr 2007 23:30
Ubicación: Buscando entre los restos del alma de un poeta.

Re: El ombligo del mundo [Creación de Personajes]

Notapor SirAlexander » Sab, 17 Nov 2007 0:30

Roy O'Connor

Roy nació en Brooklyn el día 15 de junio de 1981, hijo único de un Policía y de una Bioquímica que vivían en un edificio de departamentos de clase media baja. Ethan y Maureen son ambos descendientes de irlandeses, católicos, y con una mentalidad científica. De hecho Ethan fue forense de la policía y ahora dirige un grupo de investigación del CSI de NY. Maureen está retirada de la docencia y es la propietaria de un importante laboratorio. El chico creció a la sombra de dos gigantes y siempre, sin importar cuan grandes fueran sus logros, sintió que lo que hacía no era suficiente para alcanzar y complacer a sus progenitores. Esto no es así, sus padres lo aman y están orgullosos de su hijo, pero no hay peor alimento para una persona elitista que el éxito de sus padres.

Quizá para entender mejor al niño haya que hablar primero de los padres. Cuando Roy nació su madre acababa de graduarse de bioquímica y su padre trabajaba hacía un año como ayudante del forense del precinto. Vivían en un departamento de dos ambientes, y hasta el momento se mantenían con el sueldo de Ethan y con el dinero que obtenía Maureen por el dictado de clases en la universidad y particulares. Dicen que los niños nacen con un pan bajo el brazo, y en el caso de la familia O’Connor Roy parecía traer una pastelería. Cuando el chico cumplió dos meses de vida ascendieron a su padre al rango de teniente y quedó el de forense del precinto cuando su antiguo jefe fue ascendido a capitán. El aumento de sueldo ayudó a que se mudaran, y cuando finalmente terminó la licencia por maternidad, a su madre la esperaban varias ofertas para formar parte de equipos de investigación en la universidad y en el sector privado. Maureen eligió la universidad, aunque significaría un ingreso menor le daba la oportunidad de acceder más fácilmente a los doctorados.

El crecimiento de Roy estuvo marcado por los respectivos ascensos de sus padres, y los consecuentes aumentos de sus sueldos. El departamento de Brooklyn fue reemplazado por otro en una mejor zona cuando el chico tenía tres años, y eso significó que entrara en una escuela con mejores posibilidades cuando alcanzó la edad adecuada. Aún así su estancia en dicha escuela duró un par de años, ya que un ascenso de su padre permitió a la familia mudarse a Manhattan cuando Roy tenía ocho años. El cambio coincidió con el despertar de un don latente en el chico, sus sueños tenían la desagradable costumbre de convertirse en realidad, y en su inocencia y desinformación Roy se consideraba responsable por las consecuencias de los mismos. No lo ayudó el que sus padres rechazaran de plano la existencia de lo sobrenatural mas allá de su Dios, el ambiente racional que se respiraba en la casa sofocaba toda aproximación al tema. Roy se fue volviendo cada vez más introvertido, y no hubo tratamiento pedagógico ni psicólogo que pudiera dilucidar el por que del hecho. El chico se había prohibido hablar de sus sueños, sin embargo pasaba horas frente al televisor mirando las noticias cuando sus padres no lo notaban, alimentando su culpa con los males que su mente provocaba. Todo terminó un año más tarde, de un día para el otro Roy volvió a ser el chico alegre y despreocupado que sus padres conocían. Tan pronto como pasó la conmoción por el accidente que causó la muerte de uno de sus compañeros, el hijo de Ethan y Maureen retornó a sus juegos despreocupados y a sus acostumbradas buenas notas. Los padres respiraron aliviados y dieron por terminado el hecho, no queriendo ahondar en los motivos que habían provocado el decaimiento de su hijo. Sin embargo el don no había desaparecido, la noche anterior a la muerte de su compañero Roy había soñado, el dolor de haber matado a su amigo había sido demasiado para él, en su desesperación enterró el don de la premonición profundamente en su alma.

Los ascensos de sus padres se sucedieron, la situación económica de la familia iba en ascenso y para cuando Roy cumplió su cumpleaños número quince vivían en un penthouse de Manhattan, económicamente hablando el chico tenía la vida hecha. Su madre era una celebridad en su campo, descubridora de un complejo enzimático que ayudaba a combatir enfermedades degenerativas, las ofertas para pasarse al campo privado le llovían. Su padre, entre tanto, había sido convocado para formar parte del primer equipo de CSI de la ciudad. Ambos había aparecido al menos una vez en la televisión, y eran objeto regular de artículos en las revistas relacionadas con su campo de trabajo. Roy se esforzaba, sin embargo ser el primero de su clase no alcanzaba a sus ojos para ser digno de sus superpadres. Estaba en el equipo de atletismo de su colegio, sacaba excelentes notas, formaba parte del club de ciencias, y aún así sus padres le pedían que tuviera una vida social. Ethan y Maureen estaban preocupados por su hijo, veían como poco a poco dejaba de lado a sus amistades para encerrarse en los libros, sin embargo él veía esa preocupación como un reclamo, como una manera de decirle que no era digno de ser su hijo. Cuando llegó el momento de elegir universidad, todas en las que había aplicado habían respondido, sus notas académicas eran impecables y destacaba en al menos tres disciplinas olímpicas, lo cual lo hacía un candidato más que deseable.

Se decidió por el MIT, aún sin saber a que especialidad se dedicaría sabía que las ciencias eran su pasión. Ingresó en el equipo de atletismo de la universidad y ya se disponía a seguir con su ritmo suicida cuando descubrió que la vida social del Campus ofrecía posibilidades más que interesantes. El primer año pasó demasiado rápido para que él pudiera darse cuenta de lo que sucedía, y como todo lo que pasa demasiado rápido terminó estrellado. Drogas, mujeres, alcohol… a punto estuvo Roy de perder la beca, de no ser por la intervención disimulada de sus padres que pagaron por el año perdido la historia del joven hubiera sido otra. El rector de la universidad tuvo una charla con él, sus padres jamás fueron mencionados, en lugar de eso apeló a su buena voluntad y al sentido de responsabilidad del joven. Roy prometió encaminarse y a partir de ese momento se dedicó a estudiar sin sacrificar demasiado su vida social.

El paso por la universidad fue un respiro para Roy, lejos de sus padres pudo concentrarse en sus propios deseos y necesidades, y a la distancia aprendió a comprender que era una persona separada de sus progenitores. Entendió finalmente que sus padres no pretendían que los igualara, sino que buscaban su felicidad. Sin embargo se hizo el firme propósito de jamás depender de ellos y tuvo más de una discusión con su madre cuando esta pretendió que dejara un trabajo a medio tiempo. Durante los seis años que estuvo en la universidad tuvo cuatro novias, dos de las cuales presentó a sus padres y pasaron las vacaciones de verano con ellos. Charlotte era una estudiante de sistemas informáticos con la que estuvo durante el segundo año, sin embargo la relación se cortó al poco tiempo de recomenzar las clases después de las vacaciones. No había causa aparente para terminar y sin embargo Roy no podía soportar su compañía, por lo que decidió cortar por lo sano. Tres meses más tarde conoció a Marie, una estudiante de biología, todo parecía marchar sobre ruedas hasta que volvieron de las vacaciones. Esta vez Roy descubrió lo que le pasaba, aparentemente el hecho de que sus padres aprobaran la relación le hacía perder el interés. Con la siguiente, Deborah, decidió obviar las presentaciones, sin embargo cuando volvió de las vacaciones con sus padres se encontró con que la chica le había encontrado reemplazante, falta de interés fue el veredicto. Con Eireen las cosas fueron mejor, era compañera suya en el equipo de atletismo, estudiaba robótica y tenían en común unos padres exitosos. La relación estaba basada en verdades y de común acuerdo decidieron no presentarse a sus respectivos padres. Lamentablemente la relación terminó cuando Eireen fue raptada por un grupo de protesta para castigar a su padre, un magnate financiero, por crímenes contra la humanidad. El FBI consiguió seguir la pista de los captores y la chica fue rescatada luego de una balacera, pero los abusos a los que había sido sometida la chica le habían quebrado la mente. Drogas, violaciones repetidas, golpes, quemaduras, los fanáticos no habían dejado de lado ningún método de tortura que tuvieran a su alcance. Roy intentó en vano hacerla volver de su mundo durante meses y finalmente, a instancias de los padres de la chica, decidió dejarlo en manos de los médicos y volvió a vivir su vida. Sin embargo desde ese momento no pudo mantener una relación estable, cuando un flirteo amenazaba convertirse en algo más automáticamente cortaba lazos y partía con otro rumbo.

Cuando terminó la universidad decidió entrar en el FBI, tenía la intención de ayudar a combatir a los criminales como los que habían destruido a Eireen, y sin darse cuenta seguía los pasos de su padre. Terminó el año de academia con las mejores notas, a pesar de ser de extracto universitario, algo que la mayoría de los agentes provenientes de otras fuerzas despreciaban, supo ganarse a pulso el respeto de sus compañeros. Hace tres años que forma parte del FBI, y nunca lo asignaron a un caso de secuestro. Sus superiores saben del caso que lo impulsó a entrar, sin embargo consideran que aún está muy fresco en su memoria.

Cuando ingresó a la fuerza lo asignaron a trabajar con un viejo agente, el hombre había sido policía y ya estaba cerca de su retiro, su especialidad eran las sectas. Quizá como un tic adquirido el hombre tiraba las cartas, sabía leer el tarot y lo interpretaba maravillosamente. Lo hacía como un Hobby, aunque más de una vez Roy lo había visto a Richard hacer una tirada rápida antes de salir a resolver un caso. Richard había muerto un año más tarde durante una redada. Una tabla podrida en un segundo piso había precipitado su cuerpo hacia el vacío definitivo. Del viejo Richard, Roy conservaba dos cosas, su eterna sonrisa y el mazo de cartas de tarot. Se había aficionado a las cartas, a tirarlas para leer en ellas, había conseguido varios libros sobre el tema y elucubraba sus propios cálculos matemáticos acerca del azar y el destino. Pero había algo más que el no notaba, poco a poco, a través de sus tiradas y lecturas, el viejo don de la premonición despertaba nuevamente.

En sus tres años en el departamento de investigación de sectas había visto cosas muy extrañas, hechos que desafiaban a la naturaleza, a la lógica y a las leyes de la física. Sabía que algo más estaba a la vuelta de la esquina, siempre un paso más adelante, de alguna forma intuía que ninguna fórmula matemática terminaría de explicar del todo el destino. Fue en esos años que el vicio del tabaco pasó a formar parte de su rutina diaria, y al día de hoy es difícil verlo sin un cigarrillo en los labios cuando está investigando algo.

Roy vive en un departamento de dos ambientes en un buen barrio de Brooklyn, aun a pesar de que sus padres le ofrecieron comprarle una casa en donde quisiera, o quizá precisamente por eso. El departamento es una mezcla de residencia de soltero, biblioteca, y nido de amor. Por lo general lo mantiene relativamente ordenado y prefiere cocinar él a pedir comida afuera. Tiene una hora de viaje a la oficina, y a menos que luego deba salir a algún lado prefiere usar el subterráneo a su propio vehículo. Su vida sexual es activa, al menos una vez a la semana, generalmente en sábado, consigue alguna mujer que lo acompañe a la cama, sin embargo las relaciones no suelen durar más de la primera noche, y en las contadas ocasiones en las que repite es con alguna amiga con los mismos intereses por el compromiso que él.

Esta noche una llovizna primaveral cae sobre Manhattan, el agua fría intenta lavar el hollín de los edificios sin éxito. En un pequeño cementerio privado, al lado de una capilla metodista, dos hombres y una mujer arrojan un puñado de tierra húmeda sobre un ataúd de cedro. El cura observa la escena bajo su paraguas, y bajo el alero de la capilla tres hombres con palas esperan su turno fumando un cigarrillo. La lápida a su lado reza “Eireen McNamara, Que los ángeles guíen tu alma, 02, 19, 1980 / 11, 15, 2007”. El agua resbala por el rostro de Roy, los padres de Eireen contemplan por última vez el cajón que contiene los restos de su pequeña. Las lágrimas de los tres, confundidas con la lluvia, mojan la hierba a sus pies. La joven había progresado mucho en los cuatro años transcurridos desde el incidente, de no emitir sonido había pasado a balbucear, de allí a los gritos había habido un paso. El terapeuta decía que eso la ayudaría, si alguna vez quería llevar una vida normal debía recordar, aceptar lo ocurrido, y sanar las heridas. Un descuido de la enfermera y un espejo que no debía haber estado a su alcance dieron a Eireen el arma necesaria para quitarse la vida. En algún punto, tanto Roy como los padres de la chica, consideraban que probablemente fuera mejor así, o mas pesadillas para la bella Eireen. Sin embargo el dolor para ellos era real, la pérdida definitiva de la que había sido una joven brillante y amorosa era demasiado en ese momento para las tres personas que más la habían querido. Roy sabía que de allí irían a cenar, probablemente nadie diría nada al principio, pronto aparecerían las anécdotas, las risas se mezclarían con las lágrimas y el largo camino de la sanación comenzaría para los tres. Sin embargo el quería llorar hasta quedar inconsciente, ni siquiera había llamado a la rubia pulposa que lo esperaba en un café para cancelar la cita. Una fibra dentro de él le decía que esperaba esa llamada que había cambiado su día, y sin embargo seguía pensando cuan sorpresiva había sido.
Avatar de usuario
SirAlexander
 
Mensajes: 5361
Registrado: Dom, 15 Abr 2007 17:53

NotaMensaje borrado por Avhin en Mie, 12 Mar 2008 13:32.

Re: El ombligo del mundo [Creación de Personajes]

Notapor SamuelVimes » Mar, 15 Ene 2008 19:56

Trasfondo

Nací hace 25 primaveras y soy Aries pues mi nacimiento fue el 2 de abril, en un hospital que estaba cerca del teatro donde estaban pasando la velada mis padres. Quizás fuera una señal de mi destino, aunque años después en el pequeño apartamento de pisos, los bailes y las jerigonzas no eran lo más habitual. El barrio era de la zona obrera de Nueva York, y los pequeños caprichos de los primeros años de mi vida, fueron pasando a los apretones de cinturón, sobre todo cuando nacieron los mellizos. Mis padres entonces pasaron de ser la pareja feliz a una contienda continua, influida por el mal estado de mi madre y el trabajo asfixiante de mi padre, mientras que del resto de la familia solo teníamos noticias los días festivos por carta, la lejanía y el mal ambiente político de su zona(Cuba) no permitía mucho más. Los años pasaron y pronto me di cuenta de que yo debía actuar como el padre postizo de los mellizos. Mama estaba más tiempo en la cama que levantada y Padre solo se permitía una carantoña de vez en cuando tras el trabajo. Así fueron mis primeros 13 años, sin apenas amigos, pues mi familia se comía el poco tiempo libre del que disponía. Y en el colegio era un remedo entre dar cabezadas de sueño y noches despierto intentando meterme en la mollera los apuntes de mi mejor amigo Archivald, un pequeño latino con el que se metían hasta que me puse yo en medio.

Entonces mi padre ascendió en su trabajo y conseguimos algún respiro económico. E incluso anímicamente nuestra familia estaba mejor, y con mis amigos empezaba a despertarme curiosidad la música de la época y el ritmo en general. Entonces todo se fue al traste a los 16 años, mi madre después de su larga convalecencia se despedía de este mundo, provocando que mi padre entrara en una profunda depresión que mitigo con su total apego a su trabajo y un desarraigo total con la familia. Los mellizos crecían por mis atenciones, y a pesar de los problemas salimos más o menos adelante. Mientras tanto ya iba a una pequeña academia de baile y aprendí un arte marcial relacionado con el baile, la capoeira, que me libraría de ciertos problemas con jóvenes radicales de la zona. Bueno, después proseguí mis estudios y gracias a una beca conseguida en la academia conseguí meterme en un buen conservatorio, donde aprendi varios tipos de baile, aunque mi preferencia es el baile moderno(las mallas me sientan mal). Mi padre no dejaba de trabajar y simplemente pasaba de nuestras elecciones. La verdad es que parecía un muerto viviente, y pasaba solo de vez en cuando por la casa para dormir y poco más.

Los mellizos siguieron cada uno por su camino, y uno se puso a trabajar en un taller y otro siguió en la universidad para dedicarse a la enseñanza. Y finalmente me cogieron en un teatro y soy bailarín, eso si todavía secundario, pero conseguiré llegar a los más alto.

En cuanto a mi vida amorosa, a pesar de pequeños deslices con la sexualidad inherente, incluso algunos tonteos con la homosexualidad, poco se puede decir de mis parejas; terminaban por decirme que era un aburrido por estar tan atento a mi familia. Y hasta el día de hoy no he tenido pareja estable, por lo que decidí que lo mejor para sería mantener relaciones esporádicas y centrarme en otras cosas. Hay que reconocer que mi iniciación con el sexo bello no fue del todo convencional; fue poco después del entierro de mi madre, con una de sus amigas, de la que se podía decir que la edad lo único que había conseguido era mejorar lo ya establecido, aunque todo hay que reconocerlo, no era el mejor momento. Pero mis hormonas me pudieron y la mujer, que estaba sola en la vida, deseaba un hombre que le complaciera. Repetimos varias veces la experiencia, pero finalmente termine sintiéndome extraño y lo dejamos tan rápido como había comenzado.

La verdad es que no queda mucho por decir, vivo en un pequeño piso que me costéo con mi trabajillo en el teatro, sigo practicando el capoeira más de lo que me gustaría, pues sigue habiendo gente ignorante por el barrio. Ahora estoy en visos de un posible ascenso, y mi vida amorosa sigue tranquila en el frente excepto por una vecina muy simpática que tengo. Tiene 5 años menos que yo, pelirroja , con una mirada inocente que podría derretir al corazón más cruel. Y unas curvas de escándalo, a pesar de que ella siempre se viste de forma muy comedida.Y todo eso acompañado de una personalidad bellisima, que estoy explorando. Pero voy poco a poco, no me gustaría fastidiarlo antes de tiempo. En cuanto a mi familia sigo en contacto, aunque mi padre sigue con su actitud, lo he dejado por imposible, por mucho que me duela.
En cuanto a mi futuro, desearía ser una gran estrella y formar una familia. La verdad es que soy un hombre que vive el presente y el futuro lo veo como algo muy lejano.

En cuanto a mi apariencia he salido a mi padre al menos en apariencia física en cuanto a carácter me parezco mucho más a mi madre(al menos cuanto conoci de ella) Soy afroamericano, aunque mis rasgos estan suavizados por la sangre latina de mi madre, me encanta vestirme informal, lo que marca mi musculatura, que no es excesiva lo que me permite seguir agil para el baile, y ser atractivo para las mujeres, mi lista de “amigas es larga gracias a ello y a mi labia .Suelo llevar el pelo en rastas recogido en una coleta, para que no me moleste durante mis sesiones de baile.
Avatar de usuario
SamuelVimes
 
Mensajes: 1213
Registrado: Jue, 09 Ago 2007 13:33
Ubicación: En algun lugar de la mancha...

Re: El ombligo del mundo [Creación de Personajes]

Notapor Adisabeba » Mie, 20 Feb 2008 13:12

[Sarah D. Abshire]

Me llamo Sarah D. Abshire. Sarah por la Sarah de la Biblia ¿sabéis quien digo? La esposa de Abraham. La idea fue de mi abuela Claire, ya que yo fui una especie de niña milaro. Los médicos le habían asegurado a mi madre que no podría tener hijos por culpa de una infección uterina que había tenido siendo niña; y, sin embargo, a los 5 años de matrimonio, y tras dos abortos y un embarazo complicado que mantuvo a mi madre en cama prácticamente durante los nueve meses, el 22 de Mayo de 1991 nací yo, un bebe regordete y rubicundo, que se convertiría en el centro de su Universo.

Supongo que es por ello que mamá siempre anda demasiado pendiente de que no me haga daño, de que no me ponga enferma, de que nada me afecte. Cuando era más pequeña, hasta resultaba divertido verla preocuparse porque bajaba por la barandilla de la escalera y podía descalabrarme o intentar salir de casa en plena nevada sin guantes, solo por verla perder los nervios y obligar a Maggie a buscarlos por toda la casa… Pero ahora ya soy mayor, tengo 16 años, y verla preocuparse hasta de si llevo medias lo bastante gruesas, resulta asfixiante. Papá dice que debería ser más comprensiva con ella, que mamá sólo trata de evitarme todo el dolor que ella sufrió cuando era pequeña y que no debería ser tan juguetona con ella. Yo digo que, para contadas ocasiones en que me hace caso, es mejor aprovecharlas.

Papá es psiquiatra infantil. Trabaja cerca de casa, en un despacho enorme con vistas al parque que no dista más de tres calles de nuestro apartamento de Park Avenue. Se dedica a tratar a los hijos de los yuppies de Wall Street, que no tienen demasiado tiempo para sus familias. Y, cuando llega a casa, da la impresión de olvidar que yo no soy un paciente, sinó su hija. A veces, agradecería que me preguntara qué tal la escuela, qué tal mi vida o que, simplemente, se sentara conmigo a ver una película por la noche. Pero solo se dedica a cuestionar cada decisión que tomo, instruyéndome sobre el por qué de mis decisiones, como si no me pertenecieran y solo formaran parte de una especie de patrón que sigo sin darme cuenta. Hace que me sienta como si fuera un número de expediente, más que una persona.

Menos mal que, en casa, están Styles y Maggie. Styles viene a ser una especie de asistente para todo… Mamá no quiere llamarle mayordomo porque dice que eso es de estúpidos ingleses estirados y que nosotros somos demócratas americanos, así que tenemos "asistentes" y no criados. En cualquier caso, Styles lleva en casa desde que tengo memoria. Debe rondar los cuarenta y muchos y no está nada mal. Es mi mejor amigo. A parte de a Rebecca, es a la única persona a la que le cuento lo que me pasa; es el único que me escucha con una paciencia infinita y siempre, siempre, sabe decirme lo que necesito oír. Es mi ángel de la guarda.

El cuarto pilar en casa es Maggie, que se ocupa de que todo esté en su sitio, de que papá no tenga motivos para gritar y mamá ninguno para llorar. No sé qué haríamos sin ella, aunque, a veces, es creo que se pasa de sargento.

Fuera de casa, mi mundo se reduce al instituto y al taller de literatura. Estoy en secundaria, en una especie de internado situado a las afueras de Long Island. Está formado por tres edificios señoriales: Uno es la residencia femenina, el otro la masculina y, el central, es el centro en sí mismo. A su alrededor hay jardines y canchas de baloncesto y béisbol, además del gimnasio y la piscina. Allí comparto habitación con Rebecca Masters, mi mejor amiga, mi alma gemela, la persona que mejor me conoce en este mundo, a parte de Styles, claro. Rebecca vive a dos calles de mi casa y nos conocemos de siempre. La gente se nos queda mirando extrañada porque no podríamos ser más distintas: mientras yo soy pequeña y más bien callada, ella es imponente, muy decidida y dicharachera. Los chicos suelen mirar a Rebecca más que a mí. Ojalá pudiera parecerme un poco más a ella…

Sobre el tema chicos poco hay que contar. No he tenido novio, ni siquiera me han besado y mucho menos pedido una cita. Cuando llegué al instituto, tuve un encontronazo con Brian Jenkins, el chico más popular de la clase; capitán del equipo de baloncesto, practica la natación y es un genio de las ciencias. Nos pusieron juntos en el laboratorio de Química y, solo allí me mira. El resto del tiempo actúa como si yo no estuviera. Y yo no dejo de mirarle, ni de pensar en él…

Cuando vuelvo a casa los jueves por la noche, tengo preparada una cena familiar que, siempre transcurre en silencio, roto solamente cuando mamá decide corregir hasta mi forma de masticar. Creo que no soy lo bastante buena para ella… de hecho, creo que no lo soy para nadie.

El viernes tengo taller de literatura. Me apunté a principio de curso para sumar méritos para el currículo. Mi sueño es ser periodista, corresponsal de guerra concretamente. Y sé que, para aspirar a los mejores puestos, hay que tener la mejor preparación. Y, la mejor preparación pasa por Boston y la Universidad de Harvard. Y para acceder a ella, no valen solo las notas. Así que busqué un curso de literatura avanzada y me matriculé el pasado otoño.

Las clases tienen una parte de taller de lectura, una parte de creación literaria y otra de historia de literatura. El profesor es Richard Bennet, un escritor medianamente famoso del que yo había leído algunos escritos. Lo que no imaginaba es que fuera tan increíblemente guapo…. Y eso que debe llevarme más de 20 años! Dios, es tan inteligente y tan brillante.. Y, no sé si son imaginaciones mías, pero creo que sigue con la mirada cuando cree que no me doy cuenta.

Rebecca dice que los cuarentones tienen morbo y que debería lanzarme. Está loca! Qué va a ver Richard Bennet en alguien como yo?
Grandes diálogos de la historia:
Mirumoto Sato: ¡No puedes traducir 'Might' por poder!
Adisabeba: Por poder, puedo
Frase del mes: Yo no soy especial por lo que hago, soy especial por lo que soy - Sera "La Humildad Hecha Hombre"
Avatar de usuario
Adisabeba
 
Mensajes: 951
Registrado: Dom, 23 Dic 2007 23:53
Ubicación: La Torre de Atrás

Re: El ombligo del mundo [Creación de Personajes]

Notapor Falsworth » Lun, 13 Oct 2008 20:55

Thomas Habermeyer

Thomas Habermeyer, de familia acomodada, creció en Washington. Su padre, nieto de inmigrantes alemanes, era congresista y su madre, heredera de una gran fortuna petrolifica, regentaba una cadena de tiendas de moda en el centro de la ciudad como hobby. Tiene una hermana menor, Sarah, con la que es sumamente protector, ella, aunque todavía lo ignora, no tuvo pareja formal hasta los veinte años por la sistemática y eficaz política antimoscones de su hermano. Sus padres fueron grandes amantes de la cultura; música y pintura principalmente, aficiones que le fueron transmitidas. En su casa era habitual que artistas fueran invitados a cenar o a banquetes y era, en si misma, un pequeño museo. Nació un 25 de agosto y tiene 39 años.
Fue siempre a colegios públicos, según su padre para predicar con el ejemplo a pesar de tener una situación económica realmente desahogada. Siempre miró a sus compañeros de clase como inferiores y apenas tuvo amigos. Era un estudiante aplicado, metódico, pasaba gran parte del tiempo de las tarde de su niñez estudiando, con su mente puesta implacablemente en su objetivo, ser agente del FBI. No obstante nunca fue un estudiante brillante excepto, quizá en deportes. Fue miembro destacado del equipo de atletismo y alguno de sus records todavía siguen imbatidos. El ambiente de casa estaba siempre regido por normativas y reglas, hora de comer, cenar, estudiar ver la tele, que su madre les imponía en unos gráficos semanales con colores. Sus tareas a su vez estaban siempre marcadas y delimitadas y el se sentía cómodo en ellas. Se podría decir que tuvo una infancia que recuerda como feliz. Solo conoció a dos de sus abuelos, los de su padre, con ellos paso los momentos más felices de su infancia en su casa cerca del lago los veranos. Era su escape, se pasaba los días correteando en calzoncillos con niños de casas cercanas, era muy diferente este comportamiento con el que tenia con sus compañeros de clase. En casa de sus abuelos si era capaz de relacionarse abiertamente con los demás.

No fue un niño gamberro pero si vengativo, pronto descubrió que necesitaba ser respetado en el colegio y se valió de su gran corpulencia para atajar de raíz pequeñas bromas de sus compañeros.

Su primera relación sexual la tuvo en el instituto, a los 16 años. En aquellos tiempos tenia una medio novia, la chica más popular, principalmente como marketing estudiantil. Pero su primera experiencia no fue con ella, fue con Nancy, una chica entrada en kilos de madre blanca y padre negro. Siempre se habia sentido vergonzosamente atraído por ella y un casual trabajo de ciencias les obligó a pasar mucho tiempo junto. La tensión sexual explotó en casa de ella. Cuando regresó a su casa se sentía tan avergonzado no fue capaz de salir del coche, se quedó sentado durante horas a oscuras en su garaje, escuchando viejos clásicos de la radio que los anticuados altavoces deformaban hasta hacerlos prácticamente irreconocibles. Después, encendió el coche de nuevo, habia tomado una decisión. Salió de su casa y condujo en la noche tan rápido como pudo, al llegar a casa de ella hizo luces en la ventana de su cuarto hasta que salió. En cuanto la tuvo lo suficientemente cerca concentro su frustración en un brutal puñetazo que le partió el labio y un diente. Caída en el suelo todavía recibió una patada en las costillas, mientras lloraba desolada le hizo prometer que nunca contaría a nadie lo que habia sucedido.

Al acabar el instituto paso a la academia del FBI de Quántico. Aprobó todos sus exámenes y fue catalogado por sus profesores como: gran alumno sin llegar a ser brillante.


2. ¿Cuál es situación actual?


Actualmente vive en nueva yorK, tiene 40 años. Es agente del FBI. Vive en un pequeño apartamento de la zona alta de la ciudad. No tiene pareja estable aunque se siente atraído por Soon Yi, la joven encargada de relaciones internacionales que trabaja en sus oficinas y por Dyana, una divorciada de raza negra de 53 años que barre y friega la entrada del su bloque de apartamentos.

Thomas es puntilloso hasta limites de la paranoia, está obsesionado con el orden y la limpieza. Todo a de estar en su justo lugar en el orden apropiado. Ejemplo de este rasgo de su personalidad es su escrupulosidad al ordenar los alimentos en la nevera, cd en la estantería y como todos los cuadros de la casa están absolutamente alineados con el plano del alfeizar de la ventana más próxima. Siente debilidad por las galerías de arte y es un asiduo del metropolitan opera. Nunca suele cocinar en casa, le gusta probar nuevos restaurantes pero usualmente siempre va a los ya conocidos donde pide siempre los mismos platos.

Cuida mucho su imagen, pelo siempre corto y retocadas las platillas, a pesar de que se afeita a diario usualmente, especialmente por las tardes, se entreve ya los puntos de la barba pues crecen a vertiginosa velocidad. Viste siempre de traje, incluso en casa.

En el trato con los demás se muetra duro y puede llegar a resultar agresivo en cuanto a trato, odia que le lleven la contraria. Suele ser arrogante, clasista y altivo.
Avatar de usuario
Falsworth
 
Mensajes: 655
Registrado: Lun, 16 Abr 2007 8:46

Re: El ombligo del mundo [Creación de Personajes]

Notapor Darth » Vie, 14 Nov 2008 14:48

RODRIGO ESLAVA

Estaba apoyado sobre la barandilla que daba al río. Miraba hacia abajo y sus ojos contemplaban el suave discurrir de la corriente. A la cabeza le venía la estrofa de una canción que decía: “…Pasamos buenos ratos, echando pan a los patos…” Pero allí no había patos. Ni pan que echarles.
Llevaba un rato dejando que su mente se evadiera y esta, lo que había hecho, era tirar de memoria. Dicen que hay un momento justo antes de morir en que tu vida pasa ante tus ojos a toda velocidad.
Rodrigo estaba vivo y muy vivo –o al menos eso creía-. Pero aquel torrente de agua parecía haber arrastrado todas las “fotos” de su memoria a su conciencia y ahora se encontraba reviviendo instantes pretéritos distraídamente como si estuviera en la antesala de la muerte.
No recordaba nada especialmente notorio de su infancia, así que podía calificarla como feliz: Familia acomodada, amantes padres, abuelitas, abuelitos, tíos, primos… Un entorno apacible y positivo para un desarrollo armónico.
Un niño callado aunque no taciturno, con un enorme mundo interior por explorar. Un niño “bueno” que comía y dormía bien y que día a día daba a sus padres la satisfacción de crecer fuerte y sano…
Un adolescente con inquietudes, estudioso, aficionado al dibujo y que ya empezaba a dar muestras de soñador e idealista empedernido…
Pero ¡ayyy…! No se puede vivir eternamente en una burbuja de perfección aislada del mundo exterior, y los quince, supusieron un cambio radical en su vida: Aquel año entró en un internado masculino y se apuntó a hacer deporte. Conoció nuevos amigos y durante muchos meses al año, estos constituyeron su familia. Aquel muchacho en principio tímido y callado se abrió al mundo y aunque este no le trató mal, si se encargó de darle algunas bofetadas que le enseñaron la parte cruel de la vida: Supo que jamás llegaría a ser una estrella del deporte, ni el chico más popular del internado. Ni siquiera el que más dinero tuviera o el más guapo o el que mejores notas sacaba. Siempre había alguien que lo hacía mejor.
De aquella época le viene la conclusión que era como el pato de la fábula: Sabía andar, nadar y volar como muy pocos animales, pero ni andaba con la gracia de un tigre, ni nadaba con la eficacia del pez, ni volaba con la elegancia del águila. Como otros dicen: “Quien mucho abarca, poco aprieta”. Y esa era la forma de ser de Rodrigo: Se apuntaba con entusiasmo a cualquier nueva iniciativa que le atrajera, pero era complicado que pudiera acabarla si no le llenaba plenamente.
Acabó sus estudios sin problemas, pues era buen estudiante y, como decía su madre, “Se leía hasta las recetas de los medicamentos”. Esa voracidad lectora le dio una cultura que hacía odioso jugar con él al Trivial y que se ganara la fama de sabidillo al corregir a sus amigos los refranes, dichos y frases hechas que ellos decían mal y que a él le ponía un poco nervioso oír.
Los años de internado sin embargo, le dejaron una pequeña secuela: Acostumbrado a convivir solo con gente de su mismo género, las chicas le parecían marcianas: ¿Qué se podía hacer divertido con un ser humano al que no le gustaba jugar al fútbol o beber cerveza? Fue una dura época de casi cinco años en la que tuvieron que convivir la frustración de sus deseos respecto al sexo opuesto con un cierto éxito en el resto de los campos de su existencia.
Inició sus estudios de antropología, arqueología, filosofía… Todos eran poco para su capacidad, si bien lo que siempre prefirió, fueron las ciencias “humanas”... Pero también leía de cosas mundanas: Las revistas femeninas de la peluquería, y sus primeros contactos con amigas de sus amigos sobre todo, le fueron instruyendo sobre la forma de ser y pensar del sexo opuesto.
Finalmente, frisando la veintena, apareció Verónica. Le sorprendió que le diera el “sí” acostumbrado como estaba al “no”. Fue una bonita época: La imaginación de ella, su vitalidad, su optimismo… eran desbordantes y pasaron unos años juntos maravillosos.
Fue un día paseando por el Retiro, un famoso parque de su ciudad, Madrid, que ella se empeño en que una adivina les predijera el futuro. Para nada creía en esas paparruchas, pero por complacerla aceptó.
Los ojos de aquella anciana, vivarachos e incisivos, negros como carbones plantados en medio de una cara surcada de arrugas y sobre una sonrisa que se le antojó malévola, se clavaron en él cuando empezó a recitar como un melodioso salmo lo que a Rodrigo se le antojó una maldición:
“…Eres Acuario, símbolo de Aire, altruista y generoso aunque inconstante y veleidoso. Puedes entregarte en cuerpo y alma a tu pareja, pero sólo por un breve espacio de tiempo…”
Aquel juego estúpido, aquella idiotez a la que sin embargo ella parecía dar mucho crédito, envenenó la mente de Verónica y desde entonces nada volvió a ser lo mismo. La imaginación y la dulzura de ella, dejaron paso a la rutina y la frialdad y la relación degeneró hasta que cualquier excusa era buena para no quedar. De nada sirvió hablar y hablar durante horas… Finalmente ella le dijo: “Entiendo una relación de pareja como una inversión de futuro y desde el día en que nos lo leyeron, he pensado mucho en muchas cosas y creo que nuestra relación no tiene porvenir. Y además… He dejado de quererte”.
Aquella semejanza entre una relación y un plan de pensiones y la lapidaria frase del final, convencieron a Rodrigo de que lo suyo se había terminado.
¿Por qué negarlo? Lo pasó mal. Lo pasó fatal. No pensó en el suicidio porque su inteligencia acudió en su ayuda y le hizo ver que era una gilipollez dar la vida por alguien que no te quiere. Podía ser muy bonito hacerlo por alguien que te quiere, pero no por alguien que no.
Acabó sus estudios y comenzó a dar clases en un colegio mientras preparaba su doctorado en arqueología. En aquella época pudo por fin dar rienda suelta a su afición a viajar, hasta hacerse un viajero casi compulsivo. Cuando más monótonas se hacían las clases y la vida rutinaria, siempre surgía un viaje, al final del cual, siempre aparecía el deseo de volver a casa. Fueron incontables sus destinos y las expediciones a que se apuntó como investigador, aunque también había viajes de placer, en especial a la vieja Europa y en especial a París, ciudad que le hechizó desde su primer viaje.
Las largas horas de viaje y espera, hicieron que Rodrigo pasara la frontera y de ávido lector, pasara a convertirse en escritor: Ensayos y artículos profesionales, le comenzaron a dar un cierto renombre entre la profesión, aunque entre sus papeles y archivos en el portátil, dormían el sueño de los justos un par de novelas que aguardaban el momento de ver la luz al tiempo de ser terminadas… Pero nunca había tiempo para eso.
Tras el doloroso final de su relación con Verónica, Rodrigo había seguido madurando en su relación con el sexo opuesto, y ahora ya sus relaciones se planteaban muy de igual a igual y también en este campo, podía decirse que empezaba a conseguir cierto éxito, aunque evitando siempre acabar en un compromiso llamémosle “serio”.
Era difícil encontrar una mujer como Verónica. Acostumbrado a ella, encontrarse con una mujer que hablaba de “hacer esas cochinadas”, o con menos imaginación que un ladrillo, era sencillamente desalentador. Por supuesto, nunca ninguna de ellas se enteró de la verdad de aquello. Con unas mejor, con otras peor, nunca ninguna se acercó ni de lejos a Verónica, y él se limitaba a dar a cada una lo que deseaba, cumpliendo dignamente hasta la mañana siguiente en que, en ocasiones, algún número de teléfono, desaparecía de su listín para siempre.
Recién terminado su doctorado, y merced a su incipiente fama y sus viajes a París, surgió una oportunidad única para dar clases en la Universidad en la ciudad de la luz… Y no la desaprovechó. Se trasladó allí y desde hacía un año, daba clases como profesor agregado. Vivía bien y las clases le dejaban tiempo para escribir y viajar. Ahora, mientras se acercaba peligrosamente a la treintena, había aprendido a convivir con la soledad, a veces agradable como una sensual amante, a veces cruel y despiadada como una mujer despechada.
De vez en cuando –por qué negarlo- echaba a faltar una relación estable, quizás unos hijos… Pero siempre había quien le recordaba la comodidad de su estatus. Puede que Verónica hubiera sido la mujer de su vida… Pero si le hacía más caso a una adivina cuentista que a todos sus años juntos… En fin, que fue una pena.
Por cierto, al cabo del tiempo se enteró que ella se casó no mucho después de dejarle. Meses después, su marido se fugó con la chica que venía a limpiarles la casa. Su “inversión” al parecer, le salió rana.
Ahora estaba en una de esas épocas en que su vena viajera latía poderosamente. Acababan de terminar los exámenes del primer parcial, las Navidades estaban a la vuelta de la esquina y estaba sencillamente hastiado de problemas de alumnos, calificaciones, vigilar durante las pruebas… Y como si hubiera conminado las fuerzas del destino, la mañana anterior, llegó un correo electrónico al despacho del departamento. Venía de la Universidad de Columbia, en Nueva York y según parece, su fama había traspasado fronteras. Se iba a celebrar un congreso de antropología y había sido invitado a dar una conferencia sobre no sé qué tema, aunque un somero repaso mental de sus conocimientos sobre la materia, le llevó a la conclusión de que podría enrollarse varias horas hablando sobre ello pese a que le daban muy poco tiempo para preparar el tema sobre el que disertaría.
Era un hombre ligero de equipaje, así que no le costó mucho preparar la maleta cuando comprobó que el único vuelo disponible para cruzar el charco, salía esa misma noche del Charles de Gaulle… Y ahí estaba, recostado sobre la baranda del río, con su maleta y su inseparable portátil, haciendo tiempo para ir al aeropuerto tras cenar unos sándwiches. El entorno, desde luego, era mucho más agradable aquí que allí.
Los reflejos dorados sobre la superficie del Sena, se despidieron de él y desaparecieron al tiempo que el sol tras el horizonte y Rodrigo volvió de su ensimismamiento, levantó la vista y contempló como tantas otras veces, la serena belleza de la iglesia de Nôtre Dame mientras el “bateau” rodeaba la Cité por el brazo del río que discurría entre hombre e iglesia.
Empezaba a hacer frío y apetecía ir a algún lugar más cálido.
Cogió su equipaje, se giró y se dirigió a la cercana calle. Tras unos minutos, apareció un taxi libre al que detuvo.

-Aeropuerto Charles de Gaulle, si vous plait
Avatar de usuario
Darth
 
Mensajes: 11
Registrado: Vie, 14 Nov 2008 14:13

Siguiente

Volver a (NRM18) Un Tercio de tu Alma [Libido]

Quién está conectado

Usuarios navegando este foro: No hay usuarios registrados visitando el foro y 1 invitado

Powered by phpBB © phpBB Group