Capítulo III: Nuevos Horizontes

Para recuperar lo que más se quiere, cualquier precio a pagar es pequeño; incluso la vida propia.

Director: Isildur
Jugadores: Helen, Setzer, Parpadee, Bolgran
Jugadores Reserva: Ninguno
Plazas Libres: 1
Periodicidad de los turnos: Semanal

Moderador: Isildur


Re: Capítulo III: Nuevos Horizontes

Notapor Atanvarno » Mie, 15 Mar 2017 20:30

Kaiken Matsumoto

S-Está bienS- Asentí, dando conformidad al trato.

Pedí que fuera preparándomelos que iba a por el dinero así que volví al barco y tomé las 100 monedas, y unas pocas más. A la vuelta, pagué al mercader y llevé las armaduras al barco con la ayuda de Hataki y uno de los marineros. Repartí las armaduras entre Gonta y sus marineros, reservando la más estrecha a Ahoime.

El boticario pareció quedarse desconcertado por la agresividad de mi regateo. Yo tampoco pensaba que fuera a descolocarse tan fácilmente. Quizás hubieran más parecidos entre éstas gentes con los rokuganeses con con los merenitas. Aunque mis primeros contactos con el mundo comercial fueron en Rokugán, cuando todavía era un zagal, donde de verdad me curtí fue en los mercados callejeros de Merenae. Allí las negociaciones eran realmente peliagudas, sobretodo con los mercaderes procedentes de la aún desconocida para mí Medinaat, y los duros gitanos merenitas.

Tras llegar a un acuerdo con el boticario, pagué por un tarro de remedio curativo y por dos bolsas de vigorizante.

-S¡Gracias! Si veo que funciona tan bien como dice, volveré a por muchas más S.- prometí- S ¿Cuánto tiempo aguantan antes de caducarse? S
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Re: Capítulo III: Nuevos Horizontes

Notapor Isildur » Sab, 18 Mar 2017 12:22

Kinko
Distrito Barrio Nuevo


Rikku y Haruno
25º día del mes de Akodo de 1186, Atardecer, Despejado

Los guardias escucharon las palabras de Haruno y se fijaron en los tiradores apostados en los muros, desviandose hacia allí.
Eso os dejó con la obligación de acabar con los atacantes que todavía acechaban.

Hideo volvió a tratar de acertar a Rikku, pero su espadazo volvió a ser detenido por tus férreas defensas.
Tomiko escuchó como revelabas la identidad secreta de su prometido, y no pudo reprimir ponerse las manos en la cara como muestra de su sorpresa.
¡¿Cómo has podido?! recriminó la Yasuki a Hideo.

Este, enzarzado en el combate apenas respondió.
¡No sabes nada! ¡Era necesario! replicó el furibundo Doji.

Mientras, los insistentes espadachines se encontraron de nuevo con la certeza del Shōgun, quien dejó un cuerpo más al suelo y a otro malherido.
Sakura remató al tipo que había herido antes, y ya sólo quedaban cuatro.
Uno de ellos atacó a la Shinjo, que esquivó de nuevo el ataque, demostrando sus grandes reflejos.
También fue atacado Haruno, quien protegió al Shōgun y evitó que le hirieran de nuevo.
El impacto fue doloroso, dejando un profundo corte en su antebrazo.
Haruno: 21 -6: 15 PD, 32 totales, -10 acciones


También Dogu fue agredido por los dos tipos que quedaban, que posiblemente se fijaron en las bajas defensas del Hida.
Dogu: 6 (uso Vacío) y 6: 12 PD, 37 totales, -10 acciones


El Hida gruñó enfurecido y con su tetsubo se llevó por delante a uno de los maleantes.
Los tiradores dispararon de nuevo, hiriendo otra vez al Shōgun, quien trastabilló pero se libró del otro disparo gracias a la protección de Haruno.

Con la guardia corriendo hacia ellos y con sus arcabuces descargados, los asaltantes del muro saltaron al jardín para proteger a su jefe, quien parecía tener más dificultades de las previstas.
El enfurecido Grulla volvió a intentar atacarte en su enésimo intento, pero no logró acertar. Su habitual técnica se veía afectada por su estado de ánimo, aunque notabas que cada vez más te resultaría más difícil aguantar.

No obstante, Dogu llegaba a la carrera, tras ver como el Shōgun y la habilidosa Shinjo terminaban con los últimos asaltantes.
Más guardias se acercaban, y de algún modo Hideo vió como su derrota se había consumado.
¡Por tu culpa! gritó enfurecido, tirando al suelo su katana con rabia.

¡¿Cómo pusiste secuestrar a tu prometida, qué clase de loco eres?! exigió saber Tomiko.

¡No sabes nada! ¡No sabes por todo lo que he tenido que pasar!
Cuando llegué a esta ciudad para cuidar de los negocios familiares, supe que nuestra familia estaba ahogada por las deudas.
Mi padre lo había estado ocultando durante largo tiempo, tratando de evitar que la vergüenza cayera sobre nosotros.
Y pensó en que al casarme con una mujer adinerada como tú solucionaría las cosas.

Pero en esta ciudad nadie perdona nada. Los prestamistas con los que había hecho negocios mi padre querían su dinero, y lo querían ya. La única opción era vender nuestra casa en Takamichi.
Mi padre estaba resignado a ello, pero no pude aceptar semejante vergüenza.
No... busqué la manera de recaudar dinero rápidamente. Primero creando una banda, con la que dimos numerosos golpes.
Conseguimos dinero, pero sabía que podía conseguir más aún... si te secuestraba, sabía que tu padre pagaría lo que fuera necesario.
Todo iba bien, habría cobrado tu rescate y saneado todas las deudas familiares... ¡De no ser por este miserable!
te señaló enfurecido.

El Shōgun y la guardia se acercaban lentamente, mientras el Consejero Ikoma, notandose ya a salvo, tomó la palabra.
La vergüenza que has traído tú a tu familia con tus actos es infinitamente mayor a la que suponía las deudas.
¿Qué pretendías tomándome como objetivo?
preguntó el Ikoma.

El Doji bajó la vista, derrotado.
Hay peligros que acechan esta ciudad desde su interior. Peligros mucho mayores que las Arañas Rojas que yo creé.
Fracasado el secuestro, la única manera de saldar mis deudas era accediendo a la voluntad de los prestamistas.
Y ellos querían veros muerto...
dijo, con una cara abatida.

Los guardias arrestaron al Doji que apenas opuso resistencia.
Custodiadlo debidamente; hay mucho a lo que debe responder. dijo el Ikoma a los guardias. Luego se giró a Rikku.
Rikku-san, os debo la vida. Espero que os encontréis bien, todo lo sucedido hoy ha sido surrealista.
Tendréis noticias mías.
dijo, visiblemente agradecido.

Por su parte, el Shōgun llegó a donde estaba el Consejero León, y tras asegurarse de que estaba bien, se giró hacia Haruno y los que le habían ayudado.
No sé quienes sois, pero debo agradeceros vuestra ayuda. Lo ocurrido hoy aquí es vergonzoso. ¡Guardias, que atiendan a estos samurai! dijo en referencia a Haruno y Dogu, si bien los guardias parecían más preocupados por la salud del Shōgun, que andaba visiblemente herido.

Poco a poco la situación fue normalizandose, y los tiradores del muro cayeron muertos o arrestados. Al asegurarse el perímetro, se permitió a la gente que regresará a sus hogares, dejando los jardines del León prácticamente con sólo vosotros.

OR: +2 Gloria y +2 Estatus a los dos, y Rikku se lleva otros +2 de Gloria por ganar el torneo. Saludos!
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Re: Capítulo III: Nuevos Horizontes

Notapor Isildur » Sab, 18 Mar 2017 14:52

En los mares

Matsumoto
El herbolario te comentó que los polvos de Roca de Ouris podían mantener sus propiedades durante un año sin problemas.
Tras hacer las compras, repartiste las armaduras entre la tripulación.
Al principio fueron reacios algunos de ellos, pero poco a poco fueron entendiendo que era por su propio bien.
Además de que las armaduras Senpet apenas molestaban incluso a aquellos que no estaban acostumbrados a portar una.

Aohime rechazó la suya cuando fuiste a entregársela, insistiendo en que su estilo de lucha se desarrollaba mejor sin nada que le restara movilidad.

La Tormenta Negra zarpó por fin de las Tierras Senpet, tras casi dos semanas allí.
Ya debía hacer como dos meses que habíais salido de Rokugan.
Te preguntabas si el Tiburón estaría a salvo, si no habrían sucedido más maquinaciones de los socios del ya difunto Tenei.
Pero eso te quedaba muy lejos ahora.
El viaje debía seguir.

El Capitán Cornejo puso a trabajar a destajo a sus hombres, que parecían más motivados que nunca.
Trataba a los suyos de manera severa y no tenía problemas en llamar "señoritas" o "panda de vagos" a sus marineros, pero a la vez les daba una fuerte palmada en la espalda para felicitarlos y permitió que Hataki preparara un banquete a bordo para celebrar el éxito en las tierras de los Faraones.

Como había prometido el Capitán, el barco navegó cerca de la costa, pero lo suficientemente alejado como para coger bien los vientos.
Teodoro te consultaba a menudo por asuntos de Rokugan, y parecía tener gran interés en expandir allí sus negocios, a diferencia de Darío, enviado por la armada para descubrir el paradero de las armas de fuego robadas del polvorín real.

Durante el trayecto, Aohime trató de evitarte al principio, pero una noche que coincidisteis en cubierta, supiste que todo era porque le daba vergüenza que alguien se enterara de lo sucedido aquella noche.
Además de que en el barco había ojos en todas partes. Por lo menos, te dedicó una de sus sonrisas antes de regresar a su camarote.

Cornejo te pidió hablar con Harumi para consultar sobre el medallón. No las tenías todas de que no fuera una estratagema para intentar acercarse a ella, pero negarse tampoco hubiera beneficiado al ambiente a bordo.
Finalmente, usandote como intérprete (pese a que Teodoro había hecho increíbles avances con el rokuganés) llegó a hablar con la Komori, que le transmitió sus impresiones de cuando examinó el medallón.
Sea como fuera, Cornejo pareció darse por satisfecho por las explicaciones, si bien mostró preocupación; el medallón parecía tener ego propio, y buscaba la manera de manipular a algún portador quien sabe para que macabro propósito.

Una tormenta causó algunos daños a bordo, pero no hubo que lamentar bajas ni pérdidas de consideración; era como si Cornejo ya hubiera previsto su llegada.

Los días iban pasando, y los marineros Merenitas cada vez más animados al notarse cerca de su hogar.
Para tí también era una sensación especial regresar al lugar donde te curtiste durante largo tiempo.

Y así, al amanecer de la sexta semana desde la partida de Saleh, la costa Merenita se dibujaba ante vosotros.
La figura de un enorme puerto, con decenas de barcos arriba y abajo y la imponente silueta de una catedral te dieron a entender que habíais llegado a Baroma, principal puerto y ciudad del reino Merenita.
Una sonrisa se dibujó en tu rostro.

OR: Lo dejo así por si quieres comentar algo durante el trayecto. Saludos!
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Re: Capítulo III: Nuevos Horizontes

Notapor Atanvarno » Dom, 19 Mar 2017 12:49

Kaiken Matsumoto

Aclaré a mis marineros que las armaduras serían sólo para el combate pero que debían trabajar con ellas un día a la semana para avituarse a ellas, además de durante los entrenamientos marciales. Ahoime directamente la rechazó aludiendo que entorpecía su estilo de lucha. Le dije que le entendía pero que la batalla que les aguardaba iba aser muy diferente a todo lo que se ha enfrentado antes. Aquello no iba a ser una escaramuza y las armas de fuego se cruzarían. De todas maneras, si persistía en su decisión, no iba a insistirle más.

Aproveché el viaje para continuar escribiendo. Como ya la primera semana agoté el papel que tenía, pedí una resma o lo que pudiese prestarme, aunque fuera pergamino, al capitán Cornejo. Pero no todo iba a ser escribir ¡había que preparar una batalla! Todos los días reunía a mis hombres y hacíamos ejercicios físicos y sobretodo marciales, siempre con las armaduras puestas. Tenía especial interés en que los marineros aprendieran a pelear bien y se entrenaron con los parangu y los cuchillos. Los Kaiken seguimos puliendo nuestras técnicas y además entrenaba habitualmente con Ahmut para aprender sus esquivos movimientos.

Un día me reuní con Hamis junto al tonel de manzanas que había junto a la escalera del puente.

- Hamis, amigo mío. Ahora, con el oro que has ganado y el favor de la faraona supongo que tendrás tus planes para cuando volvamos. Sin embargo deseo de todo corazón que me acompañaseis a Rokugán y te unieras a nosotros, a mi tripulación. Allí podrías establecer una residencia y fundar una familia.

La verdad es que, mientras le hablaba, una cierta congoja se asomó en mi pecho preguntándome si éste seguiría en pie. Al fin y al cabo apenas eran un puñado insignificante de samuráis. ¿Tendría Tenei la suficiente influencia como para movilizar una venganza contra ellos? En parte dudaba que realmente eso fuera así pues se demostró que Tenei no era más que un mensajero, una pieza. Ello me alertó más pues si había alguien más poderoso detrás, que lo había, quizás no dudase en vengar no a Tenei sino al fracaso de su misión. Sea como fuere, ahora nuestro clan tenía aliados y mi Señor y sus samuráis eran lo suficientemente duros y listos para dejarse aniquilar fácilmente.

Otro día, por la noche, finalmente pude coincidir con Ahoime en la cubierta a solas, aunque las Daidoji nos observaban a cierta distancia, esas malditas Daidoji... Comprendí sus temores, que en parte los suponía (aunque también me crearan otros temores...), y le tranquilicé diciendo que lo comprendía perfectamente y que por ello yo también había respetado las distancias. De todas maneras, le advertí que si mantenían las distancias más que antes alguien podría sospechar que pasa algo entre nosotros... por lo que convenía restablecer el contacto un poco más a menudo. Su genuina sonrisa, antes de darse la vuelta y marcharse, me derritió.

Todas las noches recordaba aquella noche... Le echaba de menos. apenas habíamos hablado desde aquello y me causaba desasosiego. Al menos la breve charla de la otra noche me tranquilizó pero no podía evitar echarla de menos. Así que le escribí una carta en la que simplemente le decía: "Te echo de menos". Enrollé la hoja, la sellé y pedí a Hamis, como favor, que se la entregara a Ahoime pero que no le dijera de quien provenía.

En otra ocasión fue con la shujenja Harumi con quien me topé a solas. Ella estaba en la popa, meditabunda, observando el horizonte que abandonábamos junto a la herida espumosa que surcaba el navío en el mar y se cerraba como ella misma cerraba las heridas. Me acerqué, haciendo el ruido suficiente como para no sorprenderle groseramente, y me puse a su lado.

- Cada vez estamos más cerca de Merenae. Hace ya casi tres años que lo abandoné y, con todo lo que ha ocurrido desde entonces, aún así siento que fue ayer. Me resulta tan extraño viajar con vosotros hasta allí, con éstas ropas- dije, estirando las solapas del kimono turquesa, del mon Kaiken-. Cuando me fui de allí no era más que un ronin... Harumi-sama- dije, mirándole a los ojos- Merenae será para vos un país fascinante pero deberéis mantener mucha cautela, mucha mayor que en el país Senpet.

-Allí hay una religión con un solo dios, al que le asisten otros seres divinos llamados ángeles, aunque no son considerados dioses, y los santos. Aunque hay distintas sectas, no se toleran entre ellas y algunas han llegado incluso a desaparecer, proclamadas heréticas. Cualquier manifestación considerada mágica es punible con pena capital a su responsable, así que no podrá conjurar nada mientras esté allí. Hay unos sacerdotes, los inquisidores, que tienen buen ojo para detectar la magia y si fuese vos denunciada por brujería sería ejecutada.

Sus ojos profundos contradijeron a mi corazón, estremeciéndose. Me encantaba tener conmigo a Harumi e incluso deseaba tener más proximidad (ustedes me entienden...), pero aquello no era posible.

En otra ocasión, el capitán Cornejo me requirió una charla con Harumi para hablar del medallón. Por un lado no pude evitar ser suspicaz pero por otro era normal que Teodoro quisiese saber más del medallón, de su poder mágico, y hacer algo al respecto. No podíamos tomar una decisión respecto al medallón sin haber consultado a la shujenja. Harumi fue clara al respecto y Teodoro pareció sumirse en la preocupación, si bien pareció satisfecho.
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Re: Capítulo III: Nuevos Horizontes

Notapor Shukei » Lun, 20 Mar 2017 19:02

HARUNO

Haruno se antepuso a un asaltante. El ronin consiguió desviar el golpe hacia el Shogún con su propio cuerpo, interponiendo su brazo al Shogún sin precaución alguna. Solo pudo preparar el cuerpo y la mente ante el inminente golpe (Vacío -10 daño). El arma destrozó la pétrea armadura del shugenja, además de arrancarle un alarido de dolor. Pero Haruno se mantuvo firme y continuó su defensa del Shogún, solo permitiendo que un disparo atravesase su defensa. El Ronin solo podía esperar que los guardias acabasen rápido con la amenaza mientras protegía, y aun tenía suficiente aguante para hacer honor a su familia y a su padre.

Así que una deuda económica... conjeturó el shugenja mientras oía el extraño debate. Solo cuando el Shogún se tornó hacia él y Sakura, fue Haruno capaz de recordar donde estaban y a que habían venido.

Shogún-sama! Exclamó Haruno tratando de llamar su atención antes de que se fuera, adelantándose a Sakura. Como le había exclamado tras haber sido despedido, el samurai se postró hacia el Shogún esperando a ser permitido hablar. Por favor permitidnos un minuto de vuestro tiempo.

El estado del ronin era duro. Estaba claramente herido. La sangre se resbalaba por su brazo conforme la armadura que había invocado se convertía en polvo y desaparecía. El sudor perlaba su frente. Su petición, tras haber protegido al Shogún, era lo mínimo que podía concederle.
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Re: Capítulo III: Nuevos Horizontes

Notapor Isildur » Mar, 21 Mar 2017 13:27

En los mares

Matsumoto
Con Hamis
El mulato contestó con la mirada perdida en el horizonte.
(S)Me halaga vuestra oferta, Señor Matsumoto. De vuestro país sólo conozco aquella remota playa en la que fuimos retenidos por los soldados de verde...
Sería para mí todo un placer poder ver las tierras de Rokugan. Pero, si no os importa, me gustaría que me dierais un tiempo antes de responder definitivamente a vuestra propuesta.
explicó, con cierta melancolía en su tono.

Con Harumi
Tus explicaciones causaron que la shugenja enarcara una de sus cejas, visiblemente sorprendida.
Vaya... No comprendo por qué perseguir a aquellos que usan la magia para hacer el bien.
Pero supongo que ellos tampoco comprenderían nuestra permisividad.
Gracias por vuestro aviso, Matsumoto-san.
respondió con una leve reverencia.

Hizo ademán de marcharse, pero se detuvo de improviso.
¿Se encuentra bien Aohime-san? Desde que retomamos el viaje por mar, que parece ausente... preguntó inocentemente, si bien intuías que sabía algo más.
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Re: Capítulo III: Nuevos Horizontes

Notapor Atanvarno » Mie, 22 Mar 2017 0:50

Kaiken Matsumoto

Con Hamis
Al ver el arrebato de melancolía del negro enseguida supe de que se trataba y me maldije de no haber reparado en ello antes y haber sido tan poco sensible al respecto. Apoyé mi mano en su hombro, en gesto de apoyo y camaradería. En Rokugán no se hubiese apreciado en absoluto.

- S Lo siento amigo. No pretendía decir que olvidases a tu familia y gente, de hecho desearía que, de unirte a mí, les trajeses contigo... aunque quizás no sea tan fácil. Si deseas volver y quedarte en tu tierra lo comprendo perfectamente. Piénsalo con tranquilidad.S

Con Harumi

Por fin, o eso pensaba, se había confirmado mi sospecha de que algo habría observado Harumi respecto a mi relación con Ahoime y ahora había encontrado el pretexto para ver que podía sonsacarme. Pero si algo sabe hacer un ronin, o uno que se crió como tal, es disimular cuando las cosas se ponen demasiado interesantes. En éste caso, el carácter de Ahoime facilitaba las cosas.

- Creo que sí. Es posible que se acuerde de su familia, su tierra, y la eche de menos y de ahí su melancolía. Por otro lado es de carácter introvertido y quizás simplemente necesite estar sola. Tanto tiempo con la misma gente todo el tiempo a veces crea tensiones o éste tipo de cosas.

De todas formas le vigilaré, por si acaso.


Razoné, con filosofía.
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Re: Capítulo III: Nuevos Horizontes

Notapor Isildur » Jue, 23 Mar 2017 5:36

Kinko
Distrito Barrio Nuevo


Haruno
25º día del mes de Akodo de 1186, Noche, Despejado

El Shōgun se detuvo ante la petición de Haruno.
Tras lo que habéis hecho por ayudarme, no voy a negaros ese tiempo. Pero será mejor que antes seáis atendido.
Os aguardaré en mis aposentos en el mismo Shihai Goten.
insistió, y aunque tu eras menos escrupuloso, hablar con alguien sangrando no era muy agradable.

Los médicos no tardaron en llegar, mientras el Shōgun entraba al interior del Palacio León.
Sin muchas ceremonias, limpiaron y trataron tus heridas, aplicando un firme vendaje tanto en el brazo como en el torso.
También (probablemente habrían recibido instrucciones) os proporcionaron un kimono nuevo, pues era altamente grosero acudir a una audiencia con el Shōgun manchado de sangre.

La noche estaba ya entrando cuando llegaste acompañado de Sakura a la tercera planta del Palacio, donde los León habían dejado toda la planta para hospedar al Shōgun.
Kaneka Takuya también llevaba un kimono limpio, de color dorado totalmente, con un obi negro. Si te fijabas bien, en el kimono había estampada la figura de un tigre, en un tono más amarillento.

Os hizo un gesto para que tomarais asiento frente a él, en unos cojines que ya deberían haber preparado.
En el ventanal del fondo, la luna llena relucía en el cielo, iluminando tenuemente los enormes jardines.
¿Y bien? ¿Qué es aquello tan importante que debéis decirme? Empezando por el principio, tampoco se vuestros nombres... dijo, de manera algo arrogante.

Sakura se inclinó hasta tocar el suelo con su frente.
Muchísimas gracias por habernos recibido, Shōgun-sama. Mi nombre es Shinjo Sakura y he venido desde las Arenas Ardientes con el único objetivo de preveniros. explicó.

¿Qué se supone que hacías en un lugar como las Arenas Ardientes? ¡¿Acaso eres una de esas exiliadas, que dieron la espalda al Portador de la Verdad?! dijo el Shōgun, visiblemente irritado.

No tuve elección en cuanto a mi exilio; aún no había cumplido mi gempuku y sólo pude obedecer la voluntad de mis padres.
Si estaban equivocados o no en su decisión es algo que esperó descubrir por mí misma ahora que he tenido la oportunidad de regresar a Rokugan.
explicó la Shinjo con convicción.

Takuya hizo una mueca de resignación y calmó su semblante.
Cuenta entonces que es lo que has venido a prevenirme... dijo el Shōgun.

Creo... o mejor dicho, creemos los exiliados que Rokugan corre peligro. Algo avanza por las Arenas Ardientes, una fuerza que aniquila todo a su paso.
Exploradores de mi familia han encontrado tribus de Ujik-hai desbastadas, incluso de otras comunidades del desierto.
Creemos que se trata de un ejército, de origen y composición desconocidos, pero de colosales dimensiones.

Si sigue su actual rumbo, no tardará en llegar a la Capital de las Arenas Ardientes, Medinaat al-Salaam. Y tras ello, no quedará nada que le impida llegar a Rokugan.
explicó Sakura con un tono serio.

El Shōgun puso cara de circunstancias.
Muy interesante... ¿Habéis viajado durante semanas sólo para explicarme esto? ¿O se supone que esperáis que actúe de algún modo? dijo el Kaneka.

Si el enemigo del que os he hablado llegara ahora a Rokugan, sería una amenaza difícilmente superable. Han habido grandes conflictos los últimos años, con heridas aún por cicatrizar.
Y Rokugan se encuentra dividido, haciéndolo vulnerable a una amenaza externa.
razonó Sakura.

Estás olvidando la Legión de la Verdad, equipados con armas de fuego.
Pero aún y siendo cierto que estamos en desventaja, ¿qué es lo que propones?
Has dicho que no sabes de la composición del ejército fantasma, ¿por qué debería preocuparme tanto?
preguntó Takuya.

Yo no, pero a estas alturas es posible si no probable que otros exploradores Shinjo tengan más información o incluso hayan visto al ejército en cuestión.
Lo que sí está claro, por la rápida y contundente destrucción que han causado, que son muchos y son peligrosos.

En primer lugar, creo que sería una buena idea enviar refuerzos a Medinaat al-Salaam. La ciudad está fortificada, y con una buena defensa podría hacer grandes daños al ejército enemigo.
Y en segundo lugar, tratar de unir todos los ejércitos de Rokugan bajo una misma bandera... por si logran seguir avanzando.
sugirió la Shinjo.

El Shōgun puso cara de sentirse ofendido.
¡Debes de estar bromeando! ¡¿Sugieres que envíe a mis hombres a defender una ciudad desconocida contra el ataque de un ejército del que no se sabe ni quién lo compone?!
¡Perdonaré tu atrevimiento porque me habéis ayudado ambos contra los conspiradores!
replicó el Kaneka visiblemente ofendido.

Sakura fue a protestar, pero bajó la cabeza entendiendo que no era buena idea.
El Shōgun se levantó y suspiró, mirando por los ventanales.
De todas formas... Si lo que cuentas fuera verdad, no sería muy inteligente quedarse sin hacer nada.
Por lo pronto, enviaré a un par de mis hombres de confianza para que comprueben lo que habéis dicho y me traigan informes más precisos. Tú serás su guía por las Arenas Ardientes.
dijo el Shōgun, como dándolo por hecho.

La Shinjo sólo pudo inclinar la cabeza en modo de agradecimiento.
Dame un par de días para que prepare a los hombres que te acompañarán. Y quizás tú también podrías ser de ayuda... añadió Takuya, mirándote.
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