El lugar no era conocido, ni siquiera familiar.
La hierba era verde y extensa hasta dónde se perdía la vista, el cielo azul profundo y el sol de un gran naranja brillante arrojaba luz a los campos que se perdían en el horizonte y entregaba calor al rostro y al cuerpo. La ausencia de sonido fue lo que hizo despertar a los dos hombres.
Roy fue el primero en recordar lo sucedido, Dagmar retorciéndose de dolor entre sus brazos, un dispositivo en su cabeza que podría haberla matado y la certeza de que se había equivocado al intentar contarselo sin hacer caso a las preocupaciones de la muchacha. Quizás si era cierto que estaba programada para morir, ¿cuando supiera la verdad? Como fuese, ahora le estaban sacado las cosas de la cabeza y eso había provocado que, incapaz de soportarlo, se hubiese venido abajo y perdido el conocimiento. No resultaba agradable ver como hurgaban en el cerebro de alguien a quién amas.
Kevin abrió los ojos casi al mismo tiempo. Su mano fue directa al costado, a la herida, antes incluso de darse cuenta de que no estaba en el hospital. No había herida, no había sangre, no había tampoco dolor. Su recuerdo más cercano, la voz del médico queriendo coserle a punto de cruz el hígado. Y la muerte de una desconocida de la forma más cruel posible. Una mujer que había sustituido a Nancy y muerto en sus brazos. Una mujer negra.
¿Qué fue lo más extraño para los dos cuando sus miradas de encontraron? ¿Reconocerse o encontrarse ambos solos en aquel prado verde?
